lunes, 20 de diciembre de 2010

Cine peruano: ¿Por qué no imitar el fenómeno Nollywood?

Una cuestión todavía pendiente es el impulso de la cinematografía nacional y que recientemente se ha puesto en debate por la aprobación de la Ley Procine, en la cual se hace evidente el apoyo a las grandes distribuidoras y salas de cine en desmedro del cine nacional. Más allá del debate que los expertos en esta materia puedan realizar sobre las consecuencias de una norma antojadiza para algunos intereses, no debemos olvidar que las normas en sí no son las que determinan los cambios económicos y sociales de un sector, sino que también tienen que estar aunados a las necesidades de los actores involucrados. Una ley, sea del tema que sea, no generará ningún cambio si no obedece a una necesidad real. Me refiero a cuál pudo ser el criterio de imponer un aporte obligatorio de un poco más del tres por ciento de una entrada al cine para la promoción del cine nacional si no hay un incremento de los asistentes a las salas de cine. ¿Por qué hablar de un boom del cine nacional si las películas peruanas son retiradas de las salas cinematográficas a las pocas semanas de estrenadas llevando pocos miles de espectadores en el tiempo que estuvieron en cartelera? y sólo tienen alguna receptividad en los espectadores si las cajas de resonancia exteriores –léase premio, nominación o selección- les dan algún eco corroborando su calidad. Más aún, las películas nacionales no son capaces de venderse por sí mismas porque el público peruano no tiene la necesidad de verlas. Los motivos pueden ser muchos pero nos podemos  aventurar  mencionando que los temas tratados en estas producciones tienen el objetivo de impactar en el exterior en vez de hacerlo en el Perú y no por una cuestión de complejo cultural, sino porque es ahí donde está la publicidad que necesitan para poder vivir de esta actividad. En otras palabras, el cine peruano usa su realidad, sus problemas sociales y culturales para venderse en el extranjero.


Es una actitud lógica, yo vendo mi producto donde me lo pueden comprar, de qué serviría hacer una película que sólo los peruanos la entiendan, si ellos no la van a consumir. De ahí ya planteamos un punto de partida desfavorable para el desarrollo de la industria cinematográfica peruana.

Esta introducción tiene el objetivo de proponer que se impulse un circuito cinematográfico que no dependa de estas multisalas y distribuidoras que siguen la lógica de exhibir lo que más resuena en el extranjero, intentar competir con ello linda con lo absurdo. Una alternativa sería estudiar el fenómeno del consumo de cine en el Perú, es evidentemente que resalta la piratería donde podemos encontrar películas a precios irrisorios, desde 2 a 5 soles dependiendo del lugar donde se adquiera o 15 a 20 en el caso de los Blue – Ray. El consumidor de cine se nutre de las copias que pululan impunemente por todas las calles de Lima y provincias ¿De dónde es que nace el entusiasmo por comprar televisores plasma o LCD, DVDs o sistemas Blue Ray si no hay video tiendas formales? (o pocas como Drugstore DVD), no es necesario tener un doctorado en Ciencias Sociales para deducirlo.

Es ahí donde está el mercado abundante y emergente, y como dice el dicho, si no puedes con ellos, úneteles, quiero decir que el cine peruano debe buscar su distribución en este mercado y para ser más claro lo aconsejable sería repetir el fenómeno llamado Nollywood, el cine elaborado en Nigeria, y que es considerado como el tercer mercado cinematográfico más grande del mundo después de Hollywood y Bollywood, capaz de mover cerca de 200 millones de dólares al año.

La distribución de estas películas son eminentemente en los mercados formales e informales de este país en formatos DVD o VCD,  siendo el costo de las copias dos dólares, vendiendo las más exitosas entre 50 mil copias al año, actualmente existen casi 300 productoras que realizan películas en formato digital. Las locaciones donde se graban se encuentran en la calle misma, con actores amateurs (que luego se profesionalizan de acuerdo a su participación en un mayor número de películas) escogidos en castings que atrae a mucha gente. Se intenta abaratar los costos al máximo para que el producto final no sea vendido a precios excesivos, siendo ellos mismos  sus propios distribuidores.

El éxito de estas películas, que a veces no tienen un trabajo de producción depurado, se debe a que reflejan la idiosincrasia de los pueblos, mitos, leyendas, conflictos familiares, barriales, etc. Son de tanta aceptación que las copias vendidas superan a las de las películas de Hollywood.

Este es un ejemplo de cómo una industria cinematográfica puede crecer sin necesidad de leyes ni los favores de grandes grupos empresariales. Recordemos que Nigeria es un país subdesarrollado con informalidad que adolece de un grave problema urbano en su capital y que a pesar de eso ha podido fortalecer su propia industria.

No podemos olvidar mencionar el fenómeno de las cantantes de música folclórica, donde con videos de escasísima calidad lograron captar muchos adeptos y por ende, hacerlo un negocio rentable. 

Si bien repetir o intentar este modelo puede hacer disminuir la calidad de ciertas producciones, puede hacer que el público peruano se acerque más a nuestro cine y que lo consuma;  y por el otro lado que las productoras también vean incrementado sus ingresos para que paralelamente puedan hacer proyectos de mayor envergadura.

Hay que quitar el prejuicio de que los peruanos no podemos consumir nuestro propio cine, pero el primer paso lo deben dar las productoras, hacer cine independiente no quiere decir que sea cine exclusivo, artístico o conceptual o que hacer cine comercial es imitar a Hollywood, hay que tener mucha creatividad para tomar el negocio del cine en serio y no creo que a nuestros realizadores les falte.


Vídeos sobre Nollywood:

viernes, 17 de diciembre de 2010

Ideas expuestas por Vandana Shiva en "Abrazar la Vida:mujer, ecología y desarrollo"




Vandana Shiva es una intelectual india, defensora del ecofeminismo que critica por ejemplo, la idea de que en el orden simbólico patriarcal se pueden hallar la dominación del varón hacia la mujer, así como la de la naturaleza, a la vez propone “que el movimiento feminista y el movimiento ecologista tengan objetivos comunes”.

El presente texto es una síntesis de su conocido ensayo llamado “Abrazar la vida: mujer, ecología y desarrollo” escrito en  1995.

Dicho libro trata de una manera crítica el tema del progreso y el desarrollo impuesto por la sociedad, donde el conocimiento científico moderno y el desarrollo económico marcaron a la ideología  imperante. Las ideas basadas en estos supuestos han ocasionado el sacrificio de vivir y celebrar la vida en toda su diversidad, dándole un carácter sagrado a la ciencia y el desarrollo.

Tal posición, producto del patriarcado occidental, provoca la destrucción de la naturaleza, depredando los recursos naturales necesarios para una vida armónica. Esta destrucción es el reflejo del actual paradigma del desarrollo del que es necesario salir y replantearlo. El patriarcado del que nos habla la autora es el que ha hecho de la  ciencia y el desarrollo moderno un modelo a seguir, basado en la destrucción y aniquilamiento de la naturaleza  y de todo el género humano. Desde los siglos XV y XVII, la revolución científica marcó la posición de tomar a la naturaleza como fuente de materias primas, transformando la economía de prudente administración de los recursos para el sustento y satisfacción de las necesidades básicas, en un proceso de producción de bienes para hacer el máximo de ganancias.

Es así que producto de esta violencia se instauró una nueva relación en la que el hombre era asociado con el dominio y la superioridad, excluyendo a la mujer de este nuevo proceso científico.

La mujer ante esta situación, se ha alzado contra estas formas patriarcales de desarrollo, analizando las raíces históricas y conceptuales del desarrollo como un proyecto de ideología de género, observando los postulados económicos del patriarcado occidental y el mito, y la universalidad de la ciencia moderna.

I. Desarrollo, ecología y la mujer

El desarrollo como un nuevo proyecto del patriarcado occidental.-

Se planteó cómo es que esta idea de “desarrollo” iba a llegar a todos, dándoles bienestar y comodidad. Los conceptos de desarrollo económico y la utilización de recursos naturales fueron elevados a la categoría de postulados y de aplicación universal. La expansión de la Europa occidental fue la que impulsó la necesidad de generar excedentes y ganancias trayendo con esto la creación de pobreza y el desposeimiento de recursos.

La labor expansiva colonialista fue continuada con el concepto de desarrollo, sosteniéndose en la explotación y la degradación de la naturaleza y la mujer, sometiendo por ende a las culturas oprimidas, los campesinos y los pueblos tribales.

La situación de la mujer se manifiesta en que ellas se empobrecieron durante el régimen colonial, la privatización de la tierra con el objetivo de generar ingresos las desplazó dejándolas con pocos recursos para alimentar a los niños, ancianos y enfermos. La falta de recursos empeoró su situación debido a la carga de trabajo, mermando su salud, nutrición y educación. A la mujer se le privó de la posibilidad de producir sus tierras quitándoles la administración y el control de ellas.

