domingo, 27 de diciembre de 2009

Los Tanques Chinos y el Derecho Internacional


por Carlos Luján Andrade

Esta es una reflexión basada en el debate que desde hace un tiempo se ha desarrollado por motivo de la carrera armamentista de Chile denunciada por el gobierno peruano, y ante la pregunta ¿para qué se está armando Chile? mi opinión está orientada por lo que nos dice el Derecho Internacional Público y lo que podría suceder dentro de unos años una vez que el fallo de la Corte Internacional de la Haya sea dado.
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El concepto nos dice que el Derecho Internacional Público no es un Derecho en sí porque que este carece de una fuerza coaccionante, debido a que el Estado no puede admitir una fuerza superior a ella tal como en su momento lo manifiesta Hegel, más aún es casi imposible que los Estados creen entre ellos una comunidad de reciprocidad jurídica (idea expresada por Adolf Lasson citado por Hugo Llanos Mansilla en su libro Teoría y Práctica del Derecho Internacional Público) ya que entre ellos cualquier conflicto se decide por la fuerza y lo demás es un mero “compromiso diplomático” (Hans J. Morgenthau).

Esto nos muestra que el poder del DIP es limitado y de ser favorable el fallo de la Haya para Perú, de qué manera nosotros como país haremos para que sea acatado por Chile, en el mismo texto de Hugo Llanos recuerda el caso “Chamizal”, en el que México y EEUU tenían un pequeño conflicto fronterizo a comienzos de siglo, la Corte Arbitral decidió en favor de México pero pasaron casi setenta años para que EEUU lo cumpliera y se plantea la pregunta ¿si el fallo era a favor de EEUU, habría pasado tanto tiempo para que se acatara?

Simplemente Chile se arma para hacer cumplir las decisiones que un tribunal internacional les diera a su favor, preguntémonos qué tanto se demorará Chile en cumplir el fallo de la Haya de ser favorable para Perú si no hay manera de coaccionarlo, ¿podremos intimidar a sus tanques Leopards con esos tanques chinos ? De no poder resolver a corto plazo este desacuerdo, la tensión entre ambos países se puede agravar.

sábado, 3 de octubre de 2009

¿Por qué no se consume poesía?



Hace algún tiempo, leí un artículo del intelectual peruano Abelardo Oquendo, en dicho texto reflexionaba en torno a la poca acogida de la lectura de poesía en Lima y en general, en el Perú. Pero él no se refería a la lectura de los autores conocidos como Santos Chocano, Vallejo o Eguren y ni qué decir de los clásicos españoles, sino más bien nos hablaba de los contemporáneos, de la poesía producida actualmente en nuestro país. Él mencionaba que se pierde de mucho ya que se escribe buena poesía en estos días, dando nombres y títulos que uno no puede encontrarlos con facilidad en las librerías debido a su corto tiraje y mala distribución.

Más aún, en otro pertinente texto Oquendo critica a la Pontificia Universidad Católica del Perú por haber editado sólo mil ejemplares del poemario ganador de su Primer Concurso Nacional de Poesía (2005), un concurso que distingue con 10 mil dólares a la obra ganadora (el mayor premio dado a un concurso de poesía actualmente), mencionando de que cómo es posible que en un país de 27 millones de habitantes sólo se edite esa minúscula cantidad. Y en otra posterior columna se preguntaba sobre cómo puede haber poesía peruana si ella no es leída, si se puede hablar de poesía peruana en un país en el que no se sabe nada de sus autores y obras, entonces ¿para quién existe esta?

Y nos encontramos ante una situación preocupante si unimos que la necesidad de escribirla no es la misma que de leerla, en la última convocatoria del Premio Nacional de Literatura organizado por la Pontificia Universidad Católica del Perú (2009), de los 800 trabajos presentados, 640 eran poemarios, ¿entonces? ¿Qué es lo que está sucediendo?

Cuando estuve en un Taller de Poesía dirigido por un poeta reconocido, ganador del Premio Copé de Oro (el concurso más prestigioso de literatura que existe en el Perú), le pregunté ¿qué cree usted que se necesita para ganar un concurso nacional de poesía? Y el sinceramente me respondió que los trabajos deben de reflejar cierta cultura literaria e histórica, referenciar a autores conocidos y respetados, tal vez escribir sobre un tema vanguardista actual, mencionar localismos pero sin dejar de mostrar un estilo depurado, y si uno puede agregar algo de inglés o francés, mejor, mencionó otros detalles que ahora no los recuerdo pero que iban por esa tendencia.

Es así, que todo lo dicho por Oquendo tenía un sentido para mí, el problema no era la poesía, sino la idea que se tiene de ella, por eso cuando hablamos de poesía se vienen a la cabeza un lenguaje exquisito, metáforas complejas y temas extraterrenales, sin olvidar mencionar las idealizaciones amorosas. Ya la idea preconcebida que se maneja del género poético es de distancia con respecto a los intereses de la mayoría de lectores, un detalle importante que no hay que olvidar ya que el interés de la gente es el principal criterio que un editor considera para publicar un libro y las librerías para venderlo. La Narrativa tiene un campo mucho más atractivo, las historias bien contadas con lenguaje sencillo (una característica de todo aquello que obtiene acogida comercial en estos tiempos) y sobre todo exóticos, son fijos éxitos de venta. Los medios de comunicación escritos también están más dispuestos a colaborar en publicitar ese género porque puede hallar una conexión inmediata con sus lectores.

