lunes, 27 de julio de 2020

Zhúkov y el Covid-19

En 1945, durante la Batalla de Berlín, el general Zhúkov fue el encargado de ir por el frente central en la toma de esa ciudad. Este militar es considerado como uno de los mejores estrategas del ejército soviético y por eso le encomendaron tal tarea. Sin embargo, una de las características para ser un gran general es ser también pragmático y cruel. A pesar de tener el aprecio de su tropa, él decía que ante un campo minado ordenaba que sus soldados lo cruzaran como si no lo estuviera. Que las bajas que se produjeran al ejecutar esa orden sería proporcional a si los alemanes hubieran decidido defenderlo con la infantería y la artillería.
Esa medida fue controversial pero se logró el objetivo general que era evitar el avance alemán y luego arrinconarlos para al final derrotar al ejército nazi.
Este hecho me hizo reflexionar sobre las medidas que se toman para evitar que la economía colapse ante la pandemia. Imagino que el gobierno tiene en mente la estabilidad económica como el objetivo general y las calles repletas de virus como un campo minado. Los soldados somos nosotros estallando con cada paso que damos en pos de buscar el sustento diario. Al final, solo se hará un conteo de daños. El país continuará su rumbo y nosotros enterraremos a los muertos.
Solo con el pasar de los años podremos medir las decisiones tomadas el día de hoy. El mundo sigue celebrando el fin de la Segunda Guerra Mundial. Halagan a los grandes generales y dirigentes políticos vencedores, pero pocos hacen hincapié en las decisiones que tomaron para tener el mundo en el que vivimos.
A pesar de tanta reivindicación del individualismo consumista, no debemos olvidar que ante situaciones colectivas extremas como una pandemia, seguimos siendo la infantería, la carne de cañón que será inmolada ante un colapso social en busca de un bien mayor que no gozaremos a corto plazo.

miércoles, 8 de julio de 2020

El aterrizaje del Bombardero de los Andes.

El fútbol peruano es un reflejo de las oportunidades perdidas en nuestro país. No es solo una cuestión de individuos sino de sociedad. En México 70, cuando le preguntaron a Pelé sobre su retiro del fútbol, él decía que no se preocupen, que ya había un sucesor en el próximo mundial refiriéndose a Cubillas. ¿Qué pasó?, Perú no fue a Alemania 74. No digo que no haya sido grande Cubillas como se esperaba. Sería absurdo afirmarlo. Sino que su grandeza como futbolista no devino en algo mejor para el deporte en general. Después de dar lo mejor de sí, todo fue un viaje en caída libre.
Pizarro siempre cuidó su carrera profesional a nivel individual porque sabía lo que es el fútbol peruano. Te absorbe y te destruye si quieres integrarlo a tu vida. Asociarlo a tus objetivos deportivos es un riesgo que varios corrieron sin suerte. Un país con tanta carencias de victorias atormenta a aquel que puede sacarlos de la mediocridad. Como aquel nuevo rico al que sus parientes pobres le piden un poco de dinero para que los libere de sus miserias. Y al no hacerlo, se ganan su odio y desprecio infinito.
Me lo imagino a Pizarro, ya de regreso en su casa por la noche luego de golear al Unión Minas con el Alianza Lima, sentado en su cama y mientras acomodaba sus chimpunes se le aparece el diablo y le dice: "te prometo que serás un gran jugador a nivel internacional, pero en la selección no trascenderás. Y cuando vayan a un Mundial, no te convocarán." Pizarro aceptó creyendo que eso nunca sucedería. Que nunca lo dejarían de convocar o que nunca iríamos a un Mundial.
En este país si te comprometes demasiado con tu país arrastrarás todos sus problemas. Cuando estás más arriba posiblemente uno se dará cuenta de las verdaderas razones por las que somos un país subdesarrollado. Es doloroso para aquellos que quieren tocar el cielo. O te conmueves y haces algo al respecto o lo ignoras y asciendes a la gloria en soledad. Como aconsejaban los viejos directores técnicos a los marcadores : "O pasa la pelota o pasa el jugador, nunca los dos juntos".

