martes, 3 de agosto de 2010

"Nuevas reglas del Método Sociológico" de Anthony Giddens Exposición de las Ideas del Capítulo I




Por Carlos Luján Andrade

Anthony Giddens, sociólogo británico, en la primera etapa de su pensamiento ocupó su investigación desarrollando el tema de la metodología sociológica indagando qué tanto más se puede analizar lo ya expuesto por Marx, Durheim y Weber. Es así que escribe uno de sus más representativos libros llamado “Las Nuevas Reglas del Método Sociológico”[1] publicado en 1976. En el presente artículo resumo las principales ideas desarrolladas en el primer capítulo de dicho texto.

Giddens, aborda las teorías sociológicas modernas que él considera las más representativas; remarcando que todas ellas poseen en apariencia una “desconcertante diversidad” pero que en realidad desarrollan temas comunes tales como los problemas del lenguaje y del significado en relación con la compresión interpretativa de la acción humana.

En dicha primera parte resalta la existencia de las teorías de “La Filosofía Hermenéutica”, “La Filosofía del Lenguaje Corriente” y “La Fenomenológica”, quedándose con esta última debido a que Alfred Schutz ha sido influenciado por las ideas sobre la fenomenología de Husserl. Luego, resalta el enlace entre las teorías de Schutz con Garfinkel, quién le debe a Shutz el sustento de muchos de sus postulados. También nos explica algunos alcances de Peter Winch, quien da una visión diferente a su propuesta considerando los trabajos de Wittgenstein en especial los “Philosophical Investigations”.


La fenomenología existencial: Alfred Schutz

Al iniciar la explicación del pensamiento de Alfred Schutz, Giddens hace un repaso de la idea central del que fuera la mayor influencia de Schutz: Husserl, dicho autor afirma que su intención principal es el de “establecer un esquema filosófico que trascendiera el conocimiento científico”[2] afirmando que lo objetivo carece de significado en cuanto la conciencia está dirigida hacia él. Es decir, que un concepto abstracto no puede ser identificado con algún objeto o evento específico debido a la incapacidad del hombre de observar los hechos sin tener en cuenta su propia interpretación de la realidad, es ahí que nos indica que existe una diferencia entre un “universal ideal” y sus “particularidades” concretas. Para Husserl, el “mundo en que se vive” y “la actitud natural” son considerados como “desechos” de los cuales el hombre se debe de deshacer para encontrar la fenomenología trascendental, solo así podrá interpretar el mundo histórico real. Uno de sus principales discípulos fue Alfred Schutz, él se aventuró a hacer de la fenomenología una propuesta para la interpretación sociológica, manteniendo una idea racionalista, sosteniendo que “la fenomenología podía y debía proveer la base a una ciencia perfectamente madura de la conducta humana”[3]. Por lo tanto, para Schutz el hombre es su “actitud natural” y no debía apartarse de ella siendo consciente de que su duda no interpreta más allá de lo que parece esa realidad, posición que le daba la vuelta a lo propuesto por Husserl. Aquello nos lleva a una segunda preocupación: el estudio de la “actitud natural” o “sentido común“ planteando una serie de opciones que cuestionaban lo afirmado por Weber, ya que este autor había realizado una serie de estudios donde explicaba que “al sostener que entendemos como observación directa al significado que una persona está haciendo al realizar un acto tal como cortar madera, ya es haberla interpretado, y se trata de un significado objetivo que permite colocar la conducta observada dentro de un amplio contexto de interpretación”[4]. Además existe otra critica a Weber en la cuál uno no puede asignar una significado a lo que estamos viviendo ya que somos parte de ese momento por lo que se considera falso “incluso decir que las experiencias son intrínsecamente significativas: sólo lo ya experimentado es significativo, no lo que se está experimentando”[5]. Luego, Schutz expone que se debe de distinguir la categorización reflexiva de los actos, o sea que identifiquemos el propósito de lo que el actor desea obtener, en consecuencia, la distinción debe ser entre un proyecto y una acción, donde el proyecto cuando ha sido alcanzado se convierte en una experiencia, es así que la acción sólo es una anticipación figurada del proyecto, más no su causa.

La “significatividad” es un punto importante dentro de la teoría de Schutz ya que él nos da una definición de lo que se puede observar en una acción en marcha como “el tema” y “el horizonte”, en donde el segundo es lo irrelevante para el actor y lo primero es lo que principalmente le preocupa al actor y es lo que va a ser evaluado subjetivamente.

Para comprender la conducta de los demás, Schutz nos dice que:

“...puede examinarse fenomenológicamente como un proceso de tipificación, por el cuál el actor aplica esquemas interpretativos aprendidos para captar los significados de los que lo realizan. La relación social central es la del otro directamente experimentado la “relación Nosotros”, y todas las otras nociones de formas sociales aplicadas por los actores de la vida diaria deriva de esta. En cualquier encuentro cara a cara, el actor trae a relación un acervo de “conocimiento a mano” o “comprensiones del sentido común” en función de lo cual tipifica a otro, puede calcular la probable respuesta de aquél a sus acciones y sostener una comunicación con él. Se da por supuesto que el “acervo de conocimiento” de un actor "es adecuado hasta nuevo aviso”; es “una totalidad de autoevidencias” que cambian de situación en situación, y son puestas de relieve en cualquier momento por un fondo de indeterminación” [6]

Pero lo que Schutz nos dice es que este “acervo de conocimientos” son realizados en forma pragmática, es decir que no obedecen a ningún sistema; por lo que si les preguntan cuál es el criterio que uno usa para interpretar a lo otros, va a ser de difícil explicación, es así que Schutz enfoca su atención en esas “relaciones de nosotros” y considera que mediante el análisis de estas se podrá esclarecer la significación de los contemporáneos y predecesores. Y él considera esto posible ya que nos plantea que los acervos de conocimiento se constituyen y operan” dentro de ámbitos finitos de significado” o “realidades múltiples” y que es normal que los actores se desplacen dentro de tales ámbitos. Ese traslado el actor lo vive como un choque entre mundos diferentes. Es así que Schutz nos plantea una idea importante y principal: que para los miembros legos de la sociedad, sus significatividades están conectadas con las tareas diarias y las del observador sociológico son puramente cognitivas o teóricas, es ahí donde Schutz nos dice que se debe establecer un método sociológico interpretativo, que consista en establecer construcciones teóricas de “modos típicos” de cada realidad que va a ser estudiada. Para lograr que la sociología interpretativa “pueda obtener una mayor clarificación posible de lo que piensan sobre le mundo social quienes viven en él”[7].

Schutz cree que este sistema debe estar construido de tal forma en que un acto humano -realizado siguiendo estos preceptos- sea comprendido por el actor mismo y sus congéneres.

Giddens, critica en el sentido que Schutz es incapaz de reconstruir la realidad social como un mundo-objeto ya que los problemas de la fenomenología de Husserl vuelven a tener relevancia ya que el mundo social es “mi mundo” y “…es, en esencial, sólo algo que depende de la intencionalidad operante de una ego conciencia y que aún está dentro de él”[8] es así que “lo que aparentemente era una relación entre yo mismo y uno de mis predecesores era en realidad una orientación unilateral de mi parte –hacia- otro”[9]

Un problema que Giddens encuentra en la posición de Schutz está en que las “construcciones típicas” sean comprendidas por el actor mismo en función de sus propios conceptos -que este autor menciona- para elaborar una teoría científica social. Esto no es del todo claro para Giddens ya que es difícil que los conceptos sociológicos puedan traducirse a otros porque “... los intereses, y en consecuencia los criterios que guían la formulación de los conceptos sociológicos son diferentes de los que entran en las nociones cotidianas”[10] .


La “etnometodologia”

En respuesta al “existencialismo fenomenológico” que estaba plagado de complejos términos técnicos y “nebulosa ansiedad moral” surge esta filosofía de “lenguaje ordinario” asociada a John Austin que con el tiempo estuvo en declive pero algunos científicos sociales la han retomado al volver a darle atención a sus postulados que asociándolo con lo que dejó la fenomenología han dado origen a la “etnometodología”.