No creo que sea pertinente referirnos al nivel educativo ni la capacidad de comprensión lectora de las personas, ni en la propuesta de que mejorando tales habilidades les harán ser receptores más aptos para la buena literatura, porque tales afirmaciones no son útiles para abordar la falta de interés actual en la poesía. Sino que una vez conscientes de ese universo lector, es necesario buscar alternativas que se puedan explotar.

Menciono a los concursos literarios en esta problemática, porque ellos son los que ahora llevan la voz directora en lo referido a la valorización de las obras literarias, un galardón es un sello de garantía para las personas que lo consumen y atractivos para los medios de comunicación. Editoriales como Planeta o Alfaguara han optado en sus jugosos premios literarios, por premiar lo sencillo, inmediato y atractivo, de lenguaje casi colegial pero bien tratado, de esta manera hacen de las obras premiadas una excelente inversión. Las editoriales norteamericanas van por esa tendencia, sin menoscabar su tradición, dan cobertura a lo que puede ser un best sellers. Eso augura ingentes cantidades de dinero a empresas que son conscientes que la literatura de hoy es un buen negocio.

A pesar de tales experiencias, en el Perú, aún el concepto de que la literatura es un género orientado a un público culto y reducido ocasiona la poca rentabilidad de ella. Más sensatas han sido las revistas, que en pocos años han logrado capturar una interesante cantidad de lectores obteniendo rentables ingresos por la publicidad que muestran en sus ediciones. El contenido de estas revistas es variado y especializado y en muchos casos de gran nivel literario.

Los culpables del desinterés por el consumo de la poesía parte principalmente de aquellos que “certifican” el valor y dan el significado que este género debería poseer. Requerir un contenido depurado y de estilo académico consensuado para obtener un galardón literario aparta al público común perdiéndose una gran oportunidad de popularizarlo. Es comprensible la intención de estos concursos si son financiados por altruistas fundaciones o universidades que poco saben de las posibilidades comerciales de la literatura y están en todo su derecho de hacerlo de esa forma, pero debemos entender también que no es la única manera de darle cabida.

Es preciso hacer una comparación con la popularización de la música rock a fines de los años setenta, el género musical punk fue un fenómeno que congregó a muchos jóvenes que tenían algo que decir pero sabían poco de música. Eran las épocas del rock progresivo, música bien elaborada por intérpretes y compositores duchos en su arte, las expresiones musicales de ese entonces y las de vanguardia era compuesta exclusivamente por aquellos que poseían profundos conocimientos musicales. Esa circunstancia aminoró el entusiasmo de los jóvenes por acercarse a ella. No obstante, el punk fue una respuesta a ello, tres acordes bien tocados, riff de guitarra estridentes, letras sencillas pero cargadas de contenido social o de alaridos emotivos adolescentes, constituyeron el combustible del motor musical que se estaba apagando de a pocos en ese entonces. La música punk, musicalmente no representaba nada, sólo fue el vehículo para que una generación de jóvenes sintiera que la música servía para expresar los sentimientos más sencillos, posteriormente los ochenta con su variopinta propuesta musical y el nacimiento de MTV, dan prueba de ello.

Un fenómeno musical que debería repetirse en la poesía, una poesía punk puede ser una opción (hay algunos que dicen que la detentan pero sólo se percibe de ellos más que su auto denominación), pero con matices comerciales, hacer de ella una alternativa de consumo, enfocarse no en aquellos que ven a este género como el parnaso de las letras, sino a los que quieran expresarse con sensatez y sin tanta pomposidad académica. Un amigo me explicaba que se escribe poesía en grandes cantidades porque en ella se pueden ocultar muchas deficiencias sintácticas y de redacción, entonces, qué mejor oportunidad para que esta pueda ser la alternativa de expresión colectiva inicial.

El apoyo de empresas editoriales es fundamental, empezar por convocar concursos de poesía con pretensiones comerciales, de esta manera desterrar la idea equivocada de que ella, por su naturaleza, no es comerciable. Insistir en ello es pensar como los académicos que desean alejar lo popular de una actividad que imaginan exclusiva.

El enfoque debe de centrarse en identificar las expresiones poéticas más atractivas a la lectura de la gente de a pie y no en las obras en donde uno necesiten un postgrado en literatura para comprender alguna de sus complejas metáforas.

No es reinventar la poesía, porque hay escritores desperdigados por la Internet o en los recitales y publicaciones casi clandestinos que ya escriben este tipo de poesía. Entonces, el tema principal y primordial es la difusión y publicación, ganarle la batalla al esteticismo académico poético con el mayor número de lectores y de ingresos.