Los supuestos patriarcales de que la naturaleza es improductiva si es que no es  procesada por las técnicas han generado un mal desarrollo, dejando de lado el principio femenino, principio de conservación y el principio ecológico. Estos supuestos se sostienen considerando no productivo o improductivo a todo trabajo que no dé ganancias y no genere capital.

El mal desarrollo es la muerte del principio femenino.-

En las condiciones de subsistencia, la relación masculino–femenino, la interdependencia y complementación de los ámbitos de trabajo estaban basados en la diversidad. El mal desarrollo genera desigualdad en la que la cultura del hombre tecnológico es la dominante, así violando la integridad de los sistemas orgánicos interconectados e interdependientes. La autora llama a esta posición de “reduccionista” porque rompe la unidad cooperativa de lo masculino y femenino, despojando al hombre del principio femenino y poniéndolo por encima de la mujer y la naturaleza.

Dos tipos de crecimiento, dos tipos de productividad.-

El mal desarrollo es llamado comúnmente Producto Nacional Bruto, porque este mide el progreso en función al lote y los bienes y servicios producidos en la economía del dinero. Por lo que la producción de mercancías constituye la principal actividad económica, destruyendo el potencial de la naturaleza y la mujer de producir vida y bienes y servicios para cubrir las necesidades básicas. La mujer es desvalorizada en este proceso porque su trabajo coopera con procesos naturales y porque lo que produce es para satisfacer el sustento necesario.

La “productividad” y crecimiento, consideradas como ideas positivas y desarrolladas generan el elevado consumo de recursos y energía producto del uso de las tecnologías modernas. Al abusarse de esta explotación por parte de las industrias,  los recursos se agotan, no dejando tiempo a que estos se regeneren. El desinterés  por ocuparse de los procesos naturales, al no ser económicos y tangibles, es porque se tornan invisibles ante los ojos capitalistas. La transformación ocurre cuando los recursos son canalizados a la economía de  mercado alejando la posibilidad de estabilidad económica y generando nuevos tipos de pobreza.

Dos tipos de pobreza.-

Aquí la idea de pobreza debe ser separada de la concepción cultural que se tiene, que es la de pobreza de subsistencia de la experiencia material, originado por el desposeimiento y la privación. La pobreza que se percibe actualmente no es necesariamente tal, la economía de los que satisfacen sus necesidades básicas con el autoabastecimiento no son necesariamente  pobres. Sin embargo, la ideología del desarrollo las cataloga así porque no están integradas a la economía de mercado, por ejemplo; se considera pobres a las mujeres si viven en casas construidas por ellas con materiales naturales como el bambú y el barro en vez de vivir en casas de cemento. Es por esta razón que el sistema del mal desarrollo destruye los estilos de vidas sanas y sustentables, y crea la verdadera pobreza material, o miseria, al desatender las necesidades de subsistencia.

La economía basada en la acumulación de riquezas proviene de la colonia en la que la mano de  obra era lo más importante a costa de la extinción de los recursos naturales. Se buscaba la más barata y abundante fuerza de trabajo para producir cada vez más; en cambio, las economías tradicionales sólo usaban los recursos para satisfacer necesidades inmediatas. La diferencia sustancial entre una y otra economía es que la primera satisface las necesidades mediante una cadena larga en que los procesos tecnológicos están involucrados, dejando a los que no posee recursos fuera de ella y que la economía industrial es la que posibilita la satisfacción de necesidades no vitales, todo lo contrario sucede con las economías tradicionales en que las satisfacción es inmediata y justa.

La pobreza de estos pueblos tradicionales es producto de la desigualdad de la actividad económica distribuyendo los privilegios de manera desigual y elevando el consumo de materias primas que a la vez son subvencionadas para las grandes industrias, desfavoreciendo a los que viven de esas materias primas. Los costos de producción de recursos se dividen en distintos grupos económicos pero los que lo soportan principalmente son las mujeres quienes satisfacen sus necesidades básicas directamente de la naturaleza, debido a que carecen de la posibilidad de adquirir los recursos que proporciona el sistema moderno de producción.

Lo que se pone en cuestión es que la vieja suposición de que el sistema moderno aumente los bienes y servicios y elimine la pobreza realmente sea efectiva. Los movimientos ecologistas de mujeres del Tercer Mundo impugnan este sistema, luchando por el destierro del régimen patriarcal de desarrollo e intentando la recuperación del principio femenino que permitirá la redefinición del concepto de crecimiento y productividad.

II. Ciencia, naturaleza y género.

Las categorías reduccionistas del pensamiento y acción científicos han desplazado a la mujer del trabajo productivo para hacer de la ciencia el instrumento de uniformidad, centralización y dominación de la explotación de los recursos. El principio femenino en consecuencia se ve relegado ya que este representa lo opuesto a la manera actual de concebir el mundo, interconectando la diversidad de la naturaleza, usando la no violencia.


La ciencia moderna como proyecto patriarcal.-

La ciencia moderna se presenta en la actualidad como neutral y universal desplazando a cualquier tipo de conocimiento alterno pero esta idea que persigue valores propios es producto del saber científico en que se subordina a la naturaleza como a la mujer.

Bacon, uno de los padres de la ciencia moderna, en el siglo XVI,  creó este sistema de investigación que beneficiaba a un grupo de empresarios europeos de clase media, en la que hacía coincidir en la ciencia el conocimiento humano y el poder, contribuyendo a establecer la dicotomía entre macho y hembra, espíritu y materia, lo objetivo y lo subjetivo, lo racional y lo emocional; y una unión entre la dominación masculina y la científica sobre la naturaleza, la mujer y lo no occidental. Este método, bajo las circunstancias presentadas, no era neutral sino que era agresivo para la naturaleza y la mujer, para Bacon la naturaleza no era madre sino la hembra conquistada, transformándola de madre viva y nutricia en una materia inerte, muerte y manipulable. Así, ciencia y masculinidad se unían para dominar la naturaleza y la feminidad.

Durante tres siglos el reduccionismo fue el único sistema y método científico válido y deformó la historia de los occidentales como de los que no lo son. Esta ideología (la patriarcal) oculta tras otra ideología (la del progreso y desarrollo) ha transformado complejas y pluralistas tradiciones de conocimiento en una sola, en la que el saber científico con su pretensión universal se superpone a las demás culturas.

Las sociedades no occidentales y las mujeres se han percatado de este hecho y están revelando lo tendencioso  que es desde este punto de vista del género, la manera en que responde a las necesidades e impulsos de la cultura occidental dominante.

Actualmente esta visión de dominación está cambiando respecto al medio ambiente, los ecologistas siguen las creencias propias de los pueblos indígenas, en la que la tierra no pertenece al hombre sino el hombre pertenece a la tierra y que el hombre no debe de tejer el hilo de la vida sino que él es sólo un hilo y que todo lo que le haga a la tela lo hace a sí mismo.


La violencia del reduccionismo.-

El reduccionismo es denominado por la autora a la particular tradición epistemológica de que la “revolución científica” tiene al patriarcado occidental moderno de conocer la naturaleza al excluir a otros sujetos y otras formas de conocimiento que no sea el científico. El criterio ontológico y epistemológico del  reduccionismo se funda en la homogeneidad y que parte que todos los procesos son mecánicos.

Lucro, reduccionismo y violencia.-

Se produce porque la ciencia moderna está relacionada con la violencia y el lucro, ya que se basa en la descontrolada explotación de los recursos. Las empresas privadas o estatales, usando este criterio, miden su productividad, solamente en función a su eficiencia y lucro, sin percatarse de los costos ecológicos y sociales de su entorno. Un ejemplo claro de este reduccionismo se encuentra en la utilidad que se le da a un bosque, este para el industrial es madera comercial que se reduce a celulosa para las industrias que fabrican pulpa de madera y papel, todo esto puede ser manipulado genéticamente para que dé más producción.

El paradigma reduccionista plantea su visión desde una sola perspectiva, lo que le impide ver el funcionamiento de las economías de subsistencia de las mujeres que producen y reproducen en armonía con la naturaleza y que tienen conocimientos alternativos que están encaminados a buscar beneficios sociales y de subsistencia.

Este reduccionismo no desplazó a las otras formas de conocimiento por una competencia de eficacia y beneficio sino que fue impuesta por las políticas y programas de desarrollo que buscaban apropiarse de la naturaleza con fines lucrativos. Y con el fin de que este sistema se mantenga, las instituciones que imparten enseñanza sobre agricultura, medicina y silvicultura instruyen selectivamente a la gente en los paradigmas reduccionistas -en nombre de la agricultura, medicina y silvicultura “científicas”- para establecer la superioridad de la ciencia reduccionista. La idea del reduccionismo se consolida cuando se vincula a la naturaleza con la perspectiva de que si no genera dinero no posee ningún valor, desapareciendo de ella el valor orgánico.

