Mostrando entradas con la etiqueta amistad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta amistad. Mostrar todas las entradas

viernes, 17 de noviembre de 2023

Fallida nostalgia

Un amigo me preguntó sobre si extrañaba a otro amigo con el que hace unos buenos años parábamos juntos. En ese momento me vino la nostalgia. Tuve la debilidad de decirle que sí. Aunque en ese momento recordé las razones por las que nos distanciamos. Es ahí donde me percato que la cura para la nostalgia se halla en no romantizar el pasado. Es evidente que las personas que frecuentados en los tiempos idos nos hicieron vivir gratas experiencias, no obstante, también existieron vivencias que ocasionaron que la amistad se interrumpiera. No me refiero a rupturas traumáticas como una traición o estafa. Ante eso no hay nostalgia que la salve. Sino a la amistad que se va diluyendo con el tiempo. Uno deja de tener temas en común, los intereses se distancian y la complicidad se pierde. Cuando uno vuelve a ver a estas personas, no regresas al momento mejor de esa amistad, sino al punto en el que esta se quebró. Ya no ves al amigo del recuerdo, sino al desconocido que esquivas en la calle.

lunes, 2 de septiembre de 2019

Las manos al fuego por nuestro ego.

Poner las manos al fuego por otra persona es de gran riesgo, ya que nos basamos en la imagen que ha proyectado sobre nosotros dicho individuo y sabemos que esa presentación que hacen las personas en la vida cotidiana está marcada por una serie de formalidades que les ayudan a interactuar y socializar de forma positiva. La mayoría de individuos están orgullosos de sus amistades. La confianza en el otro es por mérito propio. Es decir, tengo la capacidad de reconocer a las buenas personas y por lo tanto, cultivo una amistad con ellas. Nos repetimos eso de que no dejaríamos que nadie que no tenga los mismos valores esté cerca de mí.

Quizás esa incondicionalidad por dicha amistad no sea por la otra persona, sino por el ego de uno. Uno se dice: yo tengo la capacidad de que buenas personas estén cerca de mí. Así que ante un problema ético y moral que estos enfrenten, uno incondicionalmente los apoya y no es por la persona misma, sino por uno, por ese ego. Y decirles al resto que uno no puede equivocarse al escoger sus amistades. Uno no defiende lo que esa persona es, sino lo que uno quisiera que la persona sea o la idea que nos hemos hecho de ella.

Y si nos equivocamos, parecemos más nobles ya que hemos sido timados por un individuo malvado aprovechándose de nuestra ingenuidad. Es evidente que en estas manifestaciones de apoyo hacia un individuo que es difícil conocer del todo, más está en juego nuestro prestigio que el del otro.  

Somos una proyección de las personas que nos rodean. Alguna vez lo dijo un dicho popular de forma más clara. 

domingo, 3 de marzo de 2019

Educación Sentimental

El malagradecimiento contamina las buenas acciones. El refrán "haz bien sin mirar a quién" pierde todo su brillo cuando uno se cruza con personas que se lo tienen aprendido no para practicarlo sino para aprovecharse de él. Las buenas acciones deben recaer en las personas que sepan apreciarlas, de tal manera que la cadena de favores tenga efectividad. Caso contrario, para el malagradecido, un favor siempre será insuficiente. Si uno le da algo, pensará que le pudimos dar más, si no le damos, nos acusará de ser mezquinos.