Hoy, la literatura es un negocio, toda actividad seria termina siéndola y la poesía no tiene porque ser la excepción y para eso tenemos que hacerla primero popular y luego comercial, un negocio rentable.


lunes, 28 de septiembre de 2009

Cultura de Culto

Cuando he deseado ir a cualquier lugar relajado donde pueda sentarme a leer un libro, contemplar algún cuadro o escuchar un recital de poesía, me he encontrado en un dilema debido a que es complicado llegar a los espacios donde ellos se encuentran (por motivos de tiempo y tráfico) y lo más descorazonador aún, es que una vez ahí la oferta no es muy variada. Cruzar media ciudad de Lima para ver una decena de cuadros de un pintor del cual apenas me entero de su existencia por una escueta reseña de un diario, no vale la pena el esfuerzo y queda el gusto a poco. Las galerías de exposición son pequeñas habitaciones sin grandes pretensiones, aisladas entre muchedumbre indiferente y ruido ambiental. No sé qué tanto pueda influir unos espacios culturales como estos en una ciudad de 10 millones de habitantes. La carencia de focos culturales que abarquen la total variedad de exposiciones y propuestas artísticas hace que estos subsistan simplemente por la caridad de algunos medios de comunicación que se dignan a comunicar al resto su existencia.

Y es que Lima no tiene espacios donde se presente una propuesta cultural como totalidad (ni a nivel artístico ni arquitectónico ni intelectual), es decir movimientos culturales totales en el que interactúen diferentes planteamientos artísticos y se nutran entre ellos, lo que se observa son guetos artísticos venerados por ellos mismos y severamente críticos con los ajenos, aludiendo que la masificación de su arte es sinónimo de decadencia y futilidad. Un sin sentido que se refleja en la indiferencia de los consumidores de cultura que prefieren lo popular y pomposo – por ejemplo, no podemos negar que mucho dinero destinado a la compra de un libro es dirigido hacia el título más publicitado o del autor más carismático- a lo trabajado a conciencia y con lo que posee ánimo de propuesta innovadora.

Tampoco se debe pretender que los consumidores de cultura, “adquieran” lo local simplemente por el hecho de serlo, porque se debe respetar las leyes del consumo y la libre elección, si intentamos “obligar” a preferir lo local como consecuencia de un sentimiento de culpa, simplemente se estará acostumbrando su realización a un acto de caridad más que a una necesidad. Las personas dedicadas a desarrollar las manifestaciones culturales que intentan insertarse al mundo consumista (lleno de parafernalia publicitaria, premios y cantidades respetables de dinero) son los mejores indicados a generar corrientes artísticas que la misma sociedad requiera, ya que viven de eso. Todavía podemos hallar algunas declaraciones de poetas, pintores o narradores que intentan imponer su manera peculiar de ver la sociedad, reclamando notoriedad y consumo, cuando lo que expresan no tienen ningún sentido para el resto de personas.

Retomando el primer ítem, podemos afirmar que no se puede encontrar con claridad espacios multiculturales donde se valoren las diferentes manifestaciones con el mismo peso e interactúen entre ellas al mismo nivel. Lo que si hallamos es la intención de resaltar un tipo de expresión artística sobre otra en el que los medios de comunicación son los principales promotores de tal postura. No ubicamos lugares en el que los ciudadanos podamos contrastar las distintas manifestaciones y hacer eco de aquellas expresiones.

La imposición mediática de lo que es digno de análisis a nivel estético, o mejor dicho, a nivel artístico hace que la generación de la cultura o la inversión en ella sea vista como una actividad superflua y sin sentido. Ninguna entidad estatal abogará por dar apoyo a una actividad vista como intento individual de reconocimiento social.

Es de imperiosa necesidad crear un centro cultural o una cadena de ellos que sean la expresión continua y latente de miles de creadores que intentan reflejar en la realidad, las impresiones que poseen de ella. Un espacio abierto a todo tipo de propuesta artística sin distinción. La intolerancia reflejada en los actuales espacios culturales, hacen de las expresiones mostradas en ellos sean una alegoría a lo inalcanzable y banal, son arte de élite o satélites aislados poco comprendidos, privando de tales espacios a las manifestaciones producto del desarrollo natural de una sociedad que toda expresión artística y cultural necesita.

Los estándares impuestos arbitrariamente por la considerada “alta cultura”, aún no pueden ser cumplidas por la mayoría de las expresiones artísticas, es por eso que se debe sincerar estos espacios para que sean los propios parroquianos quienes realmente determinen si ciertas falencias técnicas o de insumos puedan ser toleradas y en todo caso asimiladas por el público al que finalmente están destinadas.