Esta destrucción de los sistemas ecológicos producto del reduccionismo trae como consecuencias:  la violencia contra la mujer, ya que la diferencia experto– no experto las deja a las mujeres en muchos casos como carentes de conocimiento, la violencia contra la naturaleza porque se destruye su integridad y se le manipula indiscriminadamente, la violencia contra los beneficiarios de los conocimientos porque alega primero que el pueblo se va a beneficiar del conocimiento científico y luego lo convierte en víctima; y finalmente se produce la violencia contra el conocimiento ya que se pone como el único y válido.

Dos tipos de hechos.-

El modelo científico tecnológico asume que existe una diferencia entre el mundo de los valores y el mundo de los hechos; y que los problemas y las fuentes de violencia se reflejan en el primero, en cambio ellos se ocupan de los hechos en donde se atribuyen el haber descubierto propiedades y leyes, siendo su conocimiento “objetivo” y “neutral”.

Esta posición es cuestionada ya que la ciencia avala la suposición de que las categorías construidas socialmente son producto de un sistema cultural, patriarcal occidental y burgués.

Dos tipos de racionalidad.-

Se cuestiona la idea cartesiana de que con el estudio de las partes se va comprender el todo, ya que la idea reduccionista del método científico ha hecho que el objeto de estudio sea aislado de su medio natural sin observar la relación con otros objetos y el observador. Es así, que el experimento controlado fue una alternativa política de someter a la naturaleza y en consecuencia obtener poder. Es por eso que todos los procesos de estudio fueron orientados a obtener un beneficio para el capitalismo comercial (transformando la naturaleza y la sociedad).

La ciencia reduccionista no considera que existen otras propiedades que deben ser tomadas en cuenta, que hay otras formas de percibir y conocer el entorno; y que no se permite el acceso al conocimiento a las personas no especialistas en las áreas que estudian. Es así que la estructura de la metodología es más política que científica.

Crisis moderna y crisis ecológica.-

Si bien hace un tiempo se consideraba a la ciencia que podía reducir sus conceptos a la mera verificación  con la realidad y que existía la imposibilidad de  verificación de los enunciados científicos porque no había un vocabulario que distinguiera su neutralidad, hoy se sabe que estos presupuestos eran producto del mundo social de los científicos y no son determinados por el mundo natural. Por lo que se hace imposible distinguir los mitos del pensamiento tradicional y las metáforas de la ciencia moderna, es por eso que al conocer más de cerca la teoría y práctica de la ciencia moderna y del pensamiento tradicional obliga a que la distinción entre lo que es lo sobrenatural y lo natural ya no se mantenga.

De esta manera se puede sacar al método científico de la posición privilegiada y  elevar al conocimiento tradicional a la categoría de etnociencia. La pregunta latente es si esta forma de cambio de pensamiento traerá algún desarrollo o evolución. La respuesta aún no es clara pero se deberá en un futuro evaluarse materialmente los resultados de la eliminación del dualismo que separa el pensamiento de la acción y la creencia de la práctica.

La línea divisoria entre lo natural y lo no natural.-

Aquí está presente el conflicto de cómo se deberá evaluar estos resultados materiales de ciertos postulados científicos. En primer lugar se pueden limitar a experimentarlo en un laboratorio (ámbito especializado) y en segundo, llevarlo a un lugar natural. Para la evaluación de una perspectiva ecológica lo más recomendable es esta última. Ya que si bien existen artefactos que pueden emular condiciones naturales no reemplazan los procesos naturales que aseguran la supervivencia humana.

Es ahí donde la etnociencia interviene y que si bien para la perspectiva lineal del método científico esta incursión le pueda parecer un retroceso, la historia reciente ha demostrado que en ciertas esferas de la actividad humana es posible y deseable efectuar un pensamiento y acción ecológicos. Esta manera de evaluar ciertos postulados científicos permitirá  conocer la manera de conservar el mundo comprendiendo la capacidad humana de hacerlo.  Es así que se reclama que los experimentos y creencias científicas no se limiten a especialistas sino que se incluyan a los principales involucrados como las mujeres, campesinos y pueblos tribales. De esta forma se podrá recuperar intelectualmente el principio femenino para conseguir la preservación de la naturaleza.


III La Mujer en la Naturaleza.

La naturaleza como principio femenino.-

En la cosmología india, el mundo es producido y renovado por el juego dialéctico de creación y destrucción, cohesión y desintegración, de la tensión entre estos dos opuestos aparece la energía dinámica (Shakit), esa energía primordial es la substancia de todo y su primera manifestación es lo que recibe el nombre de naturaleza (Pakriti). La naturaleza, animada e inanimada, es así una expresión del Shakti, el principio femenino y creador del cosmos; conjuntamente con el principio masculino (Purusha), Pakriti crea el mundo.

Pakriti es valorada como la que posee actividad, fuerza poderosa y productividad, mientras que  Shiva es el símbolo de la fuerza de la creación y la destrucción es sólo inerte. Aquí la Madre naturaleza es la que da la vida, a diferencia de la idea reduccionista en que existe una dualidad y dicotomía entre hombre y mujer; y hombre y naturaleza.

La naturaleza es vista como expresión creativa del principio femenino y tiene una ontología unificada de los seres humanos y no separada. No hay distinción entre hombre y mujer porque ambos surgen del principio femenino. Es así que en esta unidad dialéctica hay una diversidad, una armonía.

Pakriti como encarnación del principio femenino se caracteriza por:

q  Creatividad, actividad y profundidad;
q  Diversidad en forma y aspecto;
q  Conexión e interrelación de todos los seres, incluso los humanos;
q  Continuidad entre lo humano y lo natural; y
q  Santidad de la vida en la naturaleza


Es de esta manera que el dualismo entre hombre y naturaleza, propio de la visión reduccionista es contrastada con esta perspectiva, para ellos la naturaleza era inerte y pasiva, uniforme y mecanicista, separable y fragmentada dentro de si misma, separada del hombre e inferior, para ser dominada y explotada por el hombre.

La visión ecológica india de la naturaleza está basada en una ontología de lo femenino como principio de vida y en una continuidad ontológica entre la sociedad y naturaleza: la naturalización de la sociedad y la humanización de la naturaleza.

Para la mujer india la muerte de Pakriti es el comienzo de su marginación, desvalorización, desplazamiento y prescindibilidad última.

La naturaleza y la mujer como productoras de vida.-

La mujer ha estado involucrada en las sociedades ecológicas que se sustentaban bajo el principio de la reproducción de vida en toda su riqueza pero al ser colonizadas estas sociedades fueron liquidadas. Los hombres han participado en actividades que destruyen los recursos mientras que la mujer siempre ha permanecido ligada a la vida y a la naturaleza a través de su función de proveedora de sustento.

Si bien, en las sociedades consumistas del mundo moderno la mujer ha perdido el principio de crear y conservar a vida, esta función en los hombres y mujeres de los bosques y campesinos ha permanecido.

La relación de la mujer con la naturaleza es reciproca porque no sólo se abastece de ella sino que también crece en la naturaleza y hace crecer las cosas, su apropiación de los recursos no constituye una relación de dominación sino de cooperación. La productividad de la mujer está basada en la subsistencia a diferencia del hombre que lo que produce son mercancías, transformando la materia prima en producto industrial que bajo el sistema capitalista le permitirá acumular capital.

Adam Smith, decía que el trabajo masculino era la fuente de dinero y que otorgaba la satisfacción de todas las necesidades de la vida, convirtiendo, así  la riqueza creada de la naturaleza  y el esfuerzo de la mujer en invisible. Esta situación en la que se desvaloriza y no se reconoce el trabajo y la productividad de la naturaleza han provocado las crisis ecológicas,  el descreimiento  y el no reconocimiento del trabajo femenino que ha contribuido al sexismo y la más marcada distinción entre los hombres y las mujeres.

La actual crisis que se vive por la explotación del medio ambiente es acusada por el mundo occidental y de quienes lo siguen, la falta de conocimiento de la creación silenciosa de recursos por parte de la naturaleza quiebra el equilibrio y la armonía que son necesarias para su desarrollo. Justamente por esa indiferencia es que el principio femenino es importante ya que está basado en la estabilidad y sustentabilidad necesarios.

La mujer es la representación de ese trabajo silencioso que proporciona sustento y crea riqueza para satisfacer las necesidades básicas, dando  la materia de vida a la naturaleza y a las personas. Por esa razón que su manera de interactuar con la naturaleza es menos agresiva y que permite la renovación de los recursos (ríos, bosques, campos), imprescindibles para el sustento.

Una alternativa que tiene la mujer para optar por liberarse de la perspectiva actual que se tiene de desarrollo se encuentra en la impugnación de los conceptos, categorías y procesos que han creado la amenaza a la vida, proporcionando nuevos, enriqueciendo con ello la vida en la naturaleza y la sociedad. Para esto se debe de reconocer a la naturaleza y a la mujer como productoras de vida y sólo esto es posible si es que se acepta la idea del mal desarrollo como la fuente de la violencia contra la naturaleza y la mujer; y que no se puede encontrar alternativas siguiendo este modelo. Por eso se debe impulsar la creación de nuevos paradigmas intelectuales ecológicos, en la que la mujer tenga un papel central  para detener el daño ecológico.