miércoles, 20 de mayo de 2020

Astrología Matemática


Nadie puede predecir el futuro y por eso le tenemos pavor a aquello que no podemos controlar. Al menos la tecnología nos ha hecho creer en la ficción de que se puede planificar nuestros siguientes pasos. El mundo del futuro no existe, solamente puede ser conjeturado en base al presente. Es así que el futuro  de un país o sociedad se determina por las señales o indicios de lo creído que vendrá. Para muchos no es claro el resultado de esas señales, pues dicha solución es producto de una multiplicación, una división, una resta o una suma. Dos actos buenos sumados son evidentemente más buenos, multiplicados, mucho más. El problema surge cuando incluimos la resta y la división. Se cree que si a muchos actos buenos  les restamos  unos pocos actos malos, el resultado variará muy poco. Si dividimos lo bueno entre lo malo, el resultado es irrelevante ya que más estaremos pendientes de que la cantidad resultante se acople a nuestro interés.

¿Qué es lo que quiero decir? Que no valoramos las cosas de la misma manera y la sumatoria, productos o dividendos, no darían idéntico resultado. El miedo del otro, no es el de uno. Los valores que usamos como factores (hechos) para predecir el futuro o la operación mental  son elegidos aleatoria y convenientemente. Lo más trágico es cuando el temor futuro o la interpretación de ese resultado, es exagerado ya que cuando llega, no calza con la desesperación que uno predijo. Así, en primera instancia, buscamos controlar esos factores primarios, evitar que el resultado se disperse en peligrosas ambigüedades. ¿Cómo? No relativizando el mal, intentando limitarlo a fieles conceptos inamovibles. Encauzar lo más posible la operación a un resultado esperado.

De no hacerlo corremos el riesgo que aquella operación termine con una cifra monstruosa, infinitesimal y que esos números demenciales nos asfixien en la relatividad de un futuro incierto.

jueves, 7 de mayo de 2020

El valor del dinero en la pandemia

El "tercer martillazo" no funcionó. La jefa del Comando Nacional Covid-19, Pilar Mazzetti en consecuencia dice: "Ahora va a depender todo de la población". Entonces, primero se le ordena a la gente que por el bien común y personal, bajo sanción, que obedezcan las medidas preventivas y no lo hace, y ahora ¿"dependerá de la población" y a su criterio acatarlo?
Es importante definir de qué criterio está hablando. Cuando se ordenan las prioridades es que vemos al criterio construyéndose. Es necesario saber primero en qué condiciones es que se dejará a la gente operar según sus intereses. Es probable que el Estado dejará de aplicar la cuarentena (o relajar las restricciones) para que suceda algo. ¿Y qué es ese algo? Que se reinicien las actividades económicas.
Se asume que los conocedores de cómo funcionan los mercados tienen previsto cómo actuará el consumidor y las empresas en estas circunstancias. Por decir algo, la teoría del equilibrio de Nash, donde dos empresas actúan dependiendo de la mejor opción para ellos y por lo tanto tienen mejores ganancias a que si uno de los dos no lo hace. No obstante, ambas empresas saben que harán lo mejor porque es conveniente y confían en que actúen las dos así. Como dije, es un ejemplo, pero ¿existen las condiciones para que las empresas actúen con un criterio claro de rentabilidad teniendo en cuenta la situación que vivimos?
Sé que es una fantasía pensar así si tomamos en consideración que nuestra economía es 70% informal. Pero no me imagino que el gobierno sea tan irresponsable para exponer a las personas a que reinicien sus intercambios comerciales dejando abierto "un corral" para que todos salgan en estampida y se haga lo que se pueda quizás solo con la intención de evitar el descontento popular.
El reclamo de la Confiep también es absurdo porque de no existir protocolos serios, cómo habrán consumidores confiados. ¿O es que quieren que la banca y las empresas de servicios vuelvan a operar para presionar el cobro de sus créditos y obligar a que las empresas menores exijan a sus trabajadores volver a sus empleos así no existan las condiciones de salud? De ser así el asunto sí es descabellado y poco conveniente porque lo único que se generará no serán ganancias sino más deuda.
Y siendo optimista. ¿Qué pasaría si las personas saliendo a las calles vuelven a obtener ingresos? La pandemia sigue ahí. ¿El dinero que ganarán será suficiente para pagarse el tratamiento para su cura?¿Los centros laborales podrán hacerse cargo si sus empleados se contagian y también a los clientes? Y mientras estos cierran otros seguirán operando porque ya no habrán excusas para detener las actividades económicas. Muchas empresas quebrarán sin ventajas a la vista para su recuperación.
La encrucijada es más que clara. ¿Para qué se reactivará la economía? Tenemos claro que el dinero es importante pero, ¿estamos seguros que el dinero vendrá nuevamente como queremos si dejamos a la gente trabajar en medio de la pandemia? Terrible sería que relajando las restricciones se gane poco, se enfermen más y se mueran muchos.

Ejercitándose en cuarentena

Solo momentos como estos hacen que muchas cosas para otros recién tengan sentido. Algunos criticaban que uno se compre una caminadora si se puede correr en la calle. Ahora pues.
Me he sentido como un cosmonauta en la MIR. Corriendo hacia la nada porque no se puede ir hacia ninguna parte. Al menos intentaré seguir esta rutina para fortalecer el cuerpo y el ánimo si las cosas empeoran. O quién sabe, tener el físico suficiente para huir de hordas hambrientas si el apocalipsis se consuma. Mejor aún, ser yo quien persiga a los débiles y quitarles sus cosas para sobrevivir. Aunque quizás no pase mucho y el mundo continúe con nostalgia y dolor por lo vivido. Así, cuando el personal del Minsa entre a mi habitación y vea mi cuerpo a punto de descomponerse se digan entre ellos: "fue un hombre hermoso".

Advertencias post cuarentena

Es evidente que la humanidad saldrá de esta situación y luego vendrán las preguntas. Entre estas nos diremos: ¿por qué existieron personas que no colaboraron con las medidas de salubridad pública? Si luego de esta situación quedara un vestigio de colectividad y el Estado observara que esto puede volver a ocurrir, le pondría mucho ojo a aquellas personas.
Sería pertinente que todo individuo que no acató la cuarentena sea "marcado". De tal forma, cuando busquemos información de ellos, podríamos saber que cuando se decretaron medidas de emergencia sanitaria estos individuos no las cumplieron. Tendríamos como un "inforcorp" de la confianza. Hasta le sugeriría a Vizcarra que diga que los arrestados por incumplir la cuarentena, serán marcados en su DNI por diez años para que el resto sepa que cuando se les pidió hacer algo por la salud de los demás, simplemente se zurraron en las normas. Esa advertencia nos servirá mucho si es que tenemos que interactuar con ellos en el futuro bajo cualquier circunstancia.

El ángel exterminador y cuarentena

Una película emblemática sobre el tema del encierro es El Ángel Exterminador de Buñuel. Un grupo de gente de la clase alta de la sociedad no puede salir de una casa sin saber la razón. Eso hace que veamos a estas personas tal como son ya que esta situación de crisis nos hace ver lo peor de ellos. Buñuel decía que quizás no había motivo alguno, pero se puede inferir varias causas y cada uno las puede encontrar. Sin embargo, ahora que estamos en situación de pandemia. me vino a la mente un documental que vi hace bastante tiempo sobre los virus y las bacterias o sobre la historia del jabón, ya no lo sé. Lo que nos contaba era que hace siglos, los médicos se preocupaban por la cantidad enorme de niños que morían al poco tiempo de nacer. Eran épocas anteriores a los descubrimientos de Antony van Leeuwenhoek (según me parece). Uno de ellos observó que las mismas manos con que agarraban a los muertos, recibían a los niños recién nacidos. Entonces comenzó a sospechar que existían seres muy pequeños que causaban las infecciones y posterior muerte de los bebés. Por eso sugería lavarse las manos antes de hacer esas intervenciones. Sus colegas se burlaron de él diciendo que estaba loco porque veía seres imaginarios pequeños. Y así fue hasta su muerte. La ciencia se encargó de darle la razón.
Lo que sí me queda claro es que más tememos a lo que no vemos.

Descansan bajo la arena de Edward Chauca

La idea de la muerte no está en ella misma. Luego de fallecer, en nosotros no queda más que la nada. Así, todo aquello que reflexionamos o i...