Ahora, la fenomenología y la filosofía del lenguaje ordinario tienen una cuestión en común, en que ambas convergen en el estudio de la vida cotidiana, el mundo del lego en oposición al mundo científico y en el no desprecio por la “actitud natural”de la fenomenología, ya que esta es “un depósito de ideas y prácticas al que hay que recurrir para refutar algunos de los mismísimos errores y extravagancias de los filósofos anteriores”[11] y de la filosofía de Austin y Wittgenstein.

Harold Garfinkel, el principal ponente de la teoría etnometodológica tuvo a los postulados de Shutz como uno de sus estímulos para desarrollar sus ideas, más aún cuando Garfinkel analiza y trata de ampliar las ideas del sociólogo austriaco sobre la naturaleza de la racionalidad en la conducta social, sobre la diferencia de la “racionalidad de la ciencia “ y la “racionalidad del sentido común” o “ actitud natural”[12] y nos dice que la “acción motivada se explica en función de los criterios del observador que pueden ser y normalmente son, muy divergentes de los utilizados por los actores mismos al orientar su conducta”. Esto trae como consecuencia que amplias áreas de la actividad social humana aparezcan como “no racionales” y que las “acciones racionales” se consideren sólo como de “significación marginal”[13]. Es así que nos explica que existen varias racionalidades que se podrán aplicar cuando se interprete la conducta social; y estas racionalidades son más relevantes para la vida diaria que para las ciencias sociales. De tal manera que los tipos de realidades importantes para las ciencias sociales no lo son para los actores legos.

La actitud del científico social es opuesta a la del actor lego en el sentido de que el segundo intenta obtener una interpretación cierta del mundo, de que sea lo que parece para que la otra persona que interactúa con él la interprete de la misma manera o en forma parecida. En cambio para el primero, las cosas no son como parecen ser y de ahí que él no esté influido por las demandas pragmáticas de la actitud natural. De esta forma, las dos actitudes nos se mezclan, sino que se contraponen, representando un problema para aplicar el modelo interpretativo weberiano de la “comprensión” de la acción social. Por eso para Garfinkel:

“no se debe pretender buscar la reproducción de la realidad social tal como lo hace la “actitud científica” sino la preocupación y estudio debe de hacerse en “cómo la “actitud natural” es interpretada como fenómeno por los actores de la vida diaria ... para Garfinkel la proposición subyacente de la etnometodología es que las actividades mediante las cuales los miembros de la sociedad producen y manejan conjuntos de cuestiones diarias organizadas son idénticas a los procedimientos de esos miembros para hacer “inexplicables” aquellos conjuntos”. [14]

El alejamiento de la fenomenología se presenta cuando nos dice que las prácticas sociales se realizan bajo la interpretación de los asuntos ordinarios, es decir que nuestras actividades son lo que nosotros interpretamos de ellas, y que lo inclina “hacia el estudio de las “acciones situadas” como formas linguísticas “públicamente” interpretadas”[15]. Este es el momento en cuando se da la relación con las teorías lingüísticas de Wittgenstein y Austin donde se plantea que “las palabras también son los hechos.”

Garfinkel al expresar sus ideas etnometodológicas, utiliza términos como la “indexalidad” y la “expresión indexal” y los usa para referirse a que un signo puede tener diversos significados. Es así que las expresiones corrientes de las personas están cargadas de semejante connotación y esas expresiones corrientes son la materia misma con que la actividad social es organizada por sus miembros como una “organización práctica”. Así Garfinkel le da al labor del científico social como de obstrucción de la descripción de la actividad social debido a que el trabajo de las metodologías sociales lo que hacen es el de liberar a los términos de esa cualidad “indexal”.

Los hablantes que son parte de esta comunicación indexal entienden y dar por sentada la comprensión del otro y hacen uso de tal comprensión para realizar cualquier actividad social.

Más allá de que ciertas ideas de Garfinkel sean de provecho para la lingüística, Giddens remarca de cuan importante pueden ser las ideas de este autor para la sociología. Garfinkel explica que solamente sus propuesta no está para formular o discutir correctivos y que aunque las ideas que el plantea pueden ser usadas para plantear nuevos métodos sociológicos no necesariamente son “suplementos” para el uso corriente, sino que son diferentes a estos. Por lo que Giddens afirma que de esta explicación determina que la teoría etnometodológica es hacer que :

“...la explicabilidad de las prácticas sociales sea explicable en sí misma, pero no “remediar” las expresiones indexales al modo de las teoría que tratan de clasificar y explicar estas prácticas a un nivel general y que la etnometodología no diferencia, para el propósito de sus estudios, entre la sociología que los miembros legos de la sociedad realizan en el curso de su vida cotidiana y la sociología que realizan los científicos sociales profesionales” [16]

Garfinkel, asegura que a pesar de su posición, él plantea que existen diferencias inconciliables de interés entre la sociología ortodoxa y la etnometodología; ya que esta última consiste [17]en que sólo se encuentra destinada al estudio de las expresiones indexales en todos sus tipos, llamada la “indiferencia etnometodológica”, aunque debido a una no clara distinción entre la lógica de la etnometodología y la sociología se presta a confusiones sobre la función de cada una de ellas.

Anthony Giddens, rescata que la etnometodología no debería ser en todo caso parte de la indiferencia, mientras exista en ella un “tipo de estudio” definido que sea importante designarlo con un término distinto. Garfinkel, dice Giddens, reúne en un solo haz, una serie de cuestiones que son lógicamente separables entre sí en donde se encuentran los problemas de la racionalidad en la acción y la comunicación, el de la relación entre los conceptos legos y los técnicos; y el de la indexalidad. Para este autor el modelo de racionalidad es necesario en la ciencia social siempre y cuando no se realice con pretensiones de manejar asuntos de la vida cotidiana. Es así que es necesario precisar que la etnometodología mantiene la idea de que la explicación de los asuntos reales no puede escapar a la interpretación de los autores y “…es que las actividades que producen las efectuaciones de la vida cotidiana son idénticas a los procedimientos de los actores para hacer inteligibles estas efectuaciones”[18]

La crítica de Giddens, proviene de que los dos tipos globales de racionalidad no son defendibles porque como plantea Garfinkel, estas racionalidades científicas son necesarias al dar una explicación de la explicabilidad de las acciones. Ya que se encuentran problemas “...debido al que si se identifica la racionalidad con la explicabilidad impide que se realice la descripción de los actos y comunicaciones por medio de un análisis de conducta motivada con el propósito, es decir, de los esfuerzos de los actores por realizar intereses definidos.”[19] Esto según Giddens, le hace creer que la exposición de Grafinkel sea de carácter “particularmente incorpóreo y vacío de los informes sobre interacciones y conversaciones que aparece en sus escritos”[20]


La filosofía Postwittgenstiniana: Peter Winch

Él plantea que las verdaderas tareas de la sociología tiene una connotación filosófica porque la acción humana es “significativa” en una forma distinta al de los eventos del mundo natural, así defiende Giddens esta posición filosófica de la sociología. Peter Winch, expone que los significados están gobernados por reglas pero que no aclara cómo se puede distinguir en cuál conducta es significativa y cuál es gobernada por reglas. Afirmándonos que no es suficiente distinguir entre quién actúa gobernado por reglas o no, ya que el hecho de que una persona obre bajo directrices no es razón para determinarlo, porque considera más importante que esta persona sepa distinguir que el modo en que lo hace es correcto o no de hacer con respecto con lo que hace. Winch, resalta la vital importancia de reconocer las diferencias entre una conducta significativa y una reglada porque esto demuestra que existen diferencias radicales entre los métodos de ciencias sociales y naturales. Haciéndonos saber que las regularidades en la conducta humana en el mundo natural y el social son distintas.

Este planteamiento de Winch indica la perspectiva en la cual el científico aborda su investigación debido a que:

“Las ciencias naturales... actúan de acuerdo a reglas; pero estas gobiernan las actividades del científico en relación con un tema dado independientemente. En el caso de las ciencias sociales, lo que estudiamos, como si mismo nuestros procedimientos para estudiarlo, son también actividades desarrolladas según reglas, pero las reglas gobernadoras de las acciones que investigamos son las que proveen nuestros criterios de identidad, no las implicadas en nuestras maneras de proceder"[21]

Winch aborda el estudio social de la conducta desde la comprensión de los actos observados, en donde el observador sólo puede hacerlo (la comprensión) en función de las reglas particulares en las cuales estos actos se basan. Como también puede usar conceptos técnicos propios pero que tiene que estar “lógicamente vinculados” a lo que es observado. Aquí hace una observación interesante en el hecho de que las “relaciones de los hombres sólo existe en las ideas y a través de ellas... puesto que las relaciones entre las ideas son internas, las relaciones sociales también deben ser una especie de relación interna”[22] lo grafica explicando un ejemplo entre una orden que se da y la obediencia a esta.