La  actual condición marginada de la mujer y sus conocimientos holísticos  y ecológicos le dan la posibilidad de conocer mejor la amenaza debido a que tienen que luchar contra ella, una facultad que los privilegiados de los grupos dominantes no la pueden poseer. Las mujeres participantes en movimientos ecologistas de la india no abordan el tema de la mujer sólo como víctimas sino que aportan nuevas categorías de pensamiento en el que se lucha contra las categorías convencionales del patriarcado. Si bien el tema de la mujer y el medio ambiente ha sido tratado con anterioridad, la autora  considera que en la actualidad estos son tratados como si fueran “una sola cosa”, que contrarresta el mal desarrollo patriarcal.

El abordar el problema de la mujer y la ecología no va a dar ningún progreso, porque sólo se podrán conseguir concesiones dentro del mal desarrollo. El tema de género, en la actualidad, sólo busca “ponerse a la altura de los hombres” basándose en que lo masculino es superior, impidiendo la posibilidad de recuperar el principio femenino de la naturaleza y la mujer.


La ideología del género versus la recuperación del principio femenino.-
                                                                                                    
A la autora le parece que las categorías de lo masculino y  lo femenino están construidas por la sociedad y la cultura pero la ideología imperante nos hace creer que están fundadas en la biología. Así, a la mujer se le ha excluido de todo lo que se considera desarrollo imponiendo la idea de la mujer como un “otro”.  A partir de esta relación asimétrica parten dos puntos de vista: la de Simone de Beauvoir donde la diferencia de género se encuentra establecida por la biología y que la condición de segundo sexo le corresponde a la mujer por lo que su liberación consistirá en la masculinización de ella, así Beauvoir considera que lo masculino es superior y las mujeres son libres de aceptar estos valores. Lo femenino es lo pasivo, débil e improductivo y cree que lo masculino suscribe el mito del hombre cazador y productivo. Pero la autora afirma que la posición de Beauvoir es refutada científicamente en la actualidad porque se ha demostrado que la supervivencia de la humanidad se ha desarrollado mejor en la época de la “mujer recolectora” que en la del “hombre cazador”. María Mies, argumenta que la relación del hombre cazador con la naturaleza ha sido violenta, destructiva y depredadora y así se ha estructurado la ideología patriarcal en que la violencia y dominación han sido tomadas como un componente principal, por lo que el hombre cazador para la naturaleza es “básicamente un parásito, no un productor”.

Por otro lado, Herbert Marcuse ve la liberación como una feminización del mundo, negando el principio masculino de la fuerza mental. Pero mantiene la idea que Beauvoir tenía de que lo femenino y lo masculino son rasgos naturales, que están biológicamente definidos, encarnando la mujer no sólo la receptividad sino la ternura, la sensualidad y la promesa de paz y alegría.

Tal dualismo es el que ha sostenido la ideología patriarcal por lo que es necesaria la existencia de un tercer concepto en el que lo masculino y femenino sean conceptos relativos y que no sean exclusivos ni de uno, ni de otro. Así, el principio femenino no está encarnado sólo en la mujer sino que es el principio de actividad y creatividad de la naturaleza, la mujer y el hombre. 

El recuperar el principio femenino permitirá tener una respuesta al principio de dominación y privación que hacen padecer no sólo a las mujeres, sino a la naturaleza y a las culturas no occidentales. El principio femenino recuperará en la naturaleza, la mujer y el hombre formas de creativas de ser y percibir, cambiando el concepto de  destrucción  por creación, construyendo una ideología  productiva y a la vez regeneradora.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

¿Por qué Mario Vargas Llosa no fue un escritor residual? (apuntes sobre la comarca literaria peruana)


Hace unos  días el escritor peruano Mario Vargas Llosa, Premio Nobel de Literatura 2010, fue distinguido como Hijo Adoptivo de la ciudad de Madrid y en el discurso pronunciado en dicha ceremonia dijo lo siguiente: “Sin España, sin sus editores, sin sus críticos, sin sus lectores no hubiera sido el escritor que he llegado a ser… Aquí decidí que iba a trabajar en sitios que me permitieran concentrar el mayor número posible de horas en la literatura. No podía ser escritor de domingos y feriados, como en el Perú, porque no hubiera sido escritor, como mucho ahora sería un aficionado… y nunca podré olvidar que aquí fue donde vi, por primera vez, un libro mío con mi nombre impreso en su portada en letras de molde…”. Igualmente frases similares les dedica a Francia, en su reciente discurso de aceptación del Premio Nobel de Literatura. Estas palabras no deben  pasar desapercibidas porque ellas contienen una verdad que se ha ido arrastrando desde hace muchos años en nuestro país: la imposibilidad de dedicarse a una actividad de manera profesional y a la vez destacada a nivel internacional debido a la falta de exclusividad de tiempo. Esto podría ser explicado con conjeturas de índole social, económica e histórica, más aún sabiendo que son pocos los ejemplos que se pueden obtener de personas que hayan tenido la oportunidad de dedicarse exclusivamente a una actividad que les permita destacar, ya que la primera cualidad que debe de tener es el talento y saber usarlo.

Sin embargo, a pesar de eso, no es necesario que muchas personas se dediquen a las tareas intelectuales para que una sociedad se desarrolle. Pero sí que  esas pocas sean producto de un proceso de selección donde los más capaces vayan quedando en la cúspide de la pirámide, es así que los más capacitados lleguen a ser quienes disfruten de la posibilidad de consagrarse de por vida a la especialización y así contribuir con el desarrollo de su actividad. Continuando con lo dicho por Vargas Llosa, se puede inferir la disconformidad con la sociedad peruana, donde entre líneas nos dice “Si hubiera sido por el Perú, sería un escritor mediocre, felizmente me vine a España donde sí pudieron reconocer mi talento”. Y no está equivocado, por años hemos visto que lo que aflora con visos de destacar entre la mediocridad social es arrancado de raíz debido a la nula meritocracia y el miedo al desvelamiento de la medianía. No se da facilidades para el crecimiento intelectual sino más bien trabas, el exceso de conocimiento y capacitación causa desconfianza y rechazo porque esta significa el cristal reflector de la mediocridad de quienes detentan algún poder. Y producto de ese orden social (o desorden)  es que se permite que los que no poseen  méritos sean los beneficiados de los privilegios de la especialización, pues se excluyen a quienes no pertenezcan al círculo, amantes del statu quo. Un innovador remece al sistema, el ingenio renueva y el conocimiento descubre la ignorancia y eso es lo que se pretende impedir.

No es extraño que intelectuales y científicos de nacionalidad peruana que destacan en el extranjero deban su éxito a esfuerzos personales y en el mejor de los casos a beneficios que instituciones o estados foráneos le han permitido gozar. El renacer del orgullo nacional no se debe a que nuestra propia sociedad desde sus propios cimientos se haya revalorado, sino a que en el exterior se ha reconocido el esfuerzo cultural e intelectual de nuestros compatriotas o de nuestra propia cultura, por nosotros ignorada. Y ¿qué nos impide como sociedad ver estos méritos, este valor?, ¿Qué nos impidió darle a MVLL la posibilidad de destacarse exclusivamente como novelista? ¿Qué nos ha impedido admirar nuestra cultura, cocina, literatura, etc. desde nuestra propia perspectiva? Más aún, es significativo que se observe la premiación del Nobel de Literatura a nuestro escritor como un logro  personal, cosa impensable si hubiera sido otorgado a un español, ya que sus ciudadanos son conscientes que su sistema político y social es el que impulsa a sus representantes de la cultura a ubicarse en el podio de las letras universales.

Si deseamos responder dichas preguntas también es necesario plantear otras: ¿A quién le estamos dando el mérito?, ¿Quiénes gozan de esos beneficios negados a los talentosos? Tal vez no sea pertinente generalizar, pero si el agua es salada es porque por más azúcar que le eches y sigue siendo salobre, se debe a un exceso de sal, representando a lo salino como lo mediocre.

Para saberlo tenemos que considerar una nueva estructura social con las nuevas reglas impuestas, pues evidentemente nadie permanecerá conforme e inactivo ante un panorama como el presente. Los más optimistas dirán, que en caso de la literatura se dan  más oportunidades a escritores noveles, lamentablemente eso no es del todo cierto. El que existan más editoriales no garantiza que estas publiquen libros de calidad. Ya que la reacción tampoco es producto de un nacimiento de un espíritu meritocrático, sino más bien nace por una compulsión por imponer su propio círculo de medianería ya que de otros han sido excluidos. Queda como interrogante sobre la calidad de los miembros de los comités editoriales que seleccionan las obras a publicar, más aún, la situación se torna alarmante cuando nos enteramos que la única manera de que un libro salga a la luz es que sea financiado por uno mismo, es decir que el propio escritor tiene que invertir para poder llegar a ver su trabajo publicado, él único filtro entre un borrador y una librería es el propio ego del autor. Esto nos lleva a la deducción de que las estanterías se abarrotan de libros de dudosa calidad, con temas superfluos, pobreza léxico, prosa inclasificable y aficionada.