La vida no da tregua, así que no podemos hacer de ella un ejercicio interminable de caridad. Por eso es importante ser selectivos con quienes uno opta por ayudar y alejarnos de quienes sabemos que no aprenderán el significado del dar sin recibir nada a cambio. Cuando estuve en la universidad, me topé con un personaje que me hizo entender algunos de estos conceptos. Al ya casi finalizar un semestre, se me acerca haciendo uso de mi amistad y me pide prestado dinero para pagar la última cuota de su boleta. Y si esta no era pagada, no podría dar los exámenes finales. No recuerdo cuál fue la razón por la que me dijo que no podía pedírsela a sus padres que vivían en provincias. Me prometió y rejuró que me lo devolvería a fin de mes. No sin antes decirme que para mí era fácil ahorrar dinero porque no tenía pareja en ese entonces ya que eso siempre implicaba gasto. Como me pareció que realmente lo necesitaba y sentía lo angustiante de la situación, le presté. El resultado es el que todos suponemos. No me pagó a fin de mes, que era diciembre, se desapareció todo el verano y en el ciclo siguiente no hace mención al dinero adeudado. Como lo correteaba todo el semestre, me pagaba a puchos. Una vez me dijo que me pagaría tal fecha, pero nunca se apareció. Al encontrarlo me sale con lo siguiente: "Luján, ese día te estuve buscando, pero sabes, me gasté la plata, era el cumpleaños de mi enamorada y le compré un perfume con tu dinero. Así que te esperas hasta la próxima semana.", luego soltó una carcajada. Así estuve varios meses hasta que al final me da un último pago y dice: "ojo, ya no te debo nada." Y le respondí que no, que todavía faltaban 50 soles. Sonriendo me agarra del hombro diciendo: "no vas a hacer escándalo por 50 soles. Muy bien no pude pagarte nada." Ya se imaginarán la cantidad prestada para que diga eso. Y cansado y molesto por tanto trote le respondí que le regalaba el dinero.

Era todo un personajillo que sus índices de frescura han sido insuperables hasta la fecha. Sin embargo, también conocí a una persona de la que aprendí a ser generoso y sin pretender más que ver a los demás sentirse bien. Finalmente, ejemplos del malagredicimiento como de la gratitud hay muchos en nuestras vidas. La idea es que tengamos buen ojo para que el balance siempre esté a favor de las personas que podamos saber que pagarán a otros con las buenas acciones que les dimos.


El bullying y la bomba de tiempo

En un momento de mi etapa escolar cambié de colegio. Estuve en uno de varones donde no aprendí más que cómo sobrevivir entre tanta agresividad. En cada recreo o refrigerio habían peleas ya pactadas de antemano generadas por cualquier altercado anterior. Si te veía alguien mal o te insultaba, podías evitar las pechadas extendiendo tu dedo meñique para que el otro también te lo diera y así quedar para darte a golpes con el compañero horas después. Sin embargo, uno se me prendió. Por alguna razón no le habrá gustado mi cara y mientras estaba sentado leyendo o no haciendo nada, venía por atrás y me golpeaba la cabeza y luego se iba riéndose. Las primeras veces me desconcertó, me preguntaba lo que le podía haber hecho para que fuera tan agresivo conmigo. Ser permisivo con esta agresividad no era tan descabellado ya que siempre imperaba la violencia. Cada vez que no había profesor en el aula, gritaban el apellido de alguno de los alumnos sentados y se le tiraban encima. Nunca había visto apanados tan brutales. Tengo la imagen de un compañero sosteniéndose con sus brazos en dos carpetas solo para tener el impulso de golpear en la espalda a la víctima de turno con los talones. Luego, todos se retiraban como buitres luego del bitute y el rostro del agredido era variado, aunque la mayoría aceptaba ese ritual y casi siempre expresaban una sonrisa resignada. Yo puedo decir que me libré por poco, hasta creo que de los más de cincuenta alumnos que habían en el aula, a mi no me apanaron nunca, aunque siempre estaba esperando que sucediera.

Con respecto al fulano que me hacía bullying, se detuvo por dos circunstancias. La primera fue que lo encaré cuando me di cuenta que yo no tenía ninguna culpa en lo que motivaba su agresividad. La segunda fue que me hice amigo de un muchacho apellidado R. Era grandote, medio lento y algo abusivo con otros. Se sentaba a mi lado y ya desde ese entonces era yo hablador, así que le contaba esas historias que les gustan a esos adolescentes de mi edad. Que había pasado tal o cual cosa con tal o cual persona, de lo que me habían contado, de lo vivido. Casi todo era mentira, pero a él le gustaba escucharlas. Él me ofreció su "protección" si es que le seguía contando esas historias. Fue divertido razonar en base a la ficción con él. Sobre todo porque creía incondicionalmente en lo que le decía.

Lo que puedo criticar del bullying es que saca lo peor de nosotros. Con respecto al adolescente que me agredía, lo que le dije cuando lo encaré fue bastante ofensivo que lo hice lagrimear al muy rosquete. Ya han pasado muchos años desde ese evento y no recuerdo haberle dicho cosas tan feas y agresivas a otra persona cómo se las dije a él. Solo una vez, cuando a otro compañero de colegio lo amenacé con "matarlo" si continuaba jodiendo. La cara con la que me vio nunca la olvidaré, hasta creo que tragó saliva.

Es por eso que nunca le vi nada divertido a la violencia escolar. La joda entre compañeros es parte de vivir la experiencia colegial, pero el ataque sistemático y a expensas del sufrimiento ajeno es enfermizo. Estamos creando seres humanos más peligrosos de los que hacen bullying. Son ollas de presión que explotarán muy lejos de los que lo llenaron de ira y que dañarán a las personas equivocadas.

viernes, 8 de febrero de 2019

Las ideas y la amistad

Cuando a un poeta chileno ya fallecido (no recuerdo el nombre) le preguntaron qué lamentaba de estos tiempos, él respondió que ya no se puede ser amigo de quien piensa diferente. Recordaba que en muchas amistades la idea contraria era solo un detalle de su personalidad que se podía pasar de largo si es que estas poseían más virtudes. MVLL también hizo una observación al respecto, aunque desde otro ángulo cuando contestó sobre qué fue lo que quebró esa aparente unidad literaria que se forjó en el Boom. Puntualmente destacó el incidente con el caso Padilla (escritor arrestado por el régimen cubano de Castro), donde varios escritores no denunciaron claramente el hecho. Agregando que según el mundo literario de ese entonces (y también el de hoy) ser de izquierda daba una serie de beneficios a los escritores que les eran difíciles de renunciar y criticar a Castro era prácticamente un desafío directo a dicha postura ideológica. Así que pensar distinto daba una completa separación amical.
Sin embargo, en lo que diferían eran en las ideas y en la forma de plantearlas, y ahí me detengo para la siguiente reflexión. Para plantear una postura es precisa la explicación para enterarnos con claridad lo que guía la actividad de pensar, como decía Heidegger: los principios del pensamiento. No obstante, lo que se ve actualmente en las redes sociales es un sinsentido descomunal, planteamientos salidos más desde la bilis y no de las neuronas. Argumentos que chocan entre sí, claustrofóbicos, encerrados en conceptos equivocados o maniqueístas.
No son transparentes, no podemos hallar esos principios del pensamiento, y menos aún, los principios morales. Una idea mal planteada no sólo muestra la incapacidad argumentativa del que la expone, sino la carencia de raíces principistas y de valores. La ruptura de una amistad que está forjada en base a ideas y argumentos, debe ser ocasionada por un choque de la misma magnitud. Si esta se desvanece por un simple desencuentro coyuntural, es que ha habido un error de apreciación de la otra persona, pues se le ha considerado más responsable en sus ideas de lo que realmente eran.
La construcción de nuevas interpretaciones de la realidad no se consigue en un ring de box de las ideas, sino en una sala de debates donde todos busquen alguna conciliación. En conclusión, recomendaría que se expongan las ideas no con un punto final, sino con un eslabón abierto. La cadena del pensamiento nunca lleva candado.

Descansan bajo la arena de Edward Chauca

La idea de la muerte no está en ella misma. Luego de fallecer, en nosotros no queda más que la nada. Así, todo aquello que reflexionamos o i...