Winch plantea que no se debe intentar encontrar una explicación de una circunstancia en particular si es que no hemos comprendido el entorno de ella, y tal como lo cita Giddens, es como intentar explicar un juego con las reglas de otros; explicar un fenómeno con criterios propios cuando no podemos deducir los ajenos, es así que Winch dice que en estos casos debemos de recurrir a lo que el llama “nociones limitantes” que son presupuestas por “la misma concepción de la vida humana” estas serían el nacimiento, la muerte y las relaciones sexuales ya que están ineludiblemente relacionadas con todas las sociedades humanas conocidas. De esta manera se debe recurrir a una visión orientadora para el análisis social.

Las críticas encontradas en los planteamiento de Winch son relativas a su tratamiento de la “acción significativa” como equivalente de la conducta “gobernada por reglas” ya que en primer lugar a la noción de “regla” se le da demasiado peso para su análisis y según Winch se puede demostrar que un modo cualquiera dado de conducta es gobernado por reglas y que por lo tanto es significativo y que toda conducta siempre tiene un modo correcto o no de hacerlo. Pero en un ejemplo dado sobre si la forma de dar un paseo es incorrecto o no Winch, no encuentra una solución a esto, pero Giddens afirma que si la hay, el sistema de Winch fracasa ya que de acuerdo a determinadas circunstancias siempre hay una forma incorrecta o no de hacer el paseo. Que el término de regla es usado en forma muy “elástica” ya que no pregunta las reglas de quién, sin mencionar las normas sociales como morales. Mencionando que el autor no se ocupa de desarrollar la idea de la escala móvil que existe entre el compromiso moral o el de seguir las reglas. Otro error lo halla en el confundir el significado de la acción con su ocurrencia a que Giddens le atribuye una confusión que consiste en que hay una relación intrínseca entre un acto de dar una orden y un acto de obediencia, cuando no se debe explicar el seguir una regla identificando inteligibilidad de la obediencia. Según Giddens, el reconocimiento de este error hace fracasar el intento de Winch de “dar razones lógicas para excluir la posibilidad del análisis causal de las ciencias sociales, sobre la base de que esas acciones meramente “expresan ideas” y la relación entre las ideas es conceptual antes que causal”. [23]

Finalmente, la crítica a la posición de Winch se centra en que éste exagera las diferencias entre las ciencias sociales y naturales en cuanto a la implicación causal, a la vez no desea argumentar que el observador sociológico pueda confinar su vocabulario al que utilizan los mismos actores legos y no da una diferencia entre los conceptos legos y los técnicos. Además dice Giddens que ya los sociólogos como los antropólogos están estableciendo generalizaciones sobre sociedades diferentes basadas en similitudes que no se formulan, “puesto que se proponen establecer comparaciones que no pueden expresarse en dichos términos o explicar en primer lugar porque existen esas similitudes”[24] Lo que Winch descarta ya que el no recomienda ningún tipo de comparaciones. Y para concluir con la crítica. Giddens no está de acuerdo con el planteamiento de las “nociones limitantes”, ya que esta tesis está rodeada de restricciones, porque dice que:

“...se supone que se debe dilucidar los rasgos desconcertantes de las instituciones ajenas , pero esto no es recomendable porque las bases sobre las cuales se supone que debemos construir están en sí mismas aprisionadas dentro del propio juego de lenguaje, y que pueden presentar alguna especie de “exigencias inevitables” de la existencia del hombre en maneras que nada tienen que ver con lo que nosotros podríamos considerar, desde dentro de la forma de vida de la cultura occidental, como “universales biológicos””.[25]


La significación de las sociologías interpretativas:*

q La fenomenología de Schutz presenta una tensión no resuelta entre una fenomenología arraigada en la experiencia del ego y un punto de vista radicalmente diferente que se origina en la existencia de un mundo intersubjetivo como condición previa de la comprensión de sí mismo de parte del sujeto particular.

q Garfinkel se remite a Schutz y Wittgenstein no para establecer una explicación filosófica de la lógica de las ciencias sociales, sino para desarrollar una serie práctica de trabajos de investigación. En su obra se encuentran dos puntos destacados opuestos que no se concilian entre sí. Hay una tensión hacia un naturalismo perfectamente sincero manifestado en el afán por proveer descripciones de expresiones indexales “libres de pensamiento de remedio”. Por otro lado, se ve un reconocimiento de lo que la tradición de las Geisteswissenschaften ha hecho familiar como el círculo hermeneútico: que no es posible descripción alguna que esté libre de “interpretación” a la luz de presuposiciones.

Las tres coinciden en que todas ellas son de vital importancia para cualquier evaluación de la naturaleza del método sociológico.



[1] Giddens, Anthony. Nuevas reglas del método sociológico. Buenos Aires: Amorrortu editores, 1993.

[2] Giddens, A. Nuevas reglas del método sociológico.BsAs, Amorrorty editores,1993,pag 26.

[3] Ibid, pag 29.

[4] Ibid pag .29

[5] Ibid pag . 30

[6] Schutz, citado en ibid pag 31.

[7] Ibid pág 32.

[8] Ibid pág 32

[9] Ibid pág 32

[10] Ibid pág 33

[11] Ibid pág 33

[12] Ibid pág 33

[13] Ibid. pág 33

[14] Ibid pág 33,34

[15] Ibid pag 37

[16] Ibid pág 39

[18] Ibid pág 40

[19] Ibid pág 41

[20] Ibid pág 41

[21] Ibid pág 42

[22] Winch citado por Ibid 42

[23] Ibid pág 49

[24] Ibid pág 49

[25] Ibid pág 50

* Resúmen del autor del capitulo sobre las teorías sociológicas explicadas.

martes, 20 de julio de 2010

“El Hombre y la Técnica” de Oswald Spengler








Por Carlos Eduardo Luján Andrade


El llamado “filósofo de la desilusión” escribió “El Hombre y la Técnica”, libro donde expresó con estilo naturalista y apasionado, la crisis de la cultura occidental, un texto amargo que desnudó al hombre y lo puso de rodillas ante su propia condición.


Oswald Spengler, pensador alemán, nacido en Blakenburg en 1880, autor del emblemático libro “La Decadencia de Occidente”, se valió de “El Hombre y la Técnica” para determinar las claves fundamentales para comprender lo más valioso de su magnánimo postulado desarrollado en “La Decadencia....”. En aquél libro, intentó “predecir la historia”, otorgándole un devenir dramático a la cultura occidental, exponiendo que esta debe ser meditada bajo un criterio morfológico de creación natural, donde se plantee que toda cultura tiene un origen, desarrollo y un inexorable decaimiento. Original tesis que contradecía las ideas que a finales del siglo diecinueve se desarrollaban, tales como: la “historia va hacia alguna parte” y que los hechos servirán para darle una dirección y sentido a la historia. “La Decadencia de Occidente” nace en un contexto poco favorable que se vivía a finales del siglo diecinueve. El desorden económico y el desequilibrio entre la producción y el consumo avizoraban un aniquilamiento de las fuerzas sustentadoras del convivir jurídico en las naciones civilizadas, lo que conllevaría a la pulverización de las organizaciones estaduales.

Oswald Spengler, un hombre de basta cultura creo en sus postulados un sólido sistema histórico entendiendo nuestro futuro como una clave a descifrar, basándose en varias de las culturas antepasadas como la Egipcia, la Árabe, la Antigua y la occidental como sus referentes. Es así que los cuatro tomos de esta obra aborda todo un complejo sistema histórico, donde nos indica que las grandes coyunturas son las que determinarán su devenir histórico, arrastrando al individuo hacia su destino fatal, sin darle la más mínima posibilidad de reponerse ante semejante vorágine.