La salvación editorial independiente peruana proviene de ese contingente de escritores amateur o de domingos (aunque hay honrosas pero escasas excepciones), esos que MVLL evitó ser por irse a España. Esto también es producto por la falta de exigencia del público que se tiene como objetivo, más atento a la apariencia que al contenido, incapaces de determinar con su propio criterio el trabajo de valor si es que este no tiene todos los reflectores encima. La escasa educación, el pobre criterio estético, conceptual y una serie de factores sociales son los causantes de que estas soluciones editoriales tengan la aceptación debida. Pues no se puede determinar con propio criterio lo que realmente tiene valor cultural o intelectual, confundiendo la farandulesco con lo relevante. Así, el ambiente donde los escritores e intelectuales se deben desenvolver estará enrarecido con el tufo a una compulsión por la notoriedad, dejando de lado la seriedad y la profesionalización de su actividad. La desesperación por parecer, más que llegar a ser, toma por asalto las letras. En esta vorágine mediática donde todos corren hacia el haz de luz que se pasea por el escenario, degenera el concepto último de la literatura o el pensamiento.

Se busca temas polémicos, hechos sórdidos, coyunturales, elementales o espectaculares para que el foco de atención se pose sobre ellos, perdiendo la objetividad y la brújula, optando por darle importancia a lo no importante. Y esto ayuda al objetivo de parecer antes que ser, nuestros literatos de domingos buscan ser reconocidos en vez de serlo y una vez que los medios o su entorno social los reconoce como tal, dejan de querer parecer porque sienten que ya lo son. Como vemos, dicha actitud lleva a que la medianería sea una moneda corriente en las letras peruanas, se puede consagrar a un escritor que tenga pocos méritos literarios pero abundantes mediáticos. Círculos mediocres detentan la hegemonía de los medios de comunicación que despotrican contra los que no son de su clan, pero que engrandecen aquello que se parecen a ellos.

Este es el entorno con el que un escritor debe batallar, cómo puede un profesional de nivel desenvolverse en este manto de mediocridad que cubre la literatura peruana. La poca autocrítica nos impide exigirnos en nuestro análisis debido a que estamos atados a este mundo de las apariencias, no hay frase más clara para graficarlo como el dicho que nos dice que en el país de los ciegos el tuerto es rey.

La imagen que se proyecta de la realidad peruana no es ajena a quienes se sienten partícipes de ella. Cierto sector literario e intelectual afirma que el estilo de vida que lleva un individuo dedicado a las ideas y las letras afincado en nuestro país ejerce esta actividad de manera “residual”, es decir que con lo que les sobra de tiempo mayoritariamente dedicado a su trabajo, es que se especializan y producen; y de no emigrar corren el riesgo de permanecer en ese estado residual. Lo que se puede deducir de esto es el nacimiento del prejuicio de que todo lo foráneo tiene calidad, y que si bien existen motivos considerables para afirmarlo, no es por las causas que se justifica, como la idea de que nuestra cultura y sociedad es inferior. Sino que la misma mezquindad intelectual y literaria es la que lo genera en primera instancia.

Antes de pasar al siguiente punto desearía exponer que la predilección por lo foráneo cae en inconsistencias flagrantes, se puede mencionar un par de casos donde se halaga desmesuradamente (con amplia cobertura mediática) a un autor literario que ha sido reconocido con premios eminentemente comerciales y a otro autor cuya nacionalidad es peruana pero el idioma en el que escribe es el inglés, considerando como un escritor prometedor de las letras norteamericanas.

Estos dos hechos son representativos pues hace unos meses el primero de ellos fue criticado lapidariamente por un respetado presentador de un programa cultural por carencias elementales del uso del lenguaje; y por otro lado por la poca profundidad de los temas abordados e inconsistencias documentales por otros respetados críticos y comentaristas literarios. En el caso del escritor peruano norteamericano, lo que ha llegado al Perú son traducciones que reflejan si bien redacción sencilla y  buen oficio en su escritura, muestran un Perú alucinado, muy interesante para un público norteamericano que no conoce nada o poco de la realidad del país y tal vez atractivo para un público amante de lo fantástico pero no alcanza su calidad para ser representativo de la literatura peruana contemporánea. La defensa de este tipo de escritos se basa en que están destinados a un público extranjero  -han sido traducidos a una decena de idiomas-  en otras palabras se nos dice que no fueron escritos para lectores peruanos. A pesar de esto, se les sigue manejando como referentes literarios peruanos.  Es por eso que hemos trastocado la idea de lo que es valioso como literatura y  valioso como comercio, confundiendo que el mérito debe llevar intrínseco su éxito publicitario y comercial pues no importa el criterio que lo foráneo use para valorar lo nuestro, lo importante es que lo haga para así explotarlo. Mientras que la literatura provinciana es ignorada y menospreciada.

Luego de este paréntesis nos podemos plantear la siguiente pregunta: ¿Qué motiva a los diversos sectores a poner trabas al desarrollo literario y de las ideas? Aquí podemos volver a mencionar el sectarismo, pues así como se siente la necesidad de la diferenciación del resto, se quiere institucionalizar los requisitos del éxito literario. Reconociendo a autores que llevan el mismo camino que los ya reconocidos trazaron, sin considerar si el resultado de ello lleva a un producto de valor cultural. La angurria por el reconocimiento los lleva a poner zancadillas a lo que fértilmente puede surgir.

El libro Liderazgo Centrado en Principios de Stephen Covey, expone la idea de que existen dos tipos de pensamiento que tienen los individuos ante una situación del éxito ajeno, el pensamiento de escasez y el pensamiento en abundancia; se refería al primero al generador de la envidia, los celos y el resentimiento, ve al éxito como un bien único que solamente uno sólo lo puede alcanzar y una vez que este ha sido obtenido por otro simplemente ya no queda otra opción que ser mediocre, en el caso del segundo tipo de pensamiento hallamos que ante una situación similar, lo que se genera es la ansiedad, el deseo de obtener aquello que otro ha logrado, es el motor inspirador que motiva también a dar lo mejor de uno para también tener éxito, pues lo ve como algo abundante, que cualquiera lo puede alcanzar también si es que se lo propone.  Obviamente, el primer pensamiento es moneda corriente en la mediocridad, inculcado en aquellas personas que no confían en sus capacidades y es así que prefieren no darle la más mínima ventaja a quienes se encuentran en la senda correcta.

Lo que impera desde hace muchos años es ese pensamiento en escasez, donde la neurosis por no tener el reconocimiento social nos hace ser mezquinos con el prójimo. Los elogios no faltan en los círculos medianeros, pero fuera de ellos  lo común es la mezquindad y la desconfianza.

No debemos de olvidar que esa mezquindad está unida a conceptos de clase y raza, y que si bien son en el Perú ideas casi sin sustento real comparados con otras sociedades donde estos problemas son manifiestos, aquí se intenta forzarlos recurriendo a ellos para justificar sus actos.

La sociedad forjada en base a los méritos nos es ajena, no hay expresión más clara que la dicha por nuestro premio nobel. Algo anda mal en la valoración de nuestra sociedad y hombres de cultura. La autocrítica peruana debe de ser más exigente, si deseamos idolatrar o admirar a nuestros referentes culturales, no lo hagamos porque otros, desde muy lejos, los señalen como tal, sino busquemos los principios, estética, fundamento y contenido local que nosotros mismos hallamos generado para poder exigirnos con criterios saludables para la cultura. Sería otra la historia si a Mario Vargas Llosa, en sus años de juventud, una editorial peruana hubiera apostado por él, si los lectores peruanos hubiéramos elegido por voluntad propia como el máximo referente de las letras peruanas, pero esto no ha sido así, fue España quién le dio todo (se le intentó quitar la nacionalidad, se le difamó por muchos años y hasta el canal del Estado ignoró en su transmisión su discurso de aceptación del Premio Nobel, ¡Cuánta mediocridad se muestra en ese gesto!). La lección dada luego de su discurso dado en aceptación del Premio Nobel es la gratitud y afecto hacia todas las personas que lo hicieron escritor, porque no solo el reconocimiento de tu país es importante sino también el amor que este te da. Si no comenzamos a apostar por nuestro propio criterio para valorar las cosas con seriedad y generosidad simplemente tendremos como ahora, intelectuales y escritores que sólo sirven para decorar las mesas de cocktail pero que no representan el sentir real de nuestra compleja sociedad, mientras que los de valor se pierden en un execrable anonimato.


domingo, 28 de noviembre de 2010

“La ciencia como vocación” de Max Weber




Algunas ideas expuestas por Max Weber en su conocido texto "La ciencia como vocación"


1. ¿Qué significado tiene el trabajo científico para un profesional con vocación de acuerdo a Max Weber? ¿Qué significa tener vocación?

