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viernes, 9 de septiembre de 2011

Discurso de Carlos E. Luján Andrade acerca de su poemario doble Soundtrack / Miles de Misiles



CENTRO CULTURAL LA NOCHE, 7 DE SEPTIEMBRE DE 2011

Muchas Gracias a todos por venir este día y acompañarme en la presentación de mi libro, quiero agradecer a los expositores por sus palabras y a todos aquellos que han hecho posible que este evento se realice. También deseo agradecer a las personas a las que dediqué este libro, en especial a mi padre, que sin su apoyo y sobre todo fe quizás ni siquiera hubiese podido escribir alguna línea, a mi hermana Gisela que hoy no ha podido estar conmigo por encontrarse en Paris pero que siempre ha sido buena consejera y aliada no sólo en temas literarios sino en todo aspecto, impulsándome a continuar en la actividad poética. Y a Sandra, quién me acompaño fielmente durante todo el proceso de la elaboración de este libro a pesar de los momentos difíciles que vivía. Finalmente, quiero recordar a mi madre porque ahí quizás esté la razón de la escritura de mis poemas, su ausencia física siempre me generó el deseo de conversar con ella, de manifestar mis pareceres e impresiones a alguien que ya no estaba a mi lado. Y en ese tránsito de llegar a comprender  en cómo es que se puede dialogar ante una ausencia, uno empieza a hablar a un interlocutor que sólo existe en nuestro recuerdo.  Es en ese hablar -fuera de toda necesidad de clara comprensión-  en el que se generan imágenes alucinadas y sin temporalidad, donde se crea un propio lenguaje en el que uno termina conversando consigo mismo y es ahí donde para mí tenía más sentido lo que nos enunciaba Bernard Shaw acerca de que “ Los poetas hablan consigo mismo en voz alta y el mundo los oye por casualidad ".  Es en el recuerdo de mi madre, en la necesidad de contarle cómo es el mundo tiempo después de que ella se fue, mi mundo, donde parte el origen de lo que escribo.

Qué les puedo decir acerca de este libro que en realidad son dos. El primero de ellos se llama Soundtrack (banda sonora en español) nacido del deseo lúdico de escribir algo sin pensar demasiado en lo que se dirá, motivado por las imágenes que se presentan al escuchar una melodía, con la intención de describir la sensación que emerge cuando uno enciende la radio o presiona “Play”. Y así como la sensación de cada interpretación musical es efímera y única -que se va casi en el instante en que aparece para luego ser reemplazada por otra-  también es la intención de tales poemas: volátiles, espontáneos, espasmos de emociones ya perdidas.   Pero es escritura, el resultado de ese experimento es este libro en el que contradice todo lo que expongo ahora, porque esto no es efímero, es real, más sentido hubiese sido ser como el escultor de humo, del que hablaba Giovanni Papini en su novela Gog, donde el artista frenéticamente le da forma  con una larga paleta y una vez terminada, presuroso le dice a Gog: “¡Mire! ¡De prisa! ¡Imprima la forma en su memoria! ¡Dentro de pocos segundos la estatua se desvanecerá como una melodía que acaba!”. Lástima que no se puedan escribir libros con tinta de humo. Así tendría más sentido lo que explico.

El título del poemario está inglés, quizás pueda ser porque varias de las canciones que motivaron su escritura están en ese idioma, aunque prefiero justificarlo por una anécdota que el poeta peruano Paco Bendezú alguna vez contó, en la cual el mismo Pablo Neruda le dijo que ponerle el nombre en inglés a un poema le traería buena suerte, es así que este poeta le puso Twilight a uno suyo, el resultado fue que ahora dicho trabajo  es considerado como uno de los mejores poemas amorosos peruanos.  Así que indirectamente también le hice caso a Neruda y también me trajo buena suerte. Aunque lo más probable es que no vuelva hacerle caso.

Por otro lado y al otro lado,  está el poemario Miles de Misiles, en sí la existencia de este trabajo es para darle actualidad al libro, porque Soundtrack es del 2006 y este último, del 2008.  Son dos épocas distintas, momentos también distantes y es preciso aclarar la temporalidad de lo escrito porque, sobre todo en la poesía, esta es la fotografía de una emoción, en la que de acuerdo a nuestra experiencia literaria usaremos las imágenes y palabras hasta ese entonces aprendidas y conocidas. Tal vez, en el transcurso de nuestras vidas podamos vivir experiencias similares pero no se crearán los mismos versos pues es como ver una antigua fotografía en la aparecemos jóvenes y luego regresar a ese mismo lugar, tomar otra y después compararlas. Miles de Misiles también es el nombre de un poema incluido en este poemario que se concatena con lo dicho al iniciar este discurso, porque es parte del párrafo siguiente:


“(…)
Palabras temblorosas
Sollozan al espacio lácteo, sin forma
Lanzando miles de misiles a un blanco inexistente”



El poema también es eso, es lanzar palabras sin destino donde quizás hallen algún receptor que las aprehenda, que les hiera, que los conmueva, que los desprecie o les estalle en el pecho.

Sin embargo, el nombre original de esta obra no era así, el nombre con el que fue guardado en un cajón por tres años fue Sol de Medianoche en Groenlandia, un nombre largo, título también de otro poema que finalmente fue retirado antes de la impresión, no por una cuestión de capricho, sino por una necesidad de la imprenta.  Es así que a sugerencia de mi amigo Miguel Ramírez, tomé el nombre de otro poema para darle el título que ahora tiene. Era preciso aclararlo porque durante los años en que este poemario estuvo enclaustrado en mi escritorio, tuvo ese título que para mí significaba mucho. Como algunos sabrán, este es un fenómeno natural que se produce en los polos, donde no se oculta el Sol y a las 12 de la noche este sigue brillando. La alegoría a este nombre era porque intentaba mostrar la imagen de que en algún momento de la existencia, esa sombra que antes nos cobijaba, desaparece, como cuando nos abandona la inocencia para luego sentir por siempre la luz de la existencia sobre nuestras cabezas, quedando en nosotros el deber de dar un poco de sombra a quién todavía estén a nuestro cuidado, porque y cito la manera cómo terminaba este texto: “al parecer sin sombra, no olvidaremos el color del cielo”.  Y por qué hablar de un texto que no aparece finalmente en el libro, porque este le dio la existencia a los que sí están. Recordarlo es un homenaje al poema caído, como otros que también desaparecieron por las circunstancias y el presupuesto. Quizás Miles de Misiles sea la génesis de lo que escribo en este momento y de lo que escribiré en el futuro.

Un detalle que no quiero olvidar mencionar son las fotografías aparecidas en ambas carátulas, estas fueron tomadas hace unos años por mi hermana Gisela, el objetivo era capturar la imagen de un objeto y desprenderlo de su significado, es decir tomarle la fotografía a algo y darle la impresión de ser otra cosa menos de lo que es. Esta ambigüedad la consideré ideal para darle la imagen necesaria a lo que en realidad yo considero qué es la poesía. Al verlas ustedes le darán el significado que deseen, y de saber qué es, dirán que no necesariamente parece serlo.

Para terminar este discurso quiero mencionar que la publicación de este libro y la poesía en general me ha hecho conocer gente maravillosa, personas amantes del arte y la poesía mostrándome en su gusto por ellas el deseo de sincera libertad, porque la creación es la manifestación de no solo de ser libres sino también de querer liberar a los demás, enseñando y creando rumbos nuevos a los espíritus extraviados en los convencionalismos y las ideas pre establecidas.

Esta experiencia de publicar mi primer libro me la llevo como una lección, en la de creer en algo e ir hasta el final, siendo responsable del resultado. Una muestra de mi breve paso por la vida.


Muchas gracias.


Carlos E. Luján Andrade



Anahí Vásquez de Velasco, Gabriel Rimachi, Carlos Luján, Héctor Ñaupari, José Carlos Botto


domingo, 1 de mayo de 2011

La Sinceridad Poética *

* Exposición con motivo de la presentación del libro "Poéticas", Casa Raúl Porras Barrenechea, 29 de abril de 2011.

Cuando los editores me pidieron formular algunas reflexiones sobre el libro Poéticas, me resultó inevitable evocar lo pensado cuando me invitaron a escribir un poema sobre el Arte Poética:


Para quienes escriben Poesía, resulta complicado escribir sobre lo que ésta significa, tanto así como le resultaría a un loco hablar del origen de su locura, o más aún, de lo que para él significa la Locura. Un individuo poético no conoce otro universo que no sea el que la misma poesía le otorga, escribir sobre ella es solicitarle que abarque los sentimientos que le produce el vivir, un sentir tan vasto que no puede caber en un lenguaje cuyos significados y significantes han sido creados justamente para delimitar.  La tarea de escribir sobre lo que es el arte poética no hace sino expresar justamente la imposibilidad de referirse a ella.

Entonces, qué decir  sobre una publicación que contiene más de una treintena de poemas que justamente tratan de esto.

Y eso me lleva a observar luego de su lectura una constante: la sinceridad. Estos poemas se encuentran concatenados únicamente por el deseo de ser una comunidad libre, conformadas por figuras literarias de múltiples sonidos y rostros,  donde la belleza resalta la autenticidad de lo escrito, la autenticidad del hombre que vive para el verso.  Aclarando que no debemos creer que todo aquello que se hace llamar poesía es franco y más aún, no confundir la buena poesía o mala con lo que se pretende exponer, Pessoa tiene una observación al respecto, él explica:

“Para poder juzgar el mérito de un poeta, o de cualquier artista, hay que preguntarse, sucesivamente, tres cosas: 1) ¿Qué pretende expresar? 2) ¿Expresa de verdad lo que pretende? 3) ¿Expresa solamente lo que pretende? Si estas tres circunstancias se dan en un artista, puede desde luego asegurarse  que se trata de un artista de mérito; el grado o nivel de mérito es otra cuestión, más difícil de probar o definir…”



La mala poesía puede ser auténtica, en ella puede haber sinceridad de sentimiento pero la que no tiene, posee lo que Johannes Pfeiffer llamaba “falsedad de tono”.  Refiriéndose al no hablar en serio, en donde se fabrican sentimientos desesperados o creencias no experimentadas. Ejemplificándonos la manera de diferenciar entre la fabricación literaria y una auténtica expresión esencial; en la primera existe la impura afectación, la impertinente insistencia, jactancia y arrogancia, en el segundo está la casta sinceridad, la gravedad hermosa, firme y viril. En la falsa se descubre la trivialidad de los ritmos y de las rimas, lo barato de las imágenes, en ello hay una expresión de un impostado horror y tristeza no sentida, a la vez se puede descubrir que en este tipo de poesía se utiliza a la vida como justificación de los versos del poema, un simulacro poético que nos hace cómplice de un sentir irreal, derivándonos hacia una fantasía lejana paralela a la vida real. El desvergonzado impostor fabrica, crea, finge, se burla del fervor auténtico imponiendo una “fingida desesperación”.

En los poemas presentes en esta edición de Poéticas, la autenticidad se encuentra inoculada en la misma génesis del libro, ya que como señala Raúl Allaín, su editor, la creación de la presente publicación, surge en el periodo otorgado para la elección del texto sin que el editor haya tenido injerencia en la selección. Y qué más autenticidad que la reflejada por la voluntad de cada poeta para elegir entre toda su obra, o para escribir, lo que para ellos es su poesía. En tal sentido me pregunto: ¿Algún impostor poético podrá hacerlo sin ruborizarse?

Poemas que muestran las rutas tomadas desde diferentes puertos, convirtiéndose para unos, en una aventura interestelar hacia los más lejanos infinitos, mientras que para otros resulta más bien un viaje al centro del cuerpo, con la esperanza, quizás, de encontrar dentro de ellos mismos su propia alma. Poemas que en caravanas van acompañados de las mismas motivaciones, como es el sentimiento amoroso, dispersándose en su momento con sus propios versos, intentado cada uno arribar a algún destino esperado. El sentimiento poético es el combustible de la poesía, la autenticidad de todas estas voluntades nos permite confiar en que cada uno de estos escritos nos hará llegar hacia donde sus autores nos guíen. Porque confío en que tal franqueza no nos llevará al naufragio. Pero no nos equivoquemos, esta autenticidad de la que hablo no debe confundirse con la Verdad, ya que si bien puede existir la falsa poesía, no por ello debemos considerar a la poesía verídica como su antagónica. Edgar Allan Poe, manifestaba que se ha impuesto la herejía de La Didáctica, suponiendo tácita y expresamente como objeto último de toda Poesía, la Verdad, objetando que para buscarla se necesita severidad, sencillez, precisión, laconismo, frialdad y desapasionamiento, el reverso de lo Poético. Afirmando así que la Poesía se nutre del Gusto, la que le hace la guerra al Vicio, continente de la deformidad y la desproporción que atentan contra la Belleza; porque eso es lo poético, el sentido de lo Bello. Un instinto inmortal profundamente enraizado en el espíritu del hombre, no siendo una mera apreciación de la Belleza que hay en nosotros, sino el desaforado esfuerzo por alcanzar a la que está por encima, y en ese intento es posible percibir la placentera elevación o entusiasmo del alma que se reconoce como el Sentimiento Poético. De ahí la diferencia con la Verdad, que es la satisfacción de la Razón y de la Pasión, que es la satisfacción del corazón, y de existir aquéllas deberán ser sometidas a la Belleza, atmósfera y real esencia del Poema.

¿Y qué podemos encontrar en la sinceridad poética? Si bien en la falsa poesía hallamos pre- experiencias, descripciones de emociones no vividas y la imposibilidad de conocer al mismo poeta, en la sincera percibimos al individuo real, no al fabricado, al hombre que está muy cerca de las tentaciones mundanas y a los vicios del orgullo. Y si bien la poesía destaca por ser pura, no olvidemos lo que decía el poeta cubano Virgilio Piñera: la mitad de toda pureza es impureza, lucha, espanto, tinieblas y horror. A veces tenemos la necesidad de fabricar detrás de este género un halo de excelsitud y admiración exagerada por la creencia de que algún espíritu supremo solicita nuestro verso para trasladar la inspiración proveniente de una inmaterialidad desconocida. Sin embargo, tras bambalinas, a todas estas palabras las preceden graves errores, desengaños bestiales, días pugnando con los días, fatales desenlaces, tristeza honda y quizás punitivas decisiones. La libertad poética nos desprende de la sanción terrenal, permite que nos arroguemos una demencia justificable, denunciando con versos edulcorados las más terribles emociones.

No obstante en aquélla también realzamos la vida, le damos una nueva dimensión a lo creído desolador, odiamos con encanto, creamos dioses tristes o viejos en contraste con la impuesta felicidad y juventud del poeta viviente en nuestros versos, respondemos todas las preguntas angustiantes con imágenes únicas y somos diferentes entre todo aquello que vemos igual.

Durante buen tiempo creí que la poesía contenía una tristeza innata, el peso de las emociones del hombre, el lamento de un aprisionado gigante que lucha por salir de una pequeña y oscura cueva, sin embargo, tal estremecimiento no debe ser patético porque la Belleza no lo es, más bien en ella se enaltece a la melancolía, o como hace unos días escuché decir al escritor chileno Antonio Skármeta, la poesía es encontrar la victoria en la derrota.

Los poemas agrupados en este libro me dan una lección acerca de eso, de encontrarme con la necesidad de todos ellos de salir a flote, estirando el cuello sobre la marea en busca de un respiro, así tengamos, como los icebergs, el descomunal peso de las confundidas emociones bajo el mar. En ese deseo de trascendencia, de instinto de supervivencia podemos hallar la sinceridad poética que la poesía reclama para sí misma.

Concluiré esta breve exposición con la lectura de un pequeño poema de Fernando Pessoa:

Dicen que finjo o miento
En todo lo que escribo. No.
Yo simplemente siento
Con la imaginación.
No uso el corazón.

Lo que sueño y todo lo que me pasa,
Lo que me falta o lo que finaliza,
Es como una terraza
Que da a otra cosa todavía.
Esa cosa sí es linda.
Por eso escribo en medio
De lo que está en pie,
Libre de mi atadura,
Serio de lo que no lo es,
¿Sentir? ¡Sienta quien lee!




Muchas Gracias.


Carlos Luján Andrade



POÉTICAS



El día viernes 29 de abril a las 7:00 pm (hora exacta) se presentará el poemario: POÉTICAS – Artes Poéticas por poetas contemporáneos peruanos, editado por Raúl Allain.


La presentación del libro estará a cargo de Héctor Ñaupari, Carlos Eduardo Luján Andrade, Raúl Allain e Iván Fernández-Dávila.


Se ofrecerá una lectura poéticas con textos de los poetas participantes:


JULIO ATENCIO, MERIAM BENDAYAN, THALÍA TUMES, CARLOS LUJÁN ANDRADE, CLAUDIA INCHÁUSTEGUI, ESTEFANÍA CUESTAS, JULIO CARMONA, NONATO RUFINO CHUQUIMAMANI VALER, VALERIA SEMINARIO, FRANSILES GALLARDO, SEBASTIÁN ARAGÓN, MIGUEL AGURTO SILVA, ROSINA VALCÁRCEL, JORGE CORDOVA, MOSHENGA VIII CABANILLAS PEREZ, FRANK HERNÁNDEZ, FABRIZIO ALVAREZ LOBATO, ALEX VALENZUELA ROMERO, KAREN CARBONE ROJAS, GABY ARCE MUÑOZ, HÉCTOR ÑAUPARI, PARIX CRUZADO, UMBERTO TOSO, JUAN ESTEBAN YUPANQUI, PAUL CAÑAMERO ÁLVAREZ, JAVIER CUSQUISIBÁN MOSQUERA, LIZANDRO VARGAS PACAYA, ZOILA CAPRISTÁN, ELMER ARANA, NÉSTOR MÁLAGA CARPIO, LENA LUNA, JIMMY CALLA, LENAR MAR, MARIA ALEJANDRA CASTELLANOS, LEYDY LOAYZA, DIANA LIZETH BENITEZ, PAUL TORRES.


Fotografías del evento:

Raúl Allaín, Iván Fernandez - Dávila, Hector Ñaupari, Carlos Luján A.

















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