Spengler, al escribir “El Hombre y la Técnica” nos brinda un esquema del perfil ideológico desarrollado en su principal obra, planteándose la interrogante ¿Qué significa la técnica? ¿Qué sentido tiene en la historia, qué valor tiene en la vida del hombre, qué rango moral o metafísico? Su visión de aquella decadencia occidental se plasma en la inminente consolidación de aquella en las afueras del entendimiento: en la Naturaleza. La esencia de la técnica, nos dice, se encuentra en toda especie que desarrolla sus habilidades para mantenerse con vida dentro de su hábitat. La evolución de tales especies parte de que la técnica es la táctica de la vida, es lo que uno realiza para sobrevivir, lo que nos remite a una condición absolutamente factual. Desde un inicio nos plantea una idea que será el pilar de su principal ideología: “la cultura no es la vida de las almas colectivas en desarrollo, sino que surge en la vida del hombre por conseguir las condiciones necesarias para la reproducción de su vida”.

Y desde esa visión desmenuza lo que sería un comportamiento constante en las culturas: La lucha humana por la supervivencia, rebasando hasta su propia especie donde la conquista de la naturaleza y de los hombres constituye el principal y único impulso de su existencia.

Presenta al hombre como animal de rapiña, que es botín o hace botín a otros, es fuga y ataque, que usa la técnica para eludir la muerte y que desarrolla la técnica para someter un entorno que le parece diverso y hostil. Es así que su temor a ser devorado se presenta fundamentado. En el hombre se fortalece un orgullo que nace de su espíritu creador que lo motiva a arrebatarle a la naturaleza el privilegio de ser quién dictamine el devenir de su permanencia en este mundo. Su “puño en alto” nos indica: “una expresión imperativa e indicativa de una voluntad”, una voluntad de una ansiada liberación de la opresión natural a la que es sometida por su creador.

Toda la acción por esa determinación de voluntad es la técnica, un arte, su “arte de tirar el arco mientras cabalga, como el arte de la guerra, las artes de la edificación, del gobierno, del sacrificio y de la profecía, de la pintura y de la versificación”, la máxima expresión del hombre: su artificialidad, que significa mera rebelión.

El alma del hombre lleva de la mano la herramienta que finalmente decidirá ejecutar un plan en conjunto conllevando a una serie de interrelaciones que con el uso del lenguaje otorgará a la técnica una solidez que sobrepasa “los límites de la fuerza corporal” aun cuando se considere a esta conjunción de fuerzas como la pérdida de la libertad del animal rapaz. La unión de las energías, incentiva a la aniquilación del otro, el sometimiento del vencido a su ley, que será la que generará la paz en el interior para emprender empresas al exterior, por ejemplo, así define al Estado, esta organización se hace imprescindible para afrontar la guerra histórica de la humanidad, “La política es simplemente el efímero sucedáneo de la guerra mediante la lucha con armas espirituales y mientras más dura sea la lucha por el poder y por el botín serán más estrechos los vínculos de los individuos”. La vida individual vale muy poco ante semejante opresión de la existencia. El exterminio ante las luchas que preceden a la organización humana deberá ser evitado para que el mismo individuo evite la disolución de su organización. “Venganza de la naturaleza sobre el ser que supo arrebatarle el privilegio de la creación”

Spengler afirma que la técnica humana no ahorra trabajo, que ella tiene una justificación de índole personal de quién la inventa. El carácter insaciable del hombre hace que de lo logrado se despierte mil deseos de someter a la naturaleza, así nos dice: “La paz, la felicidad, el goce son desconocidos justamente para los ejemplares superiores”. Pero aquella supremacía de semejantes hombres -que necesitarán brazos ejecutores para lograr la fecundidad de sus ideas- esta dominada por la necesidad de permanecer interiormente libre, de “sustraerse a la mutación anímica y espiritual, que se realiza y presenta en el gran número” y su individualismo surge como un reproche hacia el hombre de masa. El desprecio de los grandes hombres nace hacia aquellos que son inferiores y estos envidian al poderoso, que refleja con esta actitud su impotencia ante su subordinación. Mientras que el dominador odia al igual, a su enemigo común. Spengler limita los sentimientos universales de la humanidad a esta concepción.

El ascenso de la cultura occidental se produce al desaparecer las culturas del “lenguaje y la empresa” y que de ellas solo quedan rezagos y ruinas para formarse ciudades y sociedades, floreciendo la cultura por el lujo y el esplendor que esta le otorga, dándole al arte (la cultura artificial) una riqueza espiritual como técnica. De todas las culturas como la china, india, antigua, árabe, mexicana, Spengler le da a la “faústica” europea occidental, un carácter “poderoso y apasionado” por la lucha trágica entre el hombre y la naturaleza que la motiva a someterse a su pensamiento, con su vida creada por artificios sobre “la sangre y convertida en un servicio y elevar el destino de la libre personalidad al rango de sentido del mundo”. Desde ese instante el hombre pone sus manos sobre el tiempo y el espacio y desea hacerlos suyos, no busca ya vivir de la naturaleza sino conquistarla, agotado de arrebatarle sus tesoros, “de vencer sus resistencias por medio de la navegación, las carreteras, los puentes, los túneles y diques”, sólo desea que se sometan a su yugo.

Ese fue el postulado que el pensador alemán les dio a los que desearon crear un mundo donde se dirija el destino con el dedo de la humanidad, ya sin descifrar los secretos del universo, obviándolos para formar su propia cultura. La técnica surge para darle al hombre la salvación e independencia que siempre ha anhelado, siendo como una religión que no cree en santos y que lo ilumina y le da la protección que antes la buscaba en el Espíritu Santo. Aunque la técnica, para Spengler no posee ningún misticismo para el hombre -ya que él inventor basa sus esfuerzos en su propio tema de vida- esta demuestra la personalidad del hombre fuerte que expresa en sus actos su victoria y la masa sólo observará a los directores e inventores reinventar con la máquina una nueva supremacía.

Pero para Spengler la tragedia está a la vista, la trae la consecuencia de la adoración por la técnica, que luego trae consigo el quebranto de la voluntad del hombre ante la máquina que se revela, porque ahora es ella la que dictamina nuestro camino a seguir. El poderío de las naciones a inicios del siglo XX se basaba en las riquezas que le proporcionaba sus industrias y que el hombre-masa “disciplinadamente” trabajaba por ellas y para ellas.

Spengler rescata de esa vorágine técnica la labor directora que posee occidente: la condición de aquellos hombres que aún poseen un sentimiento del tiempo, que terminará desapareciendo por la mecanización que crea “un mundo artificial que envenena un mundo natural”. La salvación, nos dice el autor, estará en el hastío ante semejante panorama, una vuelta al hombre artesano, que ve en este destino tecnificado una problemática perturbación. Porque el destino del uso de la técnica ya no será de occidente y estará lejos de las manos del hombre faústico, el que tanto admiró Spengler, sino que terminará siendo utilizada por otras culturas que carecen de la espiritualidad profunda que motivo a los hombres a comprender el mundo por la fuerza. Es así que lo pueblos “blancos” cometieron un error al ofrecer sus secretos técnicos a las otras culturas que sin muchas pretensiones se aprovechan de éstas para finalmente vengarse de los señores que alguna vez explotaron su mundo.

Para Spengler ése será el destino de su cultura, en donde un majestuoso florecimiento se marchita producto de la vejez de una maduración que al cuestionar lo logrado perdió su juventud. La sentencia para él estaba dada: “El destino del mundo está en curso y tiene que cumplirse”, “el optimismo es cobardía”, el hombre faústico será olvidado con sus ferrocarriles y sus barcos a vapor como lo hicimos anteriormente las murallas de China o las vías romanas. La cultura occidental se desploma lentamente para dejar paso a otras, el nacimiento de esta cultura estaba marcado irremediablemente con un dramático final. Spengler pedía para ella un orgullo, que “no hay prudentes retornos, no hay cautelosas renuncias” dejar que su vida acabe ya que todo lo ha perdido, porque lo han despojado de su puesto, sucumbiendo con grandeza “... como aquél soldado romano cuyo esqueleto fue encontrado delante de una puerta en Pompeya, y que murió porque al estallar la erupción del Vesubio olvidáronse de licenciarlo. Eso es grandeza; eso es tener raza. Ese honroso final es lo único que no se le puede quitar al hombre”.



* La imagen del libro ha sido extraída de la biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid.



viernes, 2 de julio de 2010

Apuntes sobre Paul Ricoeur: "La Acción Considerada como Texto"


Por Carlos Luján Andrade

Paul Ricoeur, el filósofo y antropólogo francés plantea en este artículo el problema al interpretar textos ajenos, especificando el autor en su hipótesis que surgen inconvenientes específicos por el hecho mismo de ser textos y no lenguaje hablado. Dichos problemas consideran que el objeto de las ciencias humanas revela algunos de los rasgos constitutivos de un texto como texto y que desarrolla su metodología de la misma manera que los procedimientos de la interpretación de los mismos.

Es así que se plantea dos preguntas: si la noción de texto es un buen paradigma para ser objeto de las ciencias sociales y en qué medida usamos la interpretación del texto para la interpretación en el campo de las ciencias humanas.

I. El Paradigma del Texto:

Plantea que el discurso puede ser hablado como escrito y que puede ser acontecimiento en forma de lenguaje o uso lingüístico.

La lingüística tiene reglas que no son las de la lingüística del lenguaje.

Según el lingüista francés Emile Benvéniste, afirma que ambas lingüísticas no están construidas sobre las mismas unidades, debido a que el signo es la unidad básica del lenguaje y la oración es la unidad básica del discurso, por lo tanto la lingüística de la oración es la que sostiene el habla como un acontecimiento.

Nos da cuatro rasgos:

q El discurso se realiza temporalmente, mientras que el sistema del lenguaje es virtual y se halla fuera del tiempo.

q El lenguaje carece de sujeto, el discurso se retrotrae a quien lo pronuncia por medio de un complejo haz de indicadores.

q El lenguaje carece de un mundo; de temporalidad y subjetividad, el discurso es siempre acerca de algo.

q El discurso no sólo posee un mundo sino también está el interlocutor al cual está dirigido.

Estos cuatro rasgos determinan al habla como un acontecimiento pero también se debe tener en consideración la idea del entendimiento; es decir, en la comprensión del discurso que se da; y esto se logra analizar de la siguiente manera:

El habla como acontecimiento aparece y desaparece; y es en ese momento en que reluce la escritura para acudir al rescate debido a la temporalidad del discurso por su carácter de acontecimiento.

Ahora, lo que escribimos será lo dicho por el “habla”, entendida como exteriorización del objetivo del discurso. Lo que escribimos es el noema de hablar, es el significado del acontecimiento como habla, la escritura fija la propia habla en la medida que es dicha.

Él se pregunta, ¿qué se dice? recurriendo a la teoría del acto del habla para responderse, citando a los autores Austin y Searle quienes consideran que el acto del habla está constituido por una jerarquía de actos subordinados por :

1) el nivel del acto locucional, el acto de decir.

2) el nivel del acto o fuerza ilocucional, o aquellos que hacemos en el decir y

3) el nivel del acto perlouicional, aquello que hacemos por medio del decir.

Menciona que el acto locucional se exterioriza en la acción y se transmite a otros con cierto significado, en cambio el acto ilocucional se exterioriza como un resultado de paradigmas gramaticales que lo identifican y lo reidentifican; y se refuerza porque se apoya en la mímica y los gestos. El acto perlocucional es el que menos se puede inscribir del discurso ya que este es una característica del discurso hablado producto de una influencia directa de las emociones y disposiciones afectivas.

Es decir, para entender el significado del habla no sólo basta la oración sino también el acto ilocucional y el perlocucional.

Cuando el discurso designa su locutor mediante diversos indicadores de subjetividad y personalidad, dicha referencia al sujeto que habla presenta un carácter de inmediatez porque resulta lo mismo entender lo que quiere decir el orador y lo que significa el discurso. Situación diferente se presenta cuando el texto está escrito ya que la intención del autor y el significado del texto dejan de coincidir. Esto es porque el vínculo entre el orador y el discurso se ha distendido y complicado; y lo que el texto dice ahora, importa más de lo que el autor quería decir.

Es ahí donde el autor resalta que la significación “rescata” a la significación sin la contribución de la presencia física y psicológica del autor.

La referencia en el discurso oral es evidente pero en el escrito no es ostensible pero no quiere decir que no tiene una referencia ya que el discurso no puede dejar de ser acerca de algo. La referencia de los textos será liberado de la intención mental del autor para que nosotros le demos como referencia el mundo. Este mundo será en el que se designan las referencias no situacionales que sobreviven a la desaparición de esas situaciones y que luego son ofrecidas como modos posibles de ser. Es así que las referencias abren el mundo y la espiritualidad del discurso se manifiesta a través de la escritura, liberándonos de la visibilidad y la limitación de las situaciones, dándonos nuevas dimensiones a nuestro ser en el mundo.

El discurso está dirigido a alguien presente en la situación, mientras que la escritura está dirigido a quien sepa leer, lo escrito esta dirigido al público que el mismo autor crea. Y es por esa razón que la relación escritura-lectura deja de ser un caso particular de la relación hablar-escuchar. El receptor será un lector desconocido e invisible que se ha vuelto el destinatario no privilegiado del discurso.

La acción significativa:

1. Fijación de la acción: La acción significativa, es un objeto para la ciencia mientras ella pueda estar bajo un tipo de objetivación equivalente a la fijación del discurso en la escritura. La acción se puede convertir en un objeto de ciencia, por un tipo de objetivación similar a la fijación que se produce en la escritura. Es así que la acción ya no es una transacción a la cual aún pertenecería al discurso de la acción, ahora deberá ser interpretado de acuerdo con sus conexiones internas y estas conexiones tienen la estructura de un acto locucional y que en el interior los verbos de acción constituyen un conjunto específico de predicados. Los verbos de acción admiten una pluralidad de “argumentos” capaces de complementar el verbo que van desde ningún argumento a un número indeterminado de ellos. Algunos de estos verbos de acción tienen un sujeto carácter actual que se identifica como existente y al cual se refiere la oración y a complementos que no existen (actos mentales).

Otros rasgos de la estructura proposicional provienen de describir el funcionamiento del verbo acción (la distinción entre el objeto material y el formal de una acción; pertenece a la lógica de la acción y este será el contenido proposicional de la acción que brindará una base dialéctica de acontecimiento y significación similar al acto del habla).

La estructura noemática es la que se podrá fijar y desprender del proceso de interacción y se convertirá en el objeto a interpretar.

También se debe considerar los diferentes actos realizadores del discurso ya que estos podrán determinar un “criteriología” que permitirá construir modelos ideales por lo que nos enteraremos a qué se refiere uno cuando expresa una idea (ejemplo: para comprender qué es una promesa, debemos determinar cual condición esencial de la acción dada, debe ser considerada como una promesa).

2. La autonomización de la acción: La acción se desprende de su agente y desarrolla consecuencias que le son propias. Una acción es un fenómeno social no sólo porque la ejecutan varios agentes, de tal manera que no se puede distinguir el papel de cada uno del de los otros sino también porque nuestros hechos se nos escapan y ejercen efectos que no nos propusimos.

La acción simple no requieren una acción previa, el significado y la intención coinciden; y se superponen, pero en el caso de las acciones complejas algunos segmentos se encontraran lejos de los iniciales, en donde se encuentra la intención de quien lo realizó.

Los acontecimientos son impresos en papel desprendiéndose de su carácter temporal debido a que la acción deja una huella cuando contribuye a la aparición de pautas que se convierte en los documentos de la acción humana. Es así que la historia es donde la acción deja una huella. La acción humana se convierte en acción social cuando se asienta en los archivos de la historia.

3. Pertinencia e importancia: La importancia de la acción significativa va más allá de su pertinencia a su situación inicial, y esto ocurre porque se produce una emancipación del contexto situacional y el discurso se desarrolla con referencias relativas al “mundo”. La acción importante desarrolla significados que pueden ser actualizados o satisfechos en situaciones ajenas en que ocurrió la acción. Es así que la importancia de la acción está en su omnitemporalidad.

4.La acción humana como una “obra abierta”: Esto se refiere a que el significado de la acción se dirige hacia una gama indefinida de posibles “lectores“ y por lo tanto a múltiples interpretaciones, es así que la acción humana es una “obra abierta” por el hecho de “abrir” nuevas referencias y recibir una nueva pertinencia de ellas. La acción humana está abierta a cualquiera que pueda leer.

II. Implicaciones metodológicas del paradigma del texto:

Ricöeur propone en esta sección de su ensayo, dar un nuevo enfoque a la cuestión entre el explicar y el entender y el comprender en las ciencias humanas. Ofreciendo mostrar en qué medida el paradigma de la lectura, que es la contrapartida del paradigma de la escritura, proporciona una solución para la paradoja metodológica de las ciencias humanas.

Afirma que le paradigma de la lectura es un paradigma original y deriva sus rasgos principales del estado del texto mismo:

q La fijación del significado.

q Su disociación de la intención mental del autor.

q La exhibición de referencias no ostensibles.

q El ámbito universal de sus destinatarios.

Para el autor estos rasgos constituyen la “objetividad” del texto y dará el porqué de que la explicación de su sentido no proviene del campo de los acontecimientos naturales sino que es congénita con este tipo de “objetividad”. De este procedimiento se producen la esfera de signos donde se enfrentan la explicación y comprensión.

Comprensión a la explicación:

En primer lugar, afirma que comprender el texto no quiere significar reunirse con el autor. Es así que se puede interpretar de diversas maneras debido a que existe una disyunción entre el significado y la intención. La intención subjetiva del autor es distinta a la intención subjetiva del autor.

Ya no se puede resolver el problema recurriendo a la comprensión correcta mediante un simple regreso a la intención primera del autor. Los métodos no dicen que puedan haber reglas para hacer conjeturas adecuadas pero si hay métodos para validar dichas conjeturas. Conjeturar es “validar” lo gramatical según Schleiermacher.

Ricoeur, afirma que es necesario interpretar el significado porque el lenguaje es metafórico y por lo tanto tiene un doble significado requiriéndose un arte al descifrar lo que se tiende a desplegar en los estratos del significado. Es por eso que el texto no debe de ser explicado como un conjunto de oraciones sino como una totalidad. El todo aparece como una jerarquía de temas primarios o subordinados. Un texto es un proceso acumulativo y que debe ser considerado como un todo que puede ser abierto a varias lecturas e interpretaciones.

Al validar las conjeturas se debe de tener en cuenta que mostrar una interpretación es más probable a la luz de lo que se sabe y que es algo distinto de mostrar que una conclusión es verdadera. Por lo tanto validación no es verificación.

La validación es argumentativa, es una lógica de la incertidumbre.

Existen diversas formas de expresar el enigma del texto y puede hacerse desde diferentes ángulos, la reconstrucción del todo presenta un aspecto perspectivista similar al de la percepción. El texto sería como un individuo con total legitimidad y que la validación de una interpretación aplicada al mismo brinda un conocimiento científico del texto.

De todo esto se puede inferir que existen varias formas de interpretar un texto pero no todas las interpretaciones que se hagan son iguales, el texto es un campo ilimitado de interpretaciones. Siempre será posible dar argumentos a favor o en contra de una interpretación, de enfrentar interpretaciones, de arbitrar entre ellas y de buscar un acuerdo.

Por otro lado, la acción humana es un campo limitado de interpretaciones posibles, debido a como lo dice la “teoría de la acción” de que se reconoce plenamente el carácter intencional de una acción cuando se enuncia la respuesta a la pregunta: ¿qué? Y luego ¿por qué? Es decir que esto está condicionado al carácter de deseabilidad del querer. Se explica en que los deseos y la creencias presentan características no sólo de fuerza que hacen a la gente actuar de una forma particular sino que también está el carácter de deseabilidad (¿en calidad de qué desea usted eso?). Sobre esta base se podrá expresar a favor o en contra del significado de esta acción.

Ante una posición como esta, se hace la pregunta de que el proceso de argumentar vinculado a la explicación de la acción -por sus motivos- desarrolla un tipo de plurivocidad que hace a la acción similar a un texto. Explicándonos el autor que se puede validar esta posición ya que: “es el hecho de que argumentar acerca del significado de una acción, coloca mis deseos y mis creencias a cierta distancia y los someto a una dialéctica concreta de confrontación con puntos de vista opuestos”, es por eso que al darle cierta lejanía a mis propios hechos se produce el distanciamiento que ocurre también en el proceso de inscripción social de la acción humana (léase el registro).


jueves, 10 de junio de 2010

"Todo lo sólido se desvanece en el aire" * consideraciones y reflexiones



Por Carlos Luján Andrade

Modernidad, palabra con muchas connotaciones a través del tiempo y que conlleva a una inevitable asimilación de la época que nos toca vivir. Marshall Berman nos habla en su libro “Todo lo sólido se desvanece en el aire” de los cambios a nivel social, político, individual y sobre todo cultural que remesen las creencias en las que se han sostenido nuestras tradiciones por siglos. El autor propone una crítica a la modernidad impuesta, la que ocasiona el apartamiento de nuestro pasado y origen. Él desea que la veamos a esta como una constante, un proceso empezado hace doscientos años y que aún nos mantiene en conflicto por las transformaciones que acarrea, nos la muestra como parte del devenir histórico y que el “trauma de la modernización” siempre ha sido experimentado por sociedades y culturas distintas y con consecuencias diversas. Sin embargo, rescata de ellas el análisis de sus experiencias para permitirnos nutrir y fortalecer la “nueva” modernidad experimentada y a la que nos dirigimos.

Marshall Berman, para lograr este objetivo se ha valido de obras de autores como Goethe, Marx, Baudelaire y del análisis de la evolución de ciudades como San Petersburgo y Nueva York. Comienza tomando el caso de Goethe, mencionando a su llamado “hombre faústico” haciendo clara referencia a su obra más conocida “Fausto”: el individuo que tiene el deseo frenético e insaciable del cambio hacia mundos mejores pero que finalmente se ve arrastrado hacia la destrucción. La idea de progreso constante e infinito le abre las posibilidades de realizar grandes descubrimientos científicos y tecnológicos haciéndole modificar su entorno natural a costa de la propia ruina del hombre donde él mismo es devastado por la idea de desarrollo. Esta autodestrucción genera una mutación de todo el mundo físico, social y moral de su época.

Otras de las precisiones con respecto a la modernidad las hace citando el Manifiesto Comunista de Karl Marx, en él nos habla de una cierta “admiración” por la sociedad burguesa pujante que debido a su afán de expandir los poderes humanos, de crear medios de producción impresionantes para su tiempo, se generan unas “potencias infernales” que no las puede contener; no obstante, estas fuerzas son vacías y sin profundidad mística, producto de la racionalidad y la ilustración que deriva en el “desguarnecimiento” del hombre: “… desgarrando el velo de emocionante sentimentalismo que encubría las relaciones familiares, y las redujo a simples relaciones de dinero”. Esta transformación moderna lo alejó de un pasado histórico que es ahora calificado como “falso” e ilusorio, por lo que ahora (en los tiempos modernos) el mundo físico y social es el verdadero. Así, el hombre es liberado de su devoción a “superiores naturales” y aprenden a pensar por y para sí mismo.

Esta nueva forma de sentir sus posibilidades muestra una transformación de los valores, mercantilizándolos y dándoles un precio, por ejemplo: “cualquier forma de conducta humana se hace moralmente permisible en el momento en que se hace económicamente posible y adquiere un ´valor´”. Es así que todo “lo sagrado es profanado”, se desacraliza las profesiones que eran valoradas como venerables y respetadas por todos, re-definiéndose toda actividad en función al capital que es pagado para que estas se realicen.

Al referirse al poeta francés del siglo XIX Charles Baudelaire, nos expone la relación del individuo moderno con un entorno –valga la redundancia- moderno; según Berman, Baudelaire tiene visiones contradictorias. En la primera, la llama la visión Pastoral, donde hace un elogio al progreso humano infinito, adulando a la burguesía francesa por su inteligencia, fuerza de voluntad y creatividad en la industria, el comercio y las finanzas, en el que sus propósitos de desarrollo poseen fines elevados (cultural y políticamente hablando) planteando la posibilidad que esta visión de la modernidad presenta la apertura a la creatividad intelectual y artística. Pero después el mismo autor, en un ensayo llamado “El pintor en la vida moderna”, califica la vida de su tiempo como un desfile de modas, anhelante ferviente de la pompa y los vestidos brillantes, alejados de su propio mundo; a esto es lo que llama lo Contrapastoral. El poeta francés plantea en esta contradicción la confusión entre el progreso material y espiritual, presentando a las “creaciones” del desarrollo -la fotografía por ejemplo- como una nueva forma de conceptuar la creación y el arte.

Baudelaire, según Berman, expone que los cambios del entorno del individuo -es decir su espacio- transforma las almas, “modernizándolas”, dándonos una muestra en su libro “Spleen de París”; ahí nos relata con prosa poética la aparición de los pobres en los nuevos boulevares diseñados y construidos por Haussman en la década del 1850, en las que dichas transformaciones urbanísticas que atravesaban la ciudad, descubren los barrios miserables hasta ese entonces ocultos ya que por primera vez abría la urbe a los habitantes excluidos. De esta manera la aparición de las luces brillantes que trae consigo la modernidad, ilumina los escombros y la pobreza de gentes antes negadas.

Estas transformaciones urbanas de los boulevares en el siglo XIX, emblemas del cambio, fueron reemplazados en el siglo XX por un nuevo símbolo de modernidad: las autopistas, donde el tráfico de los automóviles tomaban las calles, mutándolas; desalojando a los individuos para ser sustituidos por los autos. Tales cambios sucedieron en la ciudad de Nueva York donde Robert Moses, con sus obras públicas en los años 50, demostró que una ciudad puede cambiar plenamente no sólo para satisfacer necesidades políticas o económicas sino también para servir de muestra de cómo puede llegar a ser la vida moderna, así haya tenido que desaparecer parte del barrio del Bronx para lograr dicho objetivo en donde la destrucción y construcción era su bandera, invocando a la renovación de ciudades enteras sin tomar en cuenta que en ellas vivirían individuos, asunto que finalmente llevó al fracaso de su proyecto.

Finalmente, Berman cita a San Petersburgo, ciudad rusa de gran historia y connotación social, política y cultural de la modernidad. Esta fue una ciudad creada en función al ideal de lo moderno; es decir, a la ilusión de hacer de ella una ciudad que manifieste renovación, algo que finalmente no se logró debido al subdesarrollo en la que estuvo envuelta durante su propia evolución. En ella sucedieron modificaciones revolucionarias donde el espacio público llamado la Nevski Prospekt representó, para muchos autores como Gogol, Pushkin, Dostoievski; un lugar donde el hombre “oficinista, culto y sensible pero pobre y vulgar” estaba enfrentado al sentimiento de exclusión y discriminación, sirviéndoles para replantearse el tema de la desigualdad hasta idealizar una sociedad en donde los hombres no tengan porque ser diferentes. San Petersburgo, a través de toda su convulsa historia, representó la sociabilidad y comunicación entre sus habitantes, a la vez mostró un mundo desigual donde unos se imponían sobre otros desde la forma de andar hasta la vestimenta que llevaban. El subdesarrollo vivido en esta ciudad frente a los cambios que quedaron inconclusos nos brinda la posibilidad de entender las dificultades del individuo que se ha formado con la ilusión del desarrollo y que sin embargo aún no la ha podido alcanzar, una situación que hasta en las ciudades más desarrolladas está presente.

“Todo lo sólido se desvanece en el aire” es un libro revelador, debido a que concatena una serie de experiencias literarias en busca de una identidad que refleje la actitud del ser humano con respecto a su tiempo y entorno. La búsqueda de ejemplos literarios para explicar su posición con respecto a nuestro innegable pasado con lo actual, hace que el libro linde con lo subjetivo y lo literario. Suponemos que la principal intención fue indagar en la sensibilidad artística del individuo para explicar los cambios reales y coherentes que las ciudades de occidente han sufrido en busca de ese “camino infinito” que Marshall Berman llamó modernidad.

Tal vez, al recurrir a las expresiones artísticas, como los manifiestos, poesías y cuentos intenta escudriñar la sensibilidad humana del hombre de la calle que de por sí no tiene una conciencia histórica ni comprometida con su tiempo. Estos individuos intentaron expresar lo que en su ensoñada realidad deseaba la gente expresar. A nuestro parecer Berman acierta al elegir esta forma para plantear sus ideas ya que logra alejarse de posturas filosóficas o sociológicas que más pretenden exponer el cambio que adentrarse en él. Al acercarse de esta manera al individuo, cuando cita los ejemplos del “Spleen de Paris” o los cuentos de Gogol o Pushkin ofrece una visión de la interioridad del individuo que en ese instante se enfrentan a su tiempo y que en muchos casos es percibido como una tragedia que trastoca todo lo que ha creído como “sólido” y verdadero.

Los cambios espirituales y culturales que se ven obligados a recomponer los hombres que viven esta transición producto de un cambio drástico de su entorno, haciendo de sus personalidades seres contradictorios y conflictivos consigo mismos. Esta naciente modernidad les permite verse a sí mismos en nuevas situaciones que antes ni siquiera las habían considerado como dignas de ser analizadas.

La recomposición de estas creencias, les da la oportunidad de ser testigos de un cambio que en muchos casos fue catastrófico para sus tradiciones pero les permitió adquirir una nueva cosmovisión sobre sus posibilidades como individuo: el de convertirse en un ser que podía construir su destino con su técnica y acción. Es así que se le abrió un mundo lleno de opciones haciéndole conocer que su poder se encontraba en su capacidad de transformar lo que había erigido, que podía desaparecer un mundo creado por ellos declarándolo obsoleto tan sólo proponiendo uno mejor o diferente.

La enajenación del hombre de su propia condición es su tema, pero observando de esta época su diferencia de otras y que las concepciones del mundo moderno se están expandiendo existiendo cada día mayores referentes culturales que podrían ser tomados en cuenta. El autor encuentra en el análisis de los inicios de estos procesos de modernización puntos referenciales para decir que a pesar de kilómetros de distancia que nos separan, todos igualmente sufrimos los cambios que construyen y destruyen mucho de lo que ya creíamos bien asentado.

Consideramos que el deseo de Berman de sistematizar los cambios producidos por la modernidad usando ejemplos lúcidos y coherentes, le da a su análisis un carácter de verdad y de un referente importante para elaborar nuestro propio análisis sobre los cambios de un país, como el Perú, que haya sufrido o que lo esté sufriendo.

Nosotros podríamos situarnos en el ejemplo de San Petersburgo, con las diferencias políticas y sociales del caso debido a que es una ciudad que fue condenada al subdesarrollo cuando el fantasma del desarrollo invadía occidente y que los habitantes de ella ya empezaban a sentir.

Lima, nuestra capital, es un ejemplo claro que las ideas de Berman pueden estar vigentes, a pesar de la distancia con las ciudades de occidente. En ella podemos observar la apertura de la ciudad a todos sus ciudadanos con su discriminación de clase y delimitación de espacios públicos por parte de algunos sectores de la sociedad, la imposibilidad de negar la pobreza, la desacralización de las artes y las profesiones, la comprensión que el cambio viene de la acción y no del “verbo”.

Definitivamente, una ciudad como Lima nos puede ofrecer muchos de estos “vicios” de la modernidad escudriñando en nuestro pasado y presente, ofreciendo una visión más clara del rumbo que toma (el caos, la enajenación y la alienación), en donde la modernidad llega de a pocos y que afecta considerablemente a la idiosincrasia de un pueblo que se sostiene en su pasado y que se resiste a rehacerse con lo nuevo que le da su presente.



*Todo lo sólido se desvanece en el aire: la experiencia de la modernidad / Marshall Berman, Impreso en México, D.F. Editorial / Siglo Veintiuno, 2006 , 386 p

martes, 8 de junio de 2010

El Libro y las Nuevas Tecnologías

por Carlos Luján Andrade

Durante los últimos años el destino del libro como edición impresa ha sido materia de análisis por diversas empresas dedicadas al rubro de la impresión, distribución y venta, más aún por aquellos que se perciben directamente involucrados como los diarios y las revistas. La reciente popularidad de la tecnología creada para adquirir información antes contenida exclusivamente en las versiones impresas, tales como el Reader de Sony; el Kindle desarrollado por la tienda virtual Amazon; el i Pad de Apple Inc., las laptops XO y la novísima XO-3 del programa “Una laptop por niño” (OLPC) y las múltiples utilidades de la telefonía celular en el caso de los diarios y agencias de noticias, ha puesto la señal de alerta sobre si este negocio podrá subsistir ante este embate de la modernidad. Como ejemplo tenemos a la librería Barnes & Noble Inc. de 40 años de existencia que se ha visto en la necesidad de ampliar la oferta de productos ofrecidos que van más allá de la venta de libros como artículo de papelería, juegos de mesa, sábanas para bebés entre otras cosas., esta gran librería cuenta en sus 719 tiendas con casi 1,75 millones de metros cuadrados (según artículo del Wall Street Journal), de tal manera que dichos cambios son un importante precedente a tomar en cuenta sobre el futuro de otras empresas afín a esta industria.

La caída de la venta de los libros físicos en las librerías es consecuencia de la preferencia por la compra de ediciones digitales en las librerías en línea, dicha opción tiene mayor aceptación debido a que esta oferta es de menor precio ya que no se invierte en tinta, papel, transporte, depósito, etc. por lo que los costos de producción son mucho menores. Según el citado artículo del Wall Street Journal se reproducen las declaraciones de Mike Shatzin, presidente de ejecutivo de la consultora Idea Logical Co. él afirma “Para el final de 2012, los libros digitales representarán entre 20% y 25% de la unidades vendidas en EEUU y añada otro 25% de unidades vendidas en línea, cerca de la mitad de todos los libros vendidos serán por Internet”. Dicha alarmante tendencia del mercado editorial en el futuro hace que se replanteen las actuales estrategias de venta. Podemos agregar la cultura de la lectura por internet, la transformación de los usuarios de la información ha hecho que recurramos a la red para obtener cualquier tipo de conocimiento que por la inmediatez de este servicio, nos hace alejarnos de fuentes que antes eran de obligatoria revisión, como comprar un diario en el puesto de la esquina, surtir nuestra biblioteca con una buena enciclopedia, adquirir revistas especializadas cuando nuestro interés se centraba en temas específicos o un buen diccionario que nos ayude a enterarnos del significado exacto o extensivo de una palaba, así, ellas han perdido fuerza ante la rapidez y gratuidad que la tecnología nos ofrece. Si tomamos en cuenta a las generaciones desde hace quince años, nos percataremos que estos usuarios han aprendido y acostumbrado a lidiar con la información de esta manera.

Comparar las costumbres de adquisición de la información de hace casi 20 años con las actuales resultan ociosas cuando somos testigos vivos de dichos cambios, sin embargo, aún cuando se declare la muerte de las versiones impresas, existen románticos que se resisten a aceptar que el formato impreso va a desaparecer aduciendo razones que podemos denominarlas sentimentales, como el fetichismo de poseer un libro, palparlo y hojearlo así como el proceso de la elección de ellos a las usanzas tradicionales en la interacción especial que se produce con estos centros de adquisición (léase librerías). No obstante, la tendencia actual -que es guiada por las necesidades económicas de los empresarios- no posee contemplaciones al respecto. La campaña que se ha creado para incentivar el consumo de información por la vía digital es abrumadora y contundente en las cifras, aunado a las campañas ecológicas por la preservación del los árboles -materia prima del papel- para evitar la desforestación. Publicaciones periódicas de prestigio tanto en Europa y EEUU vieron disminuidas sus ventas en sus versiones físicas, y en algunos casos cerrándolas para mantenerlas en formato digital.

La cuestión surgida es un tema de mercado que ha incidido en los hábitos de consumo, por lo tanto ¿por qué es un problema o debería serlo la desaparición del libro o las ediciones impresas de los medios de comunicación?, si una gran librería como la Barnes & Noble cierra o cambia de rubro, ¿no es acaso el ciclo natural de toda empresa?, si dicho rubro deja de ser rentable ¿acaso las empresas no migran de actividad? La nostalgia por el formato impreso nos hace resistentes a creer en los cambios a los que estas nuevas tecnologías nos derivan. Vemos que de alguna manera intentamos encontrarles defectos a estas maneras de adquirir información, aduciendo que tanto la escritura como su lectura es diferente al medio impreso (ya existen cursos universitarios de redacción periodística digital). Estudios realizados por centros de investigación europeos concluyen que las personas acostumbradas a leer por internet tienen dificultad para seguir lecturas extensas debido a la sobreoferta de conocimiento que otorga la red y sin quitarle importancia a estas conclusiones -en varios casos bien sustentadas- debemos aceptar a futuro, que esta será la única manera de tener acceso al conocimiento porque las tecnologías pasadas ya no estarán al alcance de las grandes mayorías, quizás en algunas décadas acceder a un texto escrito en papel será muy costoso.

Consciente de esta realidad diversas publicaciones de distintos países, entre ellos España, han optado por una alternativa interesante y estratégica para proteger el mercado de las ediciones impresas. Ellos plantean que la preferencia por la lectura en formatos digitales se debe a los hábitos adquiridos desde temprana edad: antes, para el estudiante promedio, si este requería información para elaborar sus trabajos de investigación recurría a las bibliotecas en donde encontraba libros y revistas impresas, actualmente esto ya no es así, la proliferación de computadoras portátiles, el uso de la internet y las conexiones de las mismas bibliotecas a ella, unido a los eficientes buscadores de la red, como el Google o Bing, aligera la tarea de recopilación de datos, de esta forma, el primer contacto de la nueva generación de lectores con la manera de adquirir información es por la vía digital, además de su gratuidad, una suscripción a un diario o revista es costosa para su presupuesto, por lo que dicha costumbre irá creciendo con los años para llegar a un momento en que se prescinda en absoluto del formato físico. Es así que algunos de estos medios de comunicación han obsequiado suscripciones gratuitas de la versión impresa para los mayores de 18 y menores de 25 años, con esta iniciativa pretenden capturar lectores y futuros clientes cuando alcancen la edad en que tengan un poder adquisitivo suficiente para pagar una suscripción.

Alternativa ingeniosa pero de la que no se sabe sus efectos y más aún, no muy factible para otros medios ya que a consecuencia de la crisis económica reciente y al detrimento de sus ventas producto de la sobre oferta de información gratuita de la internet, sus ingresos se han visto considerablemente mermados y no estaría dentro de su estrategia de marketing obsequiar suscripciones.

El futuro para la versión impresa no es muy alentador, los románticos son sus más fieles defensores, pero la economía de mercado es tirana, si en unos años a una empresa le resulta costoso producir una versión impresa, simplemente dejarán de hacerlo. Las costumbres de los lectores cambiarán y aquellos que aún sentían una fijación por el papel y la tinta impresa dejarán de ser un objetivo importante para las empresas porque con el tiempo irán disminuyendo hasta diluirse completamente. Existen objeciones sobre que un libro no es lo mismo que una versión digital, pero aquellos que la sustentan son de una generación que creció con ella, las nuevas no tendrán esa referencia y con la inmediatez de la época verán en él un objeto arcaico y poco práctico. Los investigadores propondrán maneras más prácticas de adecuar sus estudios a estos nuevos formatos ya que estarán dirigidos hacia estos nuevos lectores criados en pleno auge de la tecnología moderna.

La actividades diarias del ser humano han ido cambiando adecuándose a su desarrollo y evolución de la técnica y de las mismas sociedades, el libro como lo conocemos está llegando a su fin, fue una revolución cultural y social que permitió el acceso de información a millones de personas, generaciones y clases sociales, y gracias a él es que la revolución tecnológica, de la que ahora es víctima, nos permite ir en búsqueda de sobrepasar límites más lejanos. Con las nuevas tecnologías, las imágenes, los videos, los enlaces, la red y la misma escritura harán que se genere un nuevo lenguaje en beneficio de una nueva época.

Descansan bajo la arena de Edward Chauca

La idea de la muerte no está en ella misma. Luego de fallecer, en nosotros no queda más que la nada. Así, todo aquello que reflexionamos o i...