Para Max Weber, la ciencia se encuentra en una etapa de especialización y que sólo el profesional científico llegará a la certeza de haber logrado lo verdaderamente perfecto si opta por este camino. La especialización le dará al investigador científico la seguridad de descubrir algo duradero. Max Weber menciona que sólo los que “sean incapaces de ponerse anteojeras” nunca poseerán la “experiencia personal” de la ciencia y que sólo aquellos que opten por el camino de la delimitación del área de sus estudios tendrán una vocación para la ciencia.

El tener vocación no sólo es poseer entusiasmo, así sea sincero, también es necesaria la inspiración, queriendo decir el autor que no sólo se deber ver la investigación como un trabajo frío y mecánico en donde los problemas serán resueltos en laboratorios o en sistema de respuestas estadísticas, sino que se debe de poseer “espíritu y corazón”. La mente generará la idea, y dicha idea jamás podrá surgir si esta es forzada.


2. ¿Cómo surgen las ideas?

Las ideas se preparan sobre el terreno de un trabajo duro, pero no da garantía de que ellas surjan siempre de esta forma. El que la origina puede ser un diletante como un especialista, diferenciándose uno del otro de que uno no posee sistema y el otro sí. Dice Weber que la idea no es un sustituto al trabajo, ni el trabajo duro puede lograr las ideas, ni tampoco el entusiasmo. Sino que el entusiasmo y el trabajo producen conjuntamente las ideas.


3. ¿Qué significa en términos del autor que: “la intelectualización y racionalización crecientes no indican un mayor conocimiento general de las condiciones en que vivimos? Entonces ¿Qué valor tiene la ciencia? ¿Para qué es útil?

Su valor es el determinar qué de nuestro conocimiento no está condicionado a fuerzas misteriosas incalculables, que podemos encontrar el porqué de muchas cosas mediante el cálculo. Los medios técnicos y los cálculos cumplen la función de  descubrir el conocimiento.

Lo que ofrece la ciencia a la humanidad es el darle una nueva visión, fuera de sombras y artilugios, para ofrecerles la existencia real de las cosas. Aunque para el autor, la juventud piensa por el contrario que las construcciones intelectuales le servirán para lograr un ansiado dominio irreal  de las abstracciones artificiales, aunque nunca logran alcanzarla.


4. ¿Qué implica para la investigación científica que:

a) “La tarea primordial de un profesor útil es enseñar a sus alumnos a reconocer los hechos “inconvenientes”, me refiero a los hechos convenientes para las opiniones de su partido”, y que
b) “Una cosa es adoptar una posición política práctica, y otra es analizar las estructuras políticas y las posiciones de los partidos”. ?


4. a) Esta necesidad del profesor se encuentra cuando desea darle una importancia práctica a lo que va aportando a sus oyentes. Es decir, que debido a que los partidos se enfrentan a hechos inconvenientes es función del intelectual hacerles percibir a su audiencia el acostumbrarse a dichos hechos. Que lo que exprese su opinión tiene factores que de por sí no concordarán con la visión que se han hecho de ella y que aún así considerar dicha opinión como válida.

4. b) Weber al mencionar esta frase expresa su preocupación por no introducir en las aulas universitarias un discurso político por los profesores que se dedican a la investigación científica. Debido a que en cierta forma se “pervierte” la naturaleza de la lección impartida en las aulas universitarias y que por ejemplo; si se están refiriendo a la idea de Democracia, se considerarán sus diversas formas, se las analizará de acuerdo con su funcionamiento, se determinará qué efectos sobre las condiciones de vida, una forma en relación con otra para luego comparar las formas políticas de orden democrático y antidemocrático. Es así que luego de una exposición clara y objetiva del tema el alumno podrá llegar a una posición personal. La posición política práctica no traería ningún beneficio a la investigación científica ya que su único objetivo es el sondear votos y obtener otros.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Sálvese quien pueda o la búsqueda de la felicidad


Por Carlos Luján Andrade


Existe un caos de ciudad que se puede interpretar como la forma más representativa del sálvense quien pueda, andar por las avenidas, calles, restaurantes, comercios y cualquier otro lugar donde tengamos que interactuar con otro, es una demostración que aún en el desorden podemos hacer creer que vivimos en un país en donde sus cifras de índice de desarrollo nos muestren una línea que sube las expectativas de los creyentes en el sistema capitalista.

Esto se explica asumiendo que la necesidad del desarrollo es igual a buscar un camino de escape llamado dinero. Y cuando interpretamos el desarrollo como la maximización de beneficios, los vicios que esta genera nos lleva, en una sociedad débil y sin principio de autoridad, a no respetar la formalidad que las leyes exigen.  Es así que se percibe la compulsión social por la acumulación, el obtener a costa de cualquier cosa la mayor cantidad de riquezas, y no me refiero solo al ejecutivo de saco y corbata o al comerciante emprendedor que más estima a su negocio que a su propia familia, sino que se advierte desde el más mísero individuo que cree que su necesidad está por encima del resto. Es decir, que todos, absolutamente todos los ciudadanos de esta urbe tenemos inoculadas el espíritu de la codicia. Por mencionar ejemplos podemos mostrar al transporte público, donde un pasajero vale tanto como el precio que paga por su boleto, el mal servicio que brindan, los malos sueldos que pagan, el poco criterio cívico que poseen, es representación de que el dinero vale más que cualquier cosa. También tenemos a los productos informales, que sin tener registros sanitarios, marcas registradas y pruebas de calidad circulan sin ningún obstáculo por esta economía que se dice pujante.

No se cree en las leyes porque no se ve que estas velen por el bienestar de los ciudadanos, más bien son las que los frenan en su travesía hacia la acumulación de riquezas. Si se produce una política de imponer multas o supervisar la calidad de su trabajo, nos rebelamos porque presentimos que tales exigencias son producto de una conspiración contra nuestras aspiraciones de obtener un bienestar personal. Las regulaciones son observadas, las restricciones cuestionadas, la ley vista como invasora de nuestra libertad individual. Porque el sálvese quien pueda está inoculado dentro de nuestra idiosincrasia, no creemos en nada porque no confiamos en la voluntad ajena, en que otro también puede preocuparse por nuestro bienestar, el descreimiento en cualquier tipo de autoridad, sea militar, policial o política se ha trasladado a cualquier estamento de la sociedad. No creemos que nada o nadie pueda determinar lo que es mejor para nosotros, desconfiamos de cualquier criterio expuesto como fundamento del orden que se desea imponer pues vemos al Estado como el gran padre abusivo que reprime la voluntad del hijo simplemente para hacer sentir el peso de su autoridad, porque cuando se es pequeño se confía en el poder paternal ya que de alguna manera creemos que de acatar el orden impuesto nos traerá beneficios, sin embargo, al pasar los años vemos que todo aquello no conduce a nada, sino que simplemente se reprimió nuestra libertad absurdamente.

Y así, cuando se goza de la primera independencia notamos ese libre albedrío como una tabla rasa donde tenemos que imponer nuestras propias reglas que nos permitan sobrevivir.

Pero justo es en este momento que la brillantez y el resplandor del dinero ocupa nuestra mente y confunde al individuo necesitado de respuestas y protección. Con publicidad que bombardea nuestro paisaje quedamos expuestos a las respuestas a preguntas que ni siquiera hemos llegado a plantearnos todavía. Ya nos venden el modelo del hogar perfecto, la profesión perfecta, la ropa perfecta, en general el estilo de vida perfecta, pero luego de darnos toda esa variedad de delirantes ofertas, nos envían un mensaje directo al bolsillo, “Todo esto que has visto tiene un precio y si lo deseas, tienes que pagar por ello”. Miles de tarjetas de crédito son usadas en miles transacciones económicas diarias, donde gastamos el dinero que no tenemos para conseguir ese estilo de vida que nunca pedimos pero que nos mostraron como la única manera de tener una existencia digna.

El frenético consumismo ahuyenta cualquier  idea que contenga principios, porque luego de tan convincente forma de vivir, en donde el dinero es el abanderado y al que se le da todo tipo de virtudes y valores, las ideas que no porten un costo beneficio son desoídas por cualquier sujeto que desee tener una existencia acorde a la tendencias de la vida publicitada. No importa si no queremos respetar las normas, no importa si traicionamos la amistad o la familia mientras que por tales actos nos paguen el justo precio, ante eso no hay cuestionamiento o rubor y más bien vemos comprensible dichos actos si la cantidad mencionada es cuantiosa. Vemos lo afortunados que son a los que poseen ingentes cantidades de dinero porque los percibimos como los cercanos al parnaso, a la felicidad absoluta; un vehículo lujoso, una casa descomunal son los diezmos que ellos les pagan al sistema para llegar a ese cielo que el mismo dinero les ofrece. No se añora más que al dinero, el triunfo de la técnica ha desplazado los ideales y a los poderosos principios que los más ingenuos siempre defendieron. Las libertades individuales, la democracia, la justicia, y hasta la verdad pueden ser vendidas o compradas si pagamos el precio pedido. Y tan absortos nos encontramos que hasta los más nobles han tenido que lidiar contra todo este sistema con la idea resignada de que sin dinero la felicidad no será plena y escuchar una y otra vez que a pesar de eso, se tiene que vivir en la pobreza para mantener algo que el consumismo intenta desaparecer.