En un reciente entrevista, Claude Mollard, el considerado padre del Centro Georges Pompidou de Francia, dijo que la importancia de este Centro se debió a que fue por la llamada “acción cultural concertada” definida por él como la concepción y organización de una política cultural, asociativa o federativa con todas las fuerzas intelectuales, artísticas, morales y sociales de un país. De esta manera se evitó y se evita que un Estado quiera imponer ciertas formas culturales en detrimento de otras. Para él, “la cultura es democrática o no es nada, es pluralista o está condenada a la degeneración”. La coexistencia es imprescindible para la revitalización de la cultura, en el que afirma que “no se puede separar el conocimiento artístico (la inteligencia visual) y el conocimiento intelectual que pasa por el escrito”

Es así que los centros de expresión cultural deben abarcar una totalidad de ideas y posiciones, no separar una ideología de otra por el hecho de aparentar incompatibilidad de contenido o propuestas. No basta con las fusiones o las especializaciones, es legítima la existencia de obras orientadas hacia uno u otro lado, pero no deben ser excluyentes. Volviendo a la entrevista a Mollard, él nos habla de la experiencia de movimiento surrealista francés, donde esta fue el resultado del diálogo constante de artistas y escritores; Mollard explica: “… André Bretón, escritor y poeta, padre del movimiento, es también un admirable coleccionista de arte. Bretón hizo camaradería con el pintor Max Ernst, con el poeta Robert Desnos, con el escritor Philippe Soupault y con artistas como Dalí, De Chirico, Picabia”, se refería a que el Centro Pompidou , pudo reunir en un solo lugar las obras de estos creadores “ se une las obras del arte y del espíritu… tomando en cuenta esta profunda realidad del pensamiento que no puede ser dividida, ya que ella es por definición unificadora de la naturaleza humana y del destino del mundo, definición que es, a fin de cuentas, la que André Marlaux dio al ministerio de cultura francés, del cual fue su primer ministro en 1959:”favorecer la difusión de las obras de arte y del espíritu al mayor número de personas..””

La democratización de la cultura no parte de darle acceso al pueblo a lo más exquisito del arte clásico o moderno, sino en acercarle su importancia, incentivar al desarrollo que ellos mismos le pueden dar con su propia creatividad. De nada puede servirle a una sociedad elevar la valla cultural por el hecho de asumir que con esta medida podamos estar a la par de lo considerado culto en el exterior. Las manifestaciones culturales son el reflejo de la vida diaria, de la mayoría, lo que se vive y asimila. Insistir en que la “cultura” es algo de culto (valorado por un grupo reducido de personas) es obtuso, ya que eso produce una degeneración de la misma y la indiferencia del resto.

Escuchamos la protesta constante de los artistas y escritores en la que se reclama mayor espacio a su arte y se les debe de dar cabida, dejar que la misma sociedad los valore y califique, una entidad cultural que abrace a todas estas manifestaciones permitiría democratizar la cultura. Una que posibilite el diálogo artístico constante hará que ella misma encuentre su sitial dentro de las necesidades del ser humano.

La importancia de establecer canales de expresión democrática no sólo es necesaria en la política, la cultura lo exige desde que somos república, la tolerancia hacia las ideas no sólo deben concentrarse en lo ideológico, sino también en los artístico. Que nos den oportunidad de elegir, que la “cultura” no es solo un nombre ni una sola y no todo lo que provenga de ella es “altamente” recomendable, sino que sepamos a ciencia cierta que ella abarca una gran cantidad de contenido, de tal manera podamos escoger entre la que más nos agrade y con la que más nos entendamos, porque si decimos que “cultura” es la que nos obligan a consumir por el hecho de ser tal y porque de ella se habla bien en los medios de comunicación y lo que nos se informa en ello no lo es, no habría mucha diferencia con un gobierno fascista en el que existe un arte nacional y el otro, un arte degenerado.

viernes, 12 de junio de 2009

Lima: la ciudad de nadie *

Por Carlos Luján Andrade


Marshall Berman en su libro “Todo lo sólido se desvanece en el aire” en el capítulo dedicado a Nueva York y específicamente al barrio del Bronx, nos lanza una idea que de por sí lleva a la reflexión. Esta se refiere al significado de su ciudad -de la que tanto añora y reivindica- y a su despiadada destrucción, concluyendo que dichos cambios contienen un “imperativo moral” que le ordena a sus propios habitantes que la abandonen si desean buscar “algo mejor”. Esta idea que Berman descubre en el discurso de “otro hijo del Bronx” (un ciudadano como él), nos da la oportunidad de pensar en lo que nos tiene deparado el futuro para la ciudad y sociedad limeña.

