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viernes, 17 de noviembre de 2023

El fin de la librería Época de Lima


Los mismos lugares, diferentes tiempos. La librería Época del jirón Belén era la última que visitaba cuando iba a comprar libros al centro de Lima y a la que siempre le daba una ojeada. La que en épocas de mis prácticas pre profesionales me quedaba viendo, entre trámite y trámite, sus vitrinas mientras comía una galleta como Holly de Desayuno en Tiffany´s. Al pasar los años, una tela cubrió la parte posterior, justo la que se ubica debajo del letrero de la fotografía. En marzo del año pasado la vi descubierta y con ingenuidad pensé que quizás volvería a tener el brillo de años atrás. Le pregunté al señor que atendía por esa novedad y me dijo que la iban a cerrar y estaban vendiendo todo lo que había. Me acerqué y vi libros con gruesas capas de polvo. Novedades de antaño, estantes de relucientes tomos viejos detenidos en el tiempo. Solo me llevé uno sobre cómo obtener temas para la escritura de historias. Pedí permiso para tomar esta foto y de alguna forma despedirme del último paso de mi ruta libresca. No voy a negar que cada vez que una librería cierra uno se siente más solo.

 

Pd: ahora es un chifa que evidentemente ignora su pasado. 


El texto es de 2016. Hace buenos años que esa librería pasó a mejor vida. 

miércoles, 3 de julio de 2013

La Cultura de la Destrucción.

Una de las 12 pirámides del complejo El Paraíso fue destruida y luego incinerada el sábado pasado por un grupo de maleantes que aún no ha sido identificado por la policía. A la derecha se ve cómo pudo quedar si se hubiera reconstruido. (Fotos: Rosario Seminario / Diario El Comercio)


¿Qué se pierde cuando una pirámide de 5 mil años de antigüedad es destruida por maquinarias de construcción? El pasado, ¿y qué es el pasado?, es lo que constituye nuestra identidad, que define lo que somos pero ¿en realidad nos importa saber quién somos?  Al parecer no.  La consecuencia es llegar a ser individuos superficiales, que buscan la ganancia inmediata y el querer sobrevivir a costa del derecho de los demás. Son aquellos seres que vuelven al estado natural, pre civilizado, dándole la razón a Hobbes de que el hombre es el lobo del hombre, es un ser humano previo a Contrato Social, quizás no lo comprende  y en parte no sea sólo la culpa del incivilizado por sus actos bárbaros y que actúa en base a sus impulsos primario, sino que el Estado no se lo hizo conocer; es decir, el mensaje debió ser: “me das poder para luego darte lo que necesitas”, así se mantiene el orden necesario que hace que los pueblos no caigan en el caos y la destrucción.

Lo vivido con la destrucción de esta pirámide -ocurrido en la misma ciudad de Lima, capital de un país- motivado por simple afán de lucro ya que lo hicieron para poder construir un edificio particular, es incomprensible. Es peor que el huaqueo –excavaciones ilegales para venta  de restos arqueológicos- pues han desaparecido para siempre una de las edificaciones más importantes y antiguas de la ciudad. Aunque podíamos verlo venir si analizamos lo que ha ido sucediendo de a pocos en la capital, donde se han ido demoliendo casas representativas de la historia arquitectónica del Perú para construir edificios multifamiliares sin ningún criterio estético, atentando cada día contra el paisaje urbanístico.

Algo está sucediendo en la ciudad de Lima, nos hemos vuelto unos bárbaros devoradores del pasado, despreciando aquello que es antiguo por creer que lo nuevo es más valioso por el simple hecho de serlo. La visión de que el pasado es incivilizado e inservible para los fines lucrativos que encandilan a los ciudadanos emprendedores, se impone y ya nadie considera  incorrecto tener esta visión de la realidad. Para las personas es “comprensible” vender una casa con valor histórico -para  ser destruida por su nuevo propietario- por una cantidad “razonable”, quejándose por el legado que su familia les ha dejado. Quizás pueda deberse a que quienes la heredaron jamás serán lo que fueron sus antepasados y con esto no pretendo idealizar su pasado, sino que la composición social del país era diferente a lo que es hoy. Las familias constructoras y propietarias de semejantes edificaciones eran adineradas, propietarias de tierras que ahora pertenecen al Estado o han sido ya vendidas a particulares. La búsqueda por la repartición igualitaria de las riquezas del país casi extinguió las grandes fortunas terratenientes que desde que el Perú es república tuvieron algunos pocos. Y ante ese divorcio entre lo que fuiste y lo que eres, la tradición es despreciada, rechazada pues no desean identificarse con aquello que se perdió.

Asumimos que aquello también se repite con los restos arqueológicos precolombinos, es sintomático lo sucedido con esta pirámide, edificación de seis metros de altura y 2.500 metros cuadrados de superficie -ubicada en el Complejo Arqueológico El Paraíso-, en el que quizás los perpetradores de este acto no se hayan identificados, no saben ni para qué estuvo ni porqué todavía la conservan y cómo es posible que ese montón de tierra les impida ganar unos miles de dólares. No se reconocen en ello, ese pasado no es el suyo, el legado no les pertenece y se piensa que todo lo que son es producto de su propia mano; el gesto arrogante de los hombres que creen que su existencia es y acaba en ellos. Dirán que es falta de educación y quizás sea cierto, pero es irreversible, hay muchas generaciones de individuos que no sabrán exactamente dónde está lo malo en lo sucedido, como aquél que al no saber de ortografía, no puede detectar el error en una palabra mal escrita. Lo preocupante es el formar un país con ciudadanos que desprecian su pasado, que no lo conocen y no respetan las normas y por ende al Estado, la barbarie que proviene de personas a las que se les confían derechos y deberes, que traicionan un legado que deben proteger. A veces un país se prepara para proteger su territorio del invasor pero así como dice la frase, ni el mejor guerrero está preparado cuando el ataque proviene de su propio bando.


Castigar con penas es lo más irrelevante en este caso, sino lo que debe alertarnos es qué tipos de ciudadanos estamos formando, seres traicioneros que ante la más mínima oportunidad nos darán un gran golpe, es así que la oda al lucro no nos vuelve ciudadanos sino simples mercenarios.

miércoles, 11 de julio de 2012

Un encuentro cultural: La Papa Cósmica



Los espacios de expresión cultural siempre serán necesarios en las sociedades que pretendan manifestar la cultura viva que las nutre. En ella podemos medir la temperatura y la efervescencia creativa de un medio, de tal manera que hallarlos es un descubrimiento intenso y revelador. La Papa Cósmica es uno de estos espacios, uno itinerante, casi gitano en el transcurrir de su primer año de existencia y que ha buscado con romanticismo crear ambientes poéticos donde antes no los habían, pues están convencidos de que la poesía y la música siempre serán bien recibidos. Su pretensión es promover y difundir las creaciones artísticas de quienes se acerquen a ellos. En cada recital se puede encontrar personas que por primera vez recitan o escriben un poema como también a los que han hecho de la poesía una manera de vida. La experiencia de cada encuentro es diferente, quizás llevada por los lugares distintos en los que se realiza ,pues la religiosidad con la que se celebra, los 21 de cada mes, crea un público constante y fiel.

Los recitales de la Papa Cósmica no caen en lo rutinario, los organizadores son conscientes que los participantes hacen el evento, no hay convencionalismos ni una estructura rígida, solo esta es una guía pues tanto poetas, músicos y público asistente tienen un pacto tácito que consiste en escuchar y ser escuchados.

En un año de existencia se han realizado más de diez recitales, visitando diferentes espacios como el Centro Cultural de España, así como casas y locales del centro de Lima, Miraflores, Barranco y Villa el Salvador, conociendo públicos distintos con exigencias y pretensiones dispares. Eso le ha dado a estos recitales una dinámica peculiar, ya que se percibe la necesidad de adaptarse tanto de los artistas como de los asistentes en los lugares en donde se realizan.

La Papa Cósmica busca concentrar en una noche de cada mes diferentes propuestas artísticas, vengan de donde vengan, sin importar cuáles sean sus referentes, preferencias u origen; no vemos parámetros en las presentaciones, la libertad de mostrar la creación es importante para mantener la vitalidad de este evento. Y no podemos olvidar el tan importante núcleo gastronómico que han creado, haciéndolo como una característica casi única en los recitales existentes, que son las llamadas “papitas cósmicas” que pueden ser degustadas por los asistentes donde en este compartir se genera un ambiente de camaradería íntimo, ese que solo se crea cuando comemos de la misma mesa y del mismo plato, que en este caso, de la misma olla de donde todos se sirven.

Tutti Tudela, José Carlos Botto y José Ignacio López Ramírez–Gastón, sus organizadores, han creado no sólo un nuevo evento sino una manera de promover el arte, dándonos una visión de hacerlo de una manera amable, integradora y democrática tan necesaria para acercar la cultura a todos.

Ellos ahora con la pretensión de llevar más allá de Lima su visión, visitan el Festival de Poesía de Chepén Chepén para compartir su experiencia y quizás animar a algún interesado en el arte a expandir sus recitales.

lunes, 28 de septiembre de 2009

Cultura de Culto

Cuando he deseado ir a cualquier lugar relajado donde pueda sentarme a leer un libro, contemplar algún cuadro o escuchar un recital de poesía, me he encontrado en un dilema debido a que es complicado llegar a los espacios donde ellos se encuentran (por motivos de tiempo y tráfico) y lo más descorazonador aún, es que una vez ahí la oferta no es muy variada. Cruzar media ciudad de Lima para ver una decena de cuadros de un pintor del cual apenas me entero de su existencia por una escueta reseña de un diario, no vale la pena el esfuerzo y queda el gusto a poco. Las galerías de exposición son pequeñas habitaciones sin grandes pretensiones, aisladas entre muchedumbre indiferente y ruido ambiental. No sé qué tanto pueda influir unos espacios culturales como estos en una ciudad de 10 millones de habitantes. La carencia de focos culturales que abarquen la total variedad de exposiciones y propuestas artísticas hace que estos subsistan simplemente por la caridad de algunos medios de comunicación que se dignan a comunicar al resto su existencia.

Y es que Lima no tiene espacios donde se presente una propuesta cultural como totalidad (ni a nivel artístico ni arquitectónico ni intelectual), es decir movimientos culturales totales en el que interactúen diferentes planteamientos artísticos y se nutran entre ellos, lo que se observa son guetos artísticos venerados por ellos mismos y severamente críticos con los ajenos, aludiendo que la masificación de su arte es sinónimo de decadencia y futilidad. Un sin sentido que se refleja en la indiferencia de los consumidores de cultura que prefieren lo popular y pomposo – por ejemplo, no podemos negar que mucho dinero destinado a la compra de un libro es dirigido hacia el título más publicitado o del autor más carismático- a lo trabajado a conciencia y con lo que posee ánimo de propuesta innovadora.

Tampoco se debe pretender que los consumidores de cultura, “adquieran” lo local simplemente por el hecho de serlo, porque se debe respetar las leyes del consumo y la libre elección, si intentamos “obligar” a preferir lo local como consecuencia de un sentimiento de culpa, simplemente se estará acostumbrando su realización a un acto de caridad más que a una necesidad. Las personas dedicadas a desarrollar las manifestaciones culturales que intentan insertarse al mundo consumista (lleno de parafernalia publicitaria, premios y cantidades respetables de dinero) son los mejores indicados a generar corrientes artísticas que la misma sociedad requiera, ya que viven de eso. Todavía podemos hallar algunas declaraciones de poetas, pintores o narradores que intentan imponer su manera peculiar de ver la sociedad, reclamando notoriedad y consumo, cuando lo que expresan no tienen ningún sentido para el resto de personas.

Retomando el primer ítem, podemos afirmar que no se puede encontrar con claridad espacios multiculturales donde se valoren las diferentes manifestaciones con el mismo peso e interactúen entre ellas al mismo nivel. Lo que si hallamos es la intención de resaltar un tipo de expresión artística sobre otra en el que los medios de comunicación son los principales promotores de tal postura. No ubicamos lugares en el que los ciudadanos podamos contrastar las distintas manifestaciones y hacer eco de aquellas expresiones.

La imposición mediática de lo que es digno de análisis a nivel estético, o mejor dicho, a nivel artístico hace que la generación de la cultura o la inversión en ella sea vista como una actividad superflua y sin sentido. Ninguna entidad estatal abogará por dar apoyo a una actividad vista como intento individual de reconocimiento social.

Es de imperiosa necesidad crear un centro cultural o una cadena de ellos que sean la expresión continua y latente de miles de creadores que intentan reflejar en la realidad, las impresiones que poseen de ella. Un espacio abierto a todo tipo de propuesta artística sin distinción. La intolerancia reflejada en los actuales espacios culturales, hacen de las expresiones mostradas en ellos sean una alegoría a lo inalcanzable y banal, son arte de élite o satélites aislados poco comprendidos, privando de tales espacios a las manifestaciones producto del desarrollo natural de una sociedad que toda expresión artística y cultural necesita.

Los estándares impuestos arbitrariamente por la considerada “alta cultura”, aún no pueden ser cumplidas por la mayoría de las expresiones artísticas, es por eso que se debe sincerar estos espacios para que sean los propios parroquianos quienes realmente determinen si ciertas falencias técnicas o de insumos puedan ser toleradas y en todo caso asimiladas por el público al que finalmente están destinadas.

En un reciente entrevista, Claude Mollard, el considerado padre del Centro Georges Pompidou de Francia, dijo que la importancia de este Centro se debió a que fue por la llamada “acción cultural concertada” definida por él como la concepción y organización de una política cultural, asociativa o federativa con todas las fuerzas intelectuales, artísticas, morales y sociales de un país. De esta manera se evitó y se evita que un Estado quiera imponer ciertas formas culturales en detrimento de otras. Para él, “la cultura es democrática o no es nada, es pluralista o está condenada a la degeneración”. La coexistencia es imprescindible para la revitalización de la cultura, en el que afirma que “no se puede separar el conocimiento artístico (la inteligencia visual) y el conocimiento intelectual que pasa por el escrito”

Es así que los centros de expresión cultural deben abarcar una totalidad de ideas y posiciones, no separar una ideología de otra por el hecho de aparentar incompatibilidad de contenido o propuestas. No basta con las fusiones o las especializaciones, es legítima la existencia de obras orientadas hacia uno u otro lado, pero no deben ser excluyentes. Volviendo a la entrevista a Mollard, él nos habla de la experiencia de movimiento surrealista francés, donde esta fue el resultado del diálogo constante de artistas y escritores; Mollard explica: “… André Bretón, escritor y poeta, padre del movimiento, es también un admirable coleccionista de arte. Bretón hizo camaradería con el pintor Max Ernst, con el poeta Robert Desnos, con el escritor Philippe Soupault y con artistas como Dalí, De Chirico, Picabia”, se refería a que el Centro Pompidou , pudo reunir en un solo lugar las obras de estos creadores “ se une las obras del arte y del espíritu… tomando en cuenta esta profunda realidad del pensamiento que no puede ser dividida, ya que ella es por definición unificadora de la naturaleza humana y del destino del mundo, definición que es, a fin de cuentas, la que André Marlaux dio al ministerio de cultura francés, del cual fue su primer ministro en 1959:”favorecer la difusión de las obras de arte y del espíritu al mayor número de personas..””

La democratización de la cultura no parte de darle acceso al pueblo a lo más exquisito del arte clásico o moderno, sino en acercarle su importancia, incentivar al desarrollo que ellos mismos le pueden dar con su propia creatividad. De nada puede servirle a una sociedad elevar la valla cultural por el hecho de asumir que con esta medida podamos estar a la par de lo considerado culto en el exterior. Las manifestaciones culturales son el reflejo de la vida diaria, de la mayoría, lo que se vive y asimila. Insistir en que la “cultura” es algo de culto (valorado por un grupo reducido de personas) es obtuso, ya que eso produce una degeneración de la misma y la indiferencia del resto.

Escuchamos la protesta constante de los artistas y escritores en la que se reclama mayor espacio a su arte y se les debe de dar cabida, dejar que la misma sociedad los valore y califique, una entidad cultural que abrace a todas estas manifestaciones permitiría democratizar la cultura. Una que posibilite el diálogo artístico constante hará que ella misma encuentre su sitial dentro de las necesidades del ser humano.

La importancia de establecer canales de expresión democrática no sólo es necesaria en la política, la cultura lo exige desde que somos república, la tolerancia hacia las ideas no sólo deben concentrarse en lo ideológico, sino también en los artístico. Que nos den oportunidad de elegir, que la “cultura” no es solo un nombre ni una sola y no todo lo que provenga de ella es “altamente” recomendable, sino que sepamos a ciencia cierta que ella abarca una gran cantidad de contenido, de tal manera podamos escoger entre la que más nos agrade y con la que más nos entendamos, porque si decimos que “cultura” es la que nos obligan a consumir por el hecho de ser tal y porque de ella se habla bien en los medios de comunicación y lo que nos se informa en ello no lo es, no habría mucha diferencia con un gobierno fascista en el que existe un arte nacional y el otro, un arte degenerado.

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La idea de la muerte no está en ella misma. Luego de fallecer, en nosotros no queda más que la nada. Así, todo aquello que reflexionamos o i...