Hemos visto cómo colapsan las economías  y la tendencia de consumo cambian, una sociedad próspera no retiene recuerdos, se deshace de lo viejo porque lo nuevo ofrece mayores bondades y nos muestra atajos para esa felicidad que antes ya la teníamos alcanzada, pues como venden la tecnología, este juego de la felicidad comprada parece una conspiración de mal gusto. La moda aniquila cualquier intento de querer perpetrarse con lo justo y necesario. Ella nos dice que lo que antes era garantía de lo perfecto y aprovechable, ahora es lo defectuoso e inservible. Se nos impone la idea de que lo que implique un recambio de paradigmas es lo más sensato pues nadie, absolutamente nadie, puede vivir en el tiempo pasado, una generación es desechada tan rápido como un sistema operativo es cambiado. La tecnificación glorifica la juventud y lapida la experiencia. Poco o nada sirve tener un amasijo de buenas experiencias si en los tiempos modernos, que cada vez son más cortos,  son un estorbo que necesita recambio.

Pero el engaño no es permanente, el ciclo de la buenaventura económica colapsa de tiempo en tiempo, y esa idea frenética del placer por lo nuevo generada por la confianza en que el dinero siempre estará ahí cuando lo solicitemos deja de ser sensata pues ese dinero se hace cada vez más escaso y ya no nos desprendemos de lo viejo y le encontramos mayor valor. Les buscamos más vidas, resucitamos y reciclamos aquello que antes depreciábamos sin empacho. Ahí comienza la idea de que podamos recolectar lo vivido porque ya la máquina del desarrollo se ha detenido. La escasez nos hace replantear la felicidad en lo poco que se pueda tener y no en lo que se pueda obtener, porque ese futuro es incierto.

Sin embargo, cuando la idea de la buenaventura económica es planteada como si estuviera al alcance de todos sin tener un sistema que lo pueda garantizar, el pandemonio se genera,  esa idea consumista, ese planteamiento de lo que es la felicidad tan convincente para un país y una ciudad que ha carecido de todo durante muchos años, trae todas la respuestas que antes nos fueron negadas. La fiebre del oro pulula por las calles, las ganas de sacar el máximo aprovechamiento así sea evadiendo impuestos o poniendo en riesgo la vida de los demás es la mejor ley que siempre obedeceremos.

La locura por la felicidad comprada nos hace renegar de los principios, de lo moral, de lo justo o veraz porque ella no contiene la fórmula para encontrar la veta que nos han hecho creer que existe. Para nadie, en estos años, todo es suficiente. No queremos satisfacernos con lo que nos puedan dar el orden y las leyes decentes porque el mismo sistema consumista las vulnera, en comisiones, interés, impuestos, cuotas, nos arrebatan lo que puede ser suficiente. Es así que vendemos nuestra alma al sistema capitalista y estamos dispuestos a cualquier cosa con tal de que nos parezcamos a los paneles de publicidad que como un inefable evangelio, nos empeñamos en serle fiel.

Se desbarrancan camiones, se derrumban las minas, se incendian las fábricas, se generan huelgas y protestas por todo el país, se muere la gente, etc. por la negligencia de empresarios, funcionarios que más piensan en obtener la mayor ganancia que en respetar las normas y el orden. Todo tiene un precio, hasta la vida de las personas y al parecer en este sistema, no vale mucho.


martes, 9 de noviembre de 2010

La Poesía y su Función Social*


Por Carlos E. Luján Andrade

En los últimos decenios el desarraigo de la poesía peruana con respecto de nuestra realidad se ha vuelto frecuente. Esto puede observarse en aquella poesía donde la naturaleza del entorno es más una justificación para las disquisiciones personales del poeta que una motivación que desencadena una intensa y auténtica necesidad de criticar los cambios de su época. La modernidad, como nos dice Abelardo Oquendo, ha ocasionado la dificultad de hallar poetas integrados a su sociedad y poseedores de una postura ideológica fuerte. Esto ha llevado al conformismo del género, minando la intensidad del mensaje poético, el que más se enfoca en lo estético y lo individual.

A través del tiempo, la poesía ha generado innumerables interrogantes sobre su función en la sociedad. Pero, más allá de preguntarse ¿para qué sirve?, lo central es saber qué es lo que ésta genera y la responsabilidad que posee, aunque se corra el riesgo de caer en una búsqueda infructuosa, tal como lo admitió alguna vez T.S. Eliot, quién decía que los mismos poetas explicarían el porqué de la poesía justificando lo que ellos escribían.
Nosotros, en el afán de identificar los efectos de la poesía en el individuo y la sociedad, planteamos una modesta definición personal de lo que puede ser la poesía, y decimos modesta puesto que cada creador o lector debe poseer al menos una idea del porqué de la misma, y es que la poesía es mucho más que la expresión de sentimientos, es también un arte.
La poesía es un género popular que durante mucho tiempo se empleó para comunicar experiencias e instruir a los hombres. Desde sus orígenes cumplió una función social, ejemplo de esto fue la Grecia clásica, donde la poesía era utilizada para difundir conocimientos, T.S. Eliot nos recuerda que ella era incluida en ritos religiosos. Esto también se daría en Roma, con Virgilio y sus poemas que transmitían conocimientos de agricultura, o con otros poetas dramáticos como Esquilo y Aristófanes que buscaban transmitir ideologías al dar a conocer su posición sobre cómo debería ser la actitud del individuo en la sociedad. Por lo tanto, la poesía tuvo una participación social y política de acuerdo a la época en la que se desarrolló.
El género poético fue el medio de comunicación por excelencia para la transmisión de ideas y de instrucción hasta que la prosa la hizo a un lado por su eficiencia en comunicar directamente los conocimientos. Desde ese momento fue criticada por su naturaleza ambigua para expresar con claridad y eficacia las experiencias e ideas, una cualidad controvertida entre los amantes de la confrontación, pero a la vez un detalle preferido por los evocadores y contemplativos. En esta forma de expresión se canalizaba la necesidad de expresar emociones producto de una sensibilidad sobre ciertos hechos producidos en el entorno social. La principal motivación partía de llegar a la meta de todo arte que es “… el actuar de modo evocador y despertar emociones y estímulos para la acción o la oposición en los espectadores, en el auditorio o los lectores” (A. Hauser).
La poesía también fue usada como propaganda de normas y valores que se deseaban establecer para compartir, desde una perspectiva ideológica, una concepción del mundo, y hacer así de la obra artística y la actitud política un solo cuerpo. Arnold Hauser sostiene que artistas como Virgilio, Dante, Rousseau, Voltaire, Dickens, Dostoievski, Goya, David y Daumier, buscaron hablar de forma cruda y directa de propaganda, tesis y tendencias en el arte, formulando sus convicciones políticas, diferenciándose y alejándose de elementos estéticos en sentido estricto y separados de su obra. Por otro lado, autores como Shakespeare, Cervantes, Goethe, Balzac y Flaubert introdujeron al interior de su obra una ideología encubierta e integrada total o parcialmente a ella.
Con estos ejemplos queremos destacar que la expresión artística es producto de un impulso primario determinado por el entorno, manifestado de forma inconsciente y con capacidad para ejercer una influencia sentimental, ideológica y de acción sobre aquellos que ven en estas obras de arte la expresión de una perspectiva particular.
Ahora bien, la poesía, tiene una ventaja sobre las diferentes maneras de expresar las ideas, ya que al carecer de una imposibilidad intrínseca de ser directo y descarnado hace de su naturaleza artística una forma de inocular ciertas ideas que, en su carácter de inofensiva lírica, llega con mayor libertad a los lectores que bajan la guardia al intentar aprehender algo de ella.
Pues bien, muchas veces el debate sobre la naturaleza de la poesía se ha ceñido sobre si ésta debe ser “pura”, es decir alejada de todo elemento que pervierta el fin estético que ella busca, o si puede –y debe- comprometerse socialmente. Sartre lo escribió así alguna vez: “…el poeta se ha retirado del golpe del lenguaje-instrumento; ha optado por la actitud poética que considera a las palabras como cosas y no como signos”, esa falta de “domesticación” de las palabras explica porqué el poeta no las puede usar como instrumento, …ellos no hablan ni callan, sino que se niegan a utilizar el lenguaje”, debido a que han optado por quitar a este el carácter instrumental.
Esta visión idealizada del poeta, planteada por Sastre no toma en cuenta los efectos que la poesía puede provocar, entre ellas el efecto producido en el lector. Tenemos que tomar en cuenta que gran variedad de poetas han buscado dialogar con el lector, generar una comprensión y complicidad en sus descubrimientos espirituales, sean auténticos o no, para finalmente buscar no la lejanía emotiva y sentimental de sus imágenes, sino un acompañamiento constante en cada leída del poema, una diferente comprensión, elaborándose nuevas interpretaciones.
Esta ambigüedad aspirada por los vates, genera varios cuestionamientos. Entre ellos, la concepción de discursos que plantean ideas que repercuten en el sentir de muchos de una sola manera (léase una influencia que vaya más allá de la estética). Al respecto, Johanes Pfeiffer elabora una definición en función al estado de ánimo con el que se ejecutan los poemas y afirma que éste no puede ser considerado como la razón de la no necesidad de su plena comprensión: “…El estado de ánimo, al considerarse como algo externo, que cambia de hora en hora, de momento en momento, de manera incontrolable y premeditada… hace que la poesía, en cuanto poetización de los estados de ánimo humanos, se considere una y otra vez como un encanto que no compromete. Como pura cáscara… una cobertura inesencial… y en cambio lo objetivo, el conocimiento científico… es el núcleo sólido, la verdadera sustancia de la poesía…” , siendo lo demás, que no cuenta con este fondo, vano y engañoso. J. Pfeiffer señala al existencialismo como el que hizo posible descartar esta concepción, recordando que tanto Heidegger y Jaspers fueron los que nos hablaron de la fuerza reveladora del “temple de ánimo”, el que posee una virtud iluminadora que nos revela lo que sucede en lo más profundo de nuestro ser y que este “temple de ánimo” nos coloca ante nosotros mismos y se convierte en una “verdad interior”.
Las cosmovisiones planteadas en función de lo que la poesía significa para muchos, surge de la motivación de obtener la más cercana competencia que tiene este género en la necesidad de utilizarla como un medio eficaz y a la vez artístico de ofrecer pareceres distintos, motivados por una sensible percepción de los cambios en uno mismo y su entorno. Pero estas percepciones y pareceres, expresadas “naturalmente” por un espíritu poético, no son del todo románticos, ya que la poesía como género es una sola.
La poesía no es ni su contenido ni su forma. Pfeiffer dice: “…no importa el contenido que una poesía pueda ofrecernos, ni las ideas que exponga, ni la ideología que profese, lo que importa es la realización verbal…se puede hablar de la piedad y revelar que no somos piadosos, sino mas bien cínicos… y al hacerlo descubrir justamente cuán irremediablemente extraños somos a todo eso”, pero esto no implica la falsedad del sentimiento, no es buscar el embuste premeditadamente, porque no pueden crearse los sentimientos, no obstante, sí disfrazarse. Existe mucha poesía conservadora de tales detalles, sin embargo, hay algo que J. Pfeiffer llama “falsedad de tono”, descubridora de nuestro no hablar en serio, en la que se refleja la imitación como si fuésemos desesperados o creyentes. Esa falsedad de tono se manifiesta porque es imposible engañar al lenguaje, y es que, para el citado autor, éste posee una fuerza sentenciadora. Es de esta manera en que el estado de ánimo verdadero de la creación poética, su ética y valor, se descubren.
Descubrir la falsedad de tono es riesgoso, sobre todo en una realidad como la actual, y tenemos que ser precavidos para no caer en la arbitrariedad y la actitud grotesca al determinar la autenticidad de una poesía, alguna escuela poética o “generaciones” de poetas.
Se puede tentar algunas ideas para encontrar esta falsedad de tono. Es preciso aclarar que una de los principales objetivos de la poesía es la búsqueda del placer, así como expresar sentimientos o experiencias nuevas de una forma original o algo ya vivido, pero con nuevas imágenes que le den a la vivencia una renovada intensidad, así como evocar al lector situaciones que por sí solo no hubiese podido lograr. De este modo, la poesía tiene un poder evocador, en el cuál el mundo abstracto que emerge en nuestras conciencias nos hace consolidar o fortalecer creencias, anhelos y deseos. Por lo tanto, descubrir de dónde parten ciertas “inspiraciones poéticas” puede servir de iluminación a los depositarios de versos y estrofas.
Entendamos que el asunto no es distinguir una mala poesía de otra que no lo es -la buena poesía puede ser falsa (anacrónica o descontextualizada)-, sino cuál es el tipo de poesía que se comunica más con nosotros, la que, como se dijo líneas arriba, dialoga con cercanía. J. PFeiffer, ejemplifica una manera de “descubrir” esta falsedad, mostrándonos dos ejemplos entre la fabricación literaria y una auténtica expresión esencial; en el primero existe la impura afectación, la impertinente insistencia, jactancia y arrogancia, en el segundo está la casta sinceridad, la gravedad hermosa, firme y viril. En lo falso se descubre la trivialidad de los ritmos y de las rimas, lo barato de las imágenes, en ello hay una expresión de un horror falso y una tristeza no sentida, a la vez se puede descubrir que en este tipo de poesía se utiliza a la vida como justificación de los versos del poema, un simulacro poético que nos hace cómplices de un sentir irreal, derivándonos en una fantasía lejana y tal vez paralela a nuestro pesar por la vida real. El desvergonzado impostor fabrica, crea, finge, se burla del fervor auténtico, imponiendo una “fingida desesperación”.
Esta impostada poesía atrofia e impide la posibilidad de exigencia de conocernos a nosotros mismos y nos volvemos incapaces de percibir una “real” autenticidad humana e incorruptible, alejándonos de lo propio y cercano, como es nuestra sensibilidad social y personal. La actual trivialidad del espíritu puede estar arraigada a esta situación.
Los debates sobre la innovación, los ritmos, las rimas, etc. abundan, convirtiendo a un medio de expresión artística en pura forma, tal vez con la idea que la poesía solo está al acceso de elites intelectuales que consideran que el pueblo no necesita de la poesía para comunicar o expresar su sentir. Nuestro reclamo entonces parte del imperativo despertar de un género que está convirtiéndose en la sociedad peruana en un fósil estético.
La poesía, como sentimiento vital, tiene la fuerza de “abarcar de una aletazo la totalidad existente, conjurar lo más cercano y lo más lejano” (Pfeiffer), generando colectividades poderosas que se unen para crear sociedades sólidas en creencias y anhelos, para así en sus himnos y alegorías mostrar el coraje y respeto por lo bello y lo auténtico. La poesía es entonces “… una manifestación de amor como vía de unificación amorosa entre los individuos y la entera sociedad”.
Al respecto, José Martí reclama la función unificadora de la poesía, la que es necesaria y fértil para los pueblos. El poeta se pregunta: “¿Quién es el ignorante que mantiene que la poesía no es indispensable a los pueblos?”. Y luego se responde: “La poesía congrega o disgrega, que fortifica o angustia, que apuntala o derriba almas, que da o quita a los hombres la fe y el aliento, es más necesaria a los pueblos que la industria misma pues ésta le proporciona el modo de subsistir, mientras que aquélla da la fuerza y la vida”.
De este modo, la visión de la poesía como propia y plena del espíritu individual y colectivo nos muestra el deseo de legitimar nuestra propia perspectiva del orden social y político, en la que nos reconocemos intrínsecos a las manifestaciones artísticas que engloban la variedad de estamentos que existen en la sociedad. Es decir, esta poesía social y comprometida nos permite buscar imaginarios que reafirmen nuestra identidad, para no solamente quedarnos en el “otro imaginario”, creador del arte favorecedor de los intereses de la clase social poseedora del monopolio de la concepción del mundo, de los valores a respetar y de lo que se considera como “aceptable”.
La falta de autenticidad poética, la existencia de una poesía vana, superficial, extraída de la necesidad de propaganda y de la reafirmación de expresiones ajenas a nuestro deseo de comunicar el propio sentir, incrementa el peligro de acabar a mediano plazo con el género poético. Marcelino Menéndez Pelayo nos decía sobre la poesía romana que su decadencia llegó rápida y fatalmente como le sucede a todo arte que no es espontáneo ni popular, pues no echó raíces en la fantasía colectiva y sólo se contentó con halagar los oídos de muy pocos y selectos jueces; así, la literatura latina fue la de más breve desarrollo y producción que la historia recuerde.
La poesía existe y existirá aún sin la conciencia de que ésta tiene una función en lo pueblos. Es de aquellas manifestaciones que surgieron como una necesidad de comunicación y aprendizaje pero terminó “cosificada”, lejos de su función primaria. La búsqueda de una nueva poesía no es planificada ni forma parte de un plan de desarrollo cultural, ésta se genera a través de una relectura espontánea de la realidad, de un deseo de autentificar nuestra necesidad de comunicar los anhelos de una sociedad, enalteciendo el espíritu primero y luego la razón, yendo de la mano de una belleza en la palabra y la voz. Lo hermoso de la poesía no está en las palabras ni en sus construcciones gramaticales, sino en lo que se dice en ellas, en sus silencios, en el impacto que genera y en la capacidad de descarnar nuestra sensibilidad para acercarnos a lo verdaderamente humano.

* Artículo publicado en la revista de ideas Lanceros Nro.1

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