Desde hace mucho hablamos sobre el origen del estado caótico y decadente de la ciudad de Lima (aún cuando veamos muchos edificios construyéndose de los cuales aún no encontramos algún patrón urbanístico que les de alguna identidad a estas edificaciones) y en líneas generales del Perú. Todas las ideas lanzadas hacia la reflexión sobre nuestro entorno siempre han contenido adjetivos negativos cargados de frustración, proporcionado a la idea colectiva de país y de ciudad un sentimiento de tristeza y subdesarrollo al que le hemos querido hallar responsables, encontrando a muchos de ellos en nuestro tiempo como si la culpabilidad del caos y el subdesarrollo fuese una función delegativa de generación en generación. El representar a Lima con un paisaje sombrío, refleja el parecer de una población que percibe a su ciudad como un proyecto inacabado en el que se intentó reflejar el avance de un pasado mundo moderno pero que “por alguna causa desconocida” todo ese empeño por concluirlo se desvaneció. Son notorios los momentos de la historia cultural del Perú donde se ha intentado apreciar a Lima como la otrora rica y burguesa ciudad donde los “más grandes valores” de su sociedad se manifestaban en la vida cotidiana de bienestar y lujo de sus habitantes. Lo que queda ahora de ese tiempo (sean edificaciones republicanas, monumentos representativos de la oligarquía limeña, historias de tapadas, sanguito[1] y revolución caliente[2]) revitaliza a aquellos que aún conservan los apellidos de las otrora influyentes familias; grupos sociales aferrados a un pasado que les otorga aún un sentimiento de pertenencia hacia un magnífico recuerdo de lo que fue su gran ciudad. Lejos de ese grato recuerdo se encuentra la actual ciudad de Lima en la que sus ocho millones de habitantes le dan no uno sino variopintos rostros diferentes por lo que es difícil reconocer esa identidad perdida pues cada sector de la ciudad le da una visión distinta de lo que ella debe ser.

Se afirma con certeza que la modernidad nunca estuvo de acuerdo con una ciudad colonial como Lima porque ella nunca quiso ser capital de un país y que cuando le delegaron responsabilidades de ciudad gerencial, ella huyó como aristócrata al que se le obliga a trabajar. Así, nuestra ciudad se dejó dominar por aquellos que detentaban el poder de administrarla. Jamás se vio en la antigua ciudad de Lima un intento de querer imponer su opinión (presencia cultural como ciudad), de ser el eje de un país, sólo calló y el tiempo se encargó de relevarla por influencias externas. Ya han pasado los tiempos en los que Luis Alberto Sánchez nos hablaba de “los dueños del Perú”. Ahora, eso es difícil de distinguir.

Se puede plantear la pregunta ¿quién quiere ser dueño del Perú? No imagino muchas manos alzadas para asumir tal responsabilidad. Es comprensible que los ciudadanos de hoy ya no sepan hacia dónde dirigir sus lealtades y expectativas, la historia nos dice que nunca fue compatible el querer con lo hecho. Al observar alrededor y mirar nuestra ciudad -que al pasar de los años sigue siendo considerado el Perú oficial- vemos olvido y sueños incumplidos, el todo sucumbió cuando los tiempos que le dieron esa unión cambiaron. Al andar por la ciudad de Lima vemos distintas formas de vivir, formas que se han ido consolidando desde que muchos inmigrantes vinieron a establecerse en la capital. Aparentemente, el limeño es aquel que vive en la capital del Perú y que la identidad que nos une al otro ciudadano es lo incumplido, lo no logrado. Aún observamos un Cerro San Cosme, un Cerro San Cristóbal: inacabados, poblados con el mismo orden después de cincuenta años y a los hijos de estos pobladores cubrir los cerros restantes. Muchos de ellos han expandido distritos y hecho crecer a la ya, Lima inefable. Si nos preguntamos ¿Dónde están los que fueron los dueños del Perú?, ellos se fueron para no regresar, y ¿hacia dónde? A las afueras, a otros países, dejando lo que fue la raíz de su identidad, viviendo de las “joyas de la abuela” por años para luego abandonarla en medio de un paisaje decadente. La Lima que ahora ya ninguno desea, es el reflejo de que nadie desea esa historia, una infame en la que las clases sociales eran sólidas como la piedra y que el pueblo miraba desde lejos ese mundo que nunca sería suyo. Así, esta ciudad llamada Lima es la hija de tiempos pasados que se mira con desdén por los que ahora la pueblan, ciudadanos que con mal gusto tugurizado adornan sus balcones que para ella fueron emblemas de elegancia y fastuosidad en su época de juventud. Pero Lima nunca fue señorial, era una ciudad desordenada, llena de excremento de caballo y barro, sin embargo siempre nos hicieron creer lo contrario y ahora se vive de ese falso pasado.

Hace un tiempo, un ex alcalde de Lima inició una campaña para recuperar el centro histórico de la ciudad mediante un slogan que decía: “Lima renace, su gente lo hace”. Lo que lleva la reflexión es preguntarse ¿quién es esa gente a la que se refiere?, porque la gente que hizo de Lima lo que fue, ya no está aquí, huyeron con todo su estilo de vida cargado sobre las espaldas o fueron arrasados por las revoluciones sociales setenteras. ¿Qué es lo que renace si Lima nunca ha muerto, ella desde hace más de quinientos años nos observa, envejecida y conforme? La urbe va haciéndose paso sobre Lima, lo característico ya deja de tener sentido para nosotros. La identidad de los ciudadanos que pertenecen a una ciudad cambiante no se reconoce en las casonas, plazas, jardines; tal vez se identifique con el deterioro de ellas ya que eso sí es compatible con la historia del Perú, es decir: la desestructuración latente. Debido a esta identificación con lo empobrecido y decadente de una ciudad desmembrada -carente de cualquier contenido valorativo- resulta difícil deducir si alguien la desea reclamar como suya. ¿Es posible encontrar en esta modernidad arquitectónica reciente, algún destello por hallar una identidad propia? En el origen de la historia de su fundación sólo queda conocer un referente en el tiempo y el espacio, pues los ideales con los que fue creada ya no le pertenecen a nadie.

