Normalmente me siento en las bancas de los parques a mirar a la gente o a leer un libro y me es casi imposible ver a alguna persona sola que esté simplemente haciendo lo que describo. Sin embargo, un día, cuando era más ingenuo -tecnológicamente hablando- vi a varias personas sentadas por todo un parque en completa soledad y me agradó la idea de que estuvieran disfrutando una tarde al aire libre simplemente mirando a la nada. Triste fue mi decepción al percatarme que hablaban con alguien con el dispositivo manos libres. Cuando estudiaba en la PUCP hacía lo mismo hasta que una vez me senté en una banca que se encontraba al frente de no sé qué edificio administrativo, habré estado por una hora simplemente ahí, sin hacer nada y de pronto se me acerca el vigilante preguntándome si buscaba a alguien. Aquí no le puedo echar la culpa a la tecnología, ya que en ese entonces tampoco veía a la gente sentada en soledad, no eran aún las épocas de Youtube o Facebook, pero las personas tenían una alergia a estar solas que si mal no recuerdo no podían ni ir a almorzar solas o tomar una taza de café. Entonces, cuando ves a uno que solitariamente observa el entorno, piensas lo peor: es un acechador, un terrorista o un perdedor quien no tiene a nadie que lo acompañe. La soledad está mal vista, con sospecha, y lo más lamentable es que uno prefiera la compañía de un aparatito del tamaño de una calculadora a estar con uno mismo.
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martes, 16 de octubre de 2018
sábado, 23 de julio de 2011
“¿Qué lo ha hecho sufrir más: la soledad, la enfermedad, o el amor?, le preguntan a J.R. Ribeyro"
“¿Qué lo ha hecho sufrir más: la soledad, la enfermedad, o el amor?
Lo más desgarrador han sido los sufrimientos sentimentales. Esos sufrimientos espirituales difíciles de desarraigar. Después de todo, una enfermedad está relacionada con el dolor, y eso puede combatirse con medios artificiales, si se quiere. Yo creo que el sufrimiento amoroso es una experiencia espantosa, que para vencerla hay que tener mucha energía moral.”
Aunque difiero en parte acerca de lo dicho por nuestro destacado cuentista, y quizá sea más por la naturaleza de la pregunta que por lo que haya querido decir. Porque lo orgánico y lo espiritual, desde el punto de vista poético, están concatenados. Una angustia afectiva deteriora el cuerpo, los estados de decepción (no depresión) son canalizados en una manifestación orgánica de dolor, siendo la consecuencia de lo asimilado en la vida real, el cuerpo como coraza del alma, aquél que con su materialidad recibe los embates de la desventura. Y quizás hable de un poema, porque este es el destino último de la somatización.
Un cuerpo enfermo se cura con medios artificiales, te dan una apariencia sana pero el origen del deterioro está incubado, dispuesto a emerger cuando estén las condiciones adecuadas, así como cualquier bacteria o virus porque el sufrimiento no se cura, sólo se contiene y se olvida pero todo aquello que es olvidado también puede ser recordado y por lo tanto volverse a inocular.
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