lunes, 16 de marzo de 2020

Los requisitos de la vida.

Una postulante a un puesto de funcionario público extraordinariamente saca un puntaje alto en la entrevista personal, mientras que su CV no está entre los mejores. Dicha postulante obtiene el trabajo y las alarmas se activan cuando nos enteramos que es hermana de una congresista. ¿Cómo pudo pasar eso?, ¿es eso posible?, que alguien pueda estar en las antípodas de parecer alguien competente porque convence con su presencia y labia, pero no cuando se evalúan sus estudios y experiencia laboral.

Podemos decir que en este caso específico es evidente que aquí hay algo del tarjetazo tan común en nuestro país por décadas. Sin embargo, este hecho me trae a la mente un curso que llevé en la universidad. Este se llamaba Psicología Industrial y recuerden que estábamos por el primer quinquenio de los noventas y aún la modernidad no era tan abrumadora como lo es hoy. Ese curso se llama ahora Psicología Empresarial.

En fin, era electivo y ese nombre tan extraño fue lo que me llevó a tomarlo. El tema que escogí para mi nota final de tarea académica fue de la selección de personal. Uno de los tips que recuerdo fue el de la entrevista de trabajo. Entre las muchos errores que se detectaban en estas era el de la simpatía por el solicitante. Ejemplo, si el entrevistador es muy hablador, a este le caerá en gracia el postulante que lo deje hablar, si lo interrumpe, considérese eliminado. Es decir, no se evalúan las capacidades del futuro trabajador, sino con quien el jefe se sentirá más cómodo. He ahí que el parecer un trabajador competente es más importante que serlo.

Otra experiencia que no es precisamente en el tema laboral, sí tiene que ver con la entrevista personal. Cuando llevé un curso en la Academia Diplomática para postular a esta, había un joven afanoso que se sentaba en los asientos delanteros. Prácticamente no dejaba pregunta sin respuesta, pues era el primero en levantar la mano cuando un profesor hacía una pregunta. Resolvía primero las evaluaciones de Economía e Historia. Ese hecho le comenté a algunos compañeros mencionando las capacidades de esta persona. Ellos me desinflaron el globo cuando me dijeron que era la tercera vez que llevaba el curso (ellos lo llevaban por segunda vez) comentándome que si bien conocía los temas, siempre lo jalaban en la entrevista personal. Detalle que no lo puse en duda porque este personaje tenía una conducta anormal (no me pregunten las razones por las que digo esto) Meses después veo los resultados de la evaluaciones, que eran como cinco y eliminatorias, y en la última -justamente la entrevista personal- lo jalaron.

Lo que sí es claro es que el mundo no tiene requisitos taxativos para desenvolverse en él. Si bien es cierto que siempre hay una forma correcta de hacer las cosas, la mayoría de veces no se hacen manteniendo los mismos vicios que hacen de esta realidad errática y conflictiva ya que nos permite mantenernos en nuestra zona de confort. La elección estará en insertarnos a ese mundo jugando sus reglas y triunfar o combatir ese sistema y quizás quedarnos en medio de un camino incompatible con nuestros principios.

La indolencia citadina

En el último libro de Miguel Ildefonso, "Memorias de Felipe", encontramos un pasaje donde un niño lustrabotas se queda llorando porque el cliente se fue sin pagarle. Mientras el hombre se va por un lado, el pequeño se va gimoteando por el otro. Ese hecho me hizo pensar en el contraste que uno puede observar en las estatuas humanas del Jirón de la Unión, que no se mueven un milímetro si no le depositas unas monedas en sus alcancías. ¿Qué distancia existe entre un hecho y el otro? ¿ Dónde muere la inocencia y nace la desconfianza y la practicidad?.
El ser indolente en los negocios no es una cualidad del malvado o del monstruo capitalista obeso y de puro en la boca. El mercado no debe moverse si no hay monedas en la alcancía. No podemos empujar una piedra con intenciones. El motor de todo lo que nos rodea está en el puro y frío intercambio de bienes y servicios. Cuando no entendemos eso lo más probable es que terminemos llorando a moco tendido, pensando que debimos de vivir en un mundo mejor, y claro, no vamos detrás del deudor sino al otro lado, a planear la venganza, la destrucción del sistema que nos deja compungidos y con una gran lágrima en el rostro.

martes, 25 de febrero de 2020

La elección desesperada

No olvidemos que las elecciones electorales son una negociación. Los políticos que desean elegirse están negociando con nosotros. Intentan convencernos de que sus propuestas son las más adecuadas. No obstante, preguntémonos ¿en qué situación nos encontramos? cada uno evaluará cuál es su realidad, pondere su trabajo, salario, vivienda, salud, educación y cualquier actividad o realidad que determine su bienestar. 
Esa es la base de una negociación. Si estás desesperado y crees que puedes dar tu voto a cualquiera que pueda solucionar lo que te agobia de la manera que sea, entonces estás negociando mal. Saldrás perdiendo ya que el político se aprovechará de eso para sacar ventaja de tu situación. Eso lo vemos ahora, tolerando a candidatos que con total cinismo, no admiten sus crímenes y errores porque creen que los ciudadanos no tienen cómo actuar, nos consideran desesperados por llegar a algún trato. Es así que recordemos lo que decía Aldous Huxley: "El fin no puede justificar los medios, por la sencilla y clara razón de que los medios empleados determinan la naturaleza de los fines obtenidos".

Si dejamos que estos candidatos con sus mentiras nos convenzan de su elección, ya sabemos lo que nos espera.

lunes, 24 de febrero de 2020

La honradez rebuscada

Acabo de leer una opinión de un escritor muy lúcido para temas externos pero para los que implica su experiencia personal cae en la nubosidad que lo lleva a la ceguera. En esta explica con falacias o hechos tergiversados una situación que se acomoda convenientemente a su postura. Lo lamentable es la necesidad de justificar su forma de ver la realidad intentando ser políticamente correcto cuando ante el simple análisis de sus actos podemos observar que ha transgredido lo socialmente aceptado. Para ser más claro, si un sujeto es un racista, clasista, discriminador, acosador, machista, abusivo, envidioso, egoísta y todo lo que una sociedad rechaza, no debería justificar esas actitudes como si fueran valores mal entendidos.

Los artistas o escritores no tienen porqué ser buenas personas, menos ser intelectuales a los que necesitemos leer o escuchar su opinión sobre los problemas que nos aquejan como sociedad. Si desean tener actitudes en su vida personal que la sociedad repudia, que las hagan y se atengan a las consecuencias. Pero lo que parece inaceptable es que disfracen sus actos con valores que no tienen. Esa opinión no ayuda en absoluto al esclarecimiento de las razones por las que los seres humanos no gozamos de una plena libertad, al contrario, justifican que no la tengamos.

La libertad de expresión también es un derecho, sin embargo, eso no nos da la potestad para contradecirnos convenientemente cuando la situación se nos hace hostil a nivel personal. La falta de consecuencia es la evidencia que usamos máscaras con la intención que los demás abramos las puertas de nuestra confianza. Pero una vez dentro, nos traicionan con el doble discurso llenando de confusión nuestro sentido común, porque es evidente que nos preguntemos, ¿cómo puede pensar eso quién dice defender aquello? He ahí el daño que ocasionan.

El malagradecido como educador.

El malagradecimiento contamina las buenas acciones. El refrán "haz bien sin mirar a quién" pierde todo su brillo cuando uno se cruza con personas que se lo tienen aprendido no para practicarlo sino para aprovecharse de él. Las buenas acciones deben recaer en las personas que sepan apreciarlas, de tal manera que la cadena de favores tenga efectividad. Caso contrario, para el malagradecido, un favor siempre será insuficiente. Si uno le da algo, pensará que le pudimos dar más, si no le damos, nos acusará de ser mezquinos.

La vida no da tregua, así que no podemos hacer de ella un ejercicio interminable de caridad. Por eso es importante ser selectivos con quienes uno opta por ayudar y alejarnos de quienes sabemos que no aprenderán el significado del dar sin recibir nada a cambio. Cuando estuve en la universidad, me topé con un personaje que me hizo entender algunos de estos conceptos. Al ya casi finalizar un semestre, se me acerca haciendo uso de mi amistad y me pide prestado dinero para pagar la última cuota de su boleta. Y si esta no era pagada, no podría dar los exámenes finales. No recuerdo cuál fue la razón por la que me dijo que no podía pedírsela a sus padres que vivían en provincias. Me prometió y rejuró que me lo devolvería a fin de mes. No sin antes decirme que para mí era fácil ahorrar dinero porque no tenía pareja en ese entonces ya que eso siempre implicaba gasto. Como me pareció que realmente lo necesitaba y sentía lo angustiante de la situación, le presté. El resultado es el que todos suponemos. No me pagó a fin de mes, que era diciembre, se desapareció todo el verano y en el ciclo siguiente no hace mención al dinero adeudado. Como lo correteaba todo el semestre, me pagaba a puchos. Una vez me dijo que me pagaría tal fecha, pero nunca se apareció. Al encontrarlo me sale con lo siguiente: "Luján, ese día te estuve buscando, pero sabes, me gasté la plata, era el cumpleaños de mi enamorada y le compré un perfume con tu dinero. Así que te esperas hasta la próxima semana.", luego soltó una carcajada. Así estuve varios meses hasta que al final me da un último pago y dice: "ojo, ya no te debo nada." Y le respondí que no, que todavía faltaban 50 soles. Sonriendo me agarra del hombro diciendo: "no vas a hacer escándalo por 50 soles. Muy bien no pude pagarte nada." Ya se imaginarán la cantidad prestada para que diga eso. Y cansado y molesto por tanto trote le respondí que le regalaba el dinero.

Era todo un personajillo que sus índices de frescura han sido insuperables hasta la fecha. Sin embargo, también conocí a una persona de la que aprendí a ser generoso y sin pretender más que ver a los demás sentirse bien. Finalmente, ejemplos del malagredicimiento como de la gratitud hay muchos en nuestras vidas. La idea es que tengamos buen ojo para que el balance siempre esté a favor de las personas que podamos saber que pagarán a otros con las buenas acciones que les dimos.

miércoles, 12 de febrero de 2020

Nostalgia electoral

Cada uno fabrica sus propios fanatismos, y no hay ejemplo más claro que las razones por las que elegimos a un candidato en vez de otro. Me pregunto: ¿Por qué un veinteañero votaría por Fujimori o por los que lo representan, si ellos no vivieron en tiempo real dicha época? Muchos dirán que lo hacen por desinformados, que no comprenden las dimensiones de su gobierno corrupto y etc, y no obstante diremos que se aferran a esa ya cansina idea de que nos "salvó" del terrorismo y de la catástrofe económica. Pero, acaso no hacemos lo mismo cuando defendemos la revolución de Velasco o eso del gobierno honesto de Belaúnde. Claro, elegimos lo que nos conviene no porque en realidad lo creamos así, sino porque deseamos simplificar las cosas ante unas elecciones obligatorias.

Con el pasar de los años se van borrando esos "detalles" que nos hacen creer que todo tiempo pasado fue mejor.

PD: en un momento de mi época universitaria, en las que me aburría a conciencia viendo por cable los debates del Congreso, llegué a creer que sería bueno que regresara Alan García aunque sea como congresista para darle algo de buena oratoria a esos debates sosos y agotadores. Al pasar los días me di cuenta de tan bárbara idea y comprendí que ya estaba mostrando signos de una prematura chochez política.

lunes, 10 de febrero de 2020

La jugada de Avelina Lésper.

A la crítica de arte, Avelina Lésper, se le acusa de destruir una "obra de arte" en Zona Maco de México. Es harto conocida la posición de esta persona con respecto al llamado arte contemporáneo y algunos se indignan que haya pasado de la opinión a la acción. Aunque lo que ha hecho Lésper con su palabra es mucho más duro que empujar una "escultura" y hacerla trizas en el suelo.

Sin embargo, aquí ha sucedido algo interesante. Es claro que si destruyes una obra de arte tendrás que pagar por ella. Si se inicia un proceso judicial, se expondrá el verdadero valor artístico y económico de dicha pieza. ¿Qué contenía esa pieza? Era una placa de vidrio con una pelota y un cuchillo que lo atravesaban y era sostenido por un parante. ¿Dónde está el trabajo del artista? En colocarlas como estaban. ¿Será reproducible hacerlo?

La situación del Gabriel Rico, el artista afectado, y la galería es complicada. Un proceso judicial expondría el valor que tiene esta pieza que algunos dicen que costaba veinte mil dólares y otros veinte mil pesos mexicanos. Una distancia considerable que también pone en entredicho los criterios que se manejan para valorizar estas llamadas obras de arte.
Hace ya unos años, un escritor decidió publicar una biografía de Donald Trump donde entre otras cosas, cuestionaba que este personaje sea considerado como el más adinerado empresario inmobiliario del país. Según este autor, Trump estaba muy lejos de serlo. Esto sucedió cuando Trump todavía no era presidente, pero como sabemos, él siempre ha tenido mucho poder. Así que amenazó con demandar a cualquier editorial que publicara el libro. Es así que ninguna de estas casas editoras aceptó el libro por temor a una millonaria demanda. Menos una, esta le dijo al escritor que si se presentara un problema, ellos asumirían el costo legal de la defensa. ¿Por qué lo hicieron? Porque de iniciar un proceso judicial, Trump tendría que probar que lo que afirmaba con cifras el autor del libro era falso y para eso debería exponer públicamente el verdadero valor de sus edificios. Y como sabía que eso solamente probaría las afirmaciones del autor y desmentiría el hecho de autodenominarse como el empresario inmobiliario más rico del país, decidió ignorar la publicación y no demandar.

Quizás la jugada de Avelina Lésper sea colocar en un ámbito real y práctico el valor actual que se le dan a las obras de arte contemporáneo. Exponerlos como son y lo que el sentido común nos dice. Que muchos son solo basura reciclable sobrevalorada.

Descansan bajo la arena de Edward Chauca

La idea de la muerte no está en ella misma. Luego de fallecer, en nosotros no queda más que la nada. Así, todo aquello que reflexionamos o i...