Ahora cada ciudadano desea construir su propia ciudad ideal, sea fuera o dentro de Lima. La ambición de pertenecer a una gran urbe no se refleja en la construcción de una ciudad capital que represente una nueva identidad unitaria para todas las aspiraciones de sus ciudadanos. Todos los que llegaron luego -que tiempo atrás la Lima clasista los negó y excluyó- ahora manifiestan su interés por marcar su propia huella y voluntad en esta tierra que los acoge. No quedan barrios tradicionales prósperos, sólo edificaciones representativas de una época en la que todavía se podía mantener una separación entre la ciudad y la urbe. Pero ese pasado no lo reclama nadie. Sin compasión se destruyen edificaciones que significaron antes algo a una clase media desaparecida, y cuando las edificaciones modernas se posan sobre terrenos que antes pertenecieron a solares coloniales o a casas tradicionales limeñas, apenas se lanza un suspiro de resignación como si se supiera que algo que nadie reclama está destinado a su desaparición y olvido. Algunos de los aferrados a ese pasado estático saben que son los últimos que recordarán con nostalgia lo que alguna vez fue su ciudad, las generaciones actuales, que nunca conocieron el significado de los recuerdos, solo ofrecen un panorama desolador a aquellos que aún desean construir una historia basada en la melancolía. Lima dejó de ser una ciudad virreinal, nunca fue una ciudad industrial y ahora es una ciudad con un pie entre lo tradicional y lo moderno. Los sectores urbanos marcan esa diferencia. Su expansión jamás fue siguiendo los históricos patrones urbanos limeños porque la misma Lima nunca deseó que su apogeo y belleza se masifiquen, impidiendo así, el auge de su esplendor.

Por eso, la misma civilización le ha dado a Lima el castigo al egoísmo y altanería con que trató a sus nuevos habitantes. Es preciso determinar el verdadero sendero a seguir por esta Lima envejecida, resistente a vivir de su mítico pasado. Es momento de mirar a esa nueva gente en que nos tenemos que incluir: la inmigración que dejó hace muchos años de ser una mera curiosidad urbana y asumir que desde ahora serán la nueva cara de una ciudad que de a pocos, acepta sus nuevos rostros. Lima aún sigue siendo el Perú si la definimos como una ciudad en la que confluyen muchas etnias y culturas, ya que desde la creación de nuestro país, esta es el barómetro de nuestros cambios sociales y es por esa razón por la que debemos fomentar la coherencia social y urbana a esta urbe si deseamos escribir sobre Lima una nueva y más apropiada historia.

NOTAS:

[1] Dulce limeño.
[3] Procesión del Señor de los Milagros en Barranco, Lima. Octubre 2008. Foto de Martin León-Geyer.

* Texto revisado y corregido por Anahí Vasquez-de-Velasco y que también aparece en la página Arbolaridad: blog-revista-agenda para el arte y cultura

viernes, 5 de junio de 2009

El padecimiento como espectáculo


Por Carlos Luján Andrade

El problema de la vida y la salud siempre será asunto recurrente de los medios de comunicación, ya lo hemos vivido recientemente con la gripe AH1N1 y anteriormente con la gripe Aviar, la enfermedad de la “vaca loca”, el Anthrax, el Ébola e innumerables enfermedades que pusieron y ponen en riesgo nuestras vidas. Hemos sido testigos de las horrendas fotografías e imágenes de niños que mueren de hambre en Somalia, las secuelas de la desnutrición en toda el África, las consecuencias de la explosión en Chernóbil, etc. también pudimos sentir la solidaridad del mundo entero cuando ocurrió el terremoto en el Departamento de Ica. En gran parte, estuvimos enterados de tales hechos por los medios de comunicación que cubrieron estás noticas en el momento en que se iniciaron o se descubrieron.

Sin embargo, luego de pasada la conmoción, los mismos medios que tanta importancia le dieron a dichos hechos, los olvidan con suma facilidad para optar por indagar por otros acontecimientos que mantengan la atención del público. Leo hace unos días en un diario que debido a la cobertura dada a la gripe A1H1, se obvio, sobre todo en los medios televisivos, el reportar las incidencias de la ola de frío en Huánuco y Puno, donde niños murieron por encontrarse faltos de abrigo. Es sorprendente la indiferencia de los medios de comunicación ante tan grave problema, ya que aún el destino de las noticias que antes llenaron sus titulares, hoy, al ser algo que ya no impacta, dejan de darles importancia. Los medios nos dan un mensaje subliminal al tratar así los eventos graves y que comprometen la salud de los seres humanos ya que no les causa asombro que se sigan infectando y muriendo personas con la gripe de moda, tampoco que hayan niños falleciendo de Sida y de hambre en el África, porque esas son noticias “muy manoseadas”, o que las personas que perdieron todas sus posesiones en el terremoto de Ica, sigan durmiendo a la intemperie porque eso “ya no le importa” a los consumidores (estamos más enterados de los que sucede en Nueva York, Paris o Londres que los problemas sociales en la selva amazónica o las comunidades campesinas). El discurso dado con o sin intención es: “Ojalá sucedan catástrofes diariamente para que no se nos acaben los lectores y espectadores”, Enrique Martínez-Salanova e Ilda Peralta Pereyra* afirman en su artículo “Educación Familiar y Socialización con los medios de comunicación” que las leyes feroces del mercado y la tecnología han convertido cierto periodismo en algo inevitable, obviando lo grave para quedarnos con lo sensacionalista, esta situación general hace que el espectador consiga hacerse con las ideas superficiales del mundo que le rodea, sintiéndose impotente para conocer la realidad con rigurosidad y profundidad o el sentido verdadero de los pensamientos y opiniones.

Tal situación ocasiona desarraigo moral y cívico de la población hacia lo realmente trascendente para el mejoramiento de nuestra sociedad, en donde se tiene que iniciar campañas mediáticas para ayudar a quienes necesitan apoyo, veamos las teletones del mundo, recaudando grandes cantidades de dinero (haciéndolas pasar como solidaridad) para causas en las que todo individuo debería estar obligado a aportar. Esas leyes feroces del libre mercado que mencionan los autores citados son las que relativizan los hechos trascendentales, el mensaje es reafirmar el mensaje que cada uno puede hacer lo que desea con su tiempo, voluntad y dinero. Ese mismo público degenerado es el que asume como propio el medio de comunicación de su preferencia, exige sensacionalismo, escándalo, buscador de una justificación de la indignación de todas las mañanas.

Parece que existiera una complicidad entre varios medios de comunicación y los consumidores para preferir el escándalo sobre lo realmente grave. Esa predilección por lo sensacionalista, que ocasiona la pérdida de la capacidad para analizar los hechos y agudizar el criterio, contribuye a que se sigan ignorando el sufrimiento constante de muchas personas. En innumerables oportunidades los medios de comunicación han reclamado su respeto a la libertad de expresión, pero la pregunta que queda en el tintero es: ¿Para qué utilizan esa libertad de expresión?, los defensores de tal libertad nos responderían diciendo que es para poder expresar “la verdad”, pero detrás de tales paladines estará el empresario que complemente la palabra diciendo: “la verdad que más venda”.

No es entendible cómo asumen los medios ser paladines de la libertad de expresión, si ella, en su mayoría, contiene un discurso plagado de trivialidad e intrascendencia intelectual, los hechos que nos comunican en diversas oportunidades tiene un sesgo farandulero en donde se tratan temas importantes para el país como si fueran el argumento de alguna telenovela.

La predilección de los medios como de los espectadores peruanos por lo sensacionalista se explica por nuestra dependencia por lo foráneo, justamente la crítica más fundamentada hacía la preferencia por las noticias que causan conmoción en el extranjero (así estas sucedan en el Perú), Situación reflejo de nuestro complejo de inferioridad como sociedad, el ignorar las matanzas de los narcoterroristas hacia los miembros de la Policía Nacional o el Ejército, o la ola de frío en las zonas andinas, como no son noticia en el exterior, simplemente para los medios no vale la pena destacar (porque no hay un rebote mediático del extranjero que amplifique lo sensacional). Algunos me dirán que los medios hablan de estos hechos, pero la pregunta sería ¿cómo los tratan?, no hallamos un seguimiento serio de los hechos más allá de buscar alguna “coima” o “un acto de irresponsabilidad” que ocasione despidos o juicios. Enumeremos los programas de televisión actual que tratan los temas coyunturales con gravedad y el recuento es patético, existen casos aislados de periodistas, que desde sus cada vez más pequeñas columnas, nos advierten de los problemas serios de la sociedad, son solitarios radares de la problemática social, que las grandes antenas de comunicación ignoran.

Es necesario buscar y encontrar la forma en que la problemática social sea noticia y no sólo el impacto mediático, sino también su solución, intentar cambiar la realidad de los medios de comunicación es un esfuerzo innecesario, el sistema de mercado que impera y la fuerte resistencia hacia que sean regulados sus contenidos derivan la responsabilidad del cambio a los usuarios. Consumir las noticias como una manera de integrarse a la sociedad con responsabilidad será el primer paso para conseguir una reforma en la manera de asimilar las noticias que involucren la vida y salud de las personas.


Nota: Ya han muerto a la fecha 37 niños (5 de Junio de 2009) en las zonas alto andinas producto de la ola de frío que ocurren todos los años en el Perú, lamentables las recientes notas de los medios, donde luego de haber sucedido estas muertes, el gobierno, los canales de TV hacen cadenas de solidaridad. Parece que se necesitó la indignación de las personas para iniciar este triste espectáculo mediático nuevamente.



*Enrique Martínez- Salanova Sánchez, pedagogo, antropólogo y vicepresidente del grupo Comunicar.

Ilda Peralta Ferreyra, profesora de Educación de Adultos en Almería (España) y coordinadora del grupo Comunicar.

El texto mencionado se encuentra en el siguiente enlace: http://redalyc.uaemex.mx/redalyc/pdf/158/15801007.pdf

lunes, 1 de junio de 2009

Sin Televisión *

por Carlos Luján Andrade
RCTV era una porquería. Su programación era horrible, banal. Ni ellos (la oposición) la veían”. Eso dijo una profesora venezolana de inglés de 30 años justificando, a su manera, el cierre del canal venezolano Radio Caracas Televisión (RCTV) por parte del gobierno del presidente de ese país, Hugo Chávez. Tanto el presidente como sus detractores emiten argumentos encontrados sobre si es justificada o injustificada la censura de este medio de comunicación. Considero el debate eminentemente político que muchos lo involucran con las libertades del hombre tales como la libertad de expresión, la libertad de ser informado, la libertad de elección, etc., un atentado contra la democracia.

Yendo un poco más allá de la grave coyuntura y viendo la situación de la manera más sensata: ¿Qué tanto valor para la sociedad puede tener un medio de comunicación que es tildado por algunos como “una porquería” o “banal”? No creo que mucho, pero en pos de la libertad de expresión se les defiende cuando los quieren callar arbitrariamente por un gobierno abusivo, aún cuando en otros tiempos se les quería vetar por la improductiva y pervertida programación que emitían sin misericordia todos los días del año. Actualmente, toda emisora televisiva de señal abierta sufre un síndrome de estupidez mediática necesaria para existir como medio de lucro y que usa como disfraz la libertad de expresión y de opinión. Eso nos lleva a preguntarnos ¿vale la pena exponer a millones de personas a historias fantasiosas, a clichés sociales, a machismos descontrolados, a publicidad engañosa, a la basura argumentativa de los programas de opinión por dos o tres horas de algunos programas políticos que se encargan de denunciar –no está demás decir que de forma sensacionalista- las aventuras y desventuras de algunos personajes nefastos del gobierno de turno?

Ya podemos observar las consecuencias del atosigamiento de información con escasa rigurosidad intelectual o simplemente racional. Las sociedades están perdiendo capacidad de análisis, ahora se interesan por lo intrascendente, ejemplos tenemos muchos: veamos el fútbol, las telenovelas, las series cómicas, los noticieros sensacionalistas, la música pop, la admiración a individuos que fingen papeles ficticios de personajes que en la realidad desprecian.

Toda esa trivialidad la televisión defiende y protege en sus salas de edición o sets de grabación en aras de la “libertad de expresión”. Piensan en el entretenimiento, el lucro y no en la educación cívica y compromiso social cuando tienen la libertad y los recursos necesarios para hacerlo. Existen contados casos de esta labor comprometida con la sociedad pero de efímera duración por las “leyes implacables del mercado” al no ser “rentables”.

Y es así que esta libertad de expresión es usada para decir lo que les da la gana, para deformar conciencias, abusar de la ingenuidad de la audiencia, vender productos que no se necesitan, burlarse de la inteligencia humana, etc. En líneas generales, hacer la vida más miserable a los demás ya que por cinco años de engaños televisivos son 30 años de desconfianza del espectador por su prójimo.

Mientras exista una indiferencia por parte de los medios televisivos por el compromiso social, estos eventos desafortunados como el sucedido con RCTV seguirán sucediendo. Esa indiferencia será usada como justificación para pasar por encima del verdadero derecho a la libertad de expresión, que es el derecho a educar y formar a un pueblo en sus tradiciones y valores. Por mi parte, estoy de acuerdo con el cierre de toda televisión “banal” y que cuya programación sea una “porquería” como decía esa joven profesora venezolana. Sin embargo, no estoy de acuerdo que en su reemplazo coloquen una televisora estatal. Eso sí es injusto, pues prefiero levantarme y desayunar viendo la lluvia de distorsión del televisor, a los editoriales matutinos de algún gobierno trasnochado.

(*) texto publicado el 2007

miércoles, 27 de mayo de 2009

El Género y la Educación


Por Carlos Luján Andrade


El contenido de la curricula educativa impartida en las escuelas estatales es de vital importancia en los países que poseen una gran cantidad de población que depende de ella. La educación al ser pública, asume una responsabilidad valorativa con respecto a los usos y costumbres de la sociedad , es por eso que la forma cómo son expresadas estas ideas en los programas educativos tienen que ser revisados para evaluar qué tanto de prejuiciosa es con respecto a los temas de género (sin obviar al racial). Es bajo esta realidad ,que se tiene que analizar el problema de la desigualdad de género, porque en varios de los discursos de los maestros apreciamos la cultura de la dominación del varón hacia la mujer y que la escuela, al ser una fuente de valores que los individuos adquieren al inicio de su formación, ha tenido la responsabilidad de que esta realidad discriminatoria siga presente.

Muchas de las causas de este hecho han sido planteadas por teorías que identifican la diferencias de género en las políticas estatales educativas, así lo indica Nelly Stromquist*, que define al Estado como “...al principal factor explicativo o agencia mediadora entre los individuos y su nivel de escolaridad y tienen en común la premisa de que el Estado ... no es neutral y que opera principalmente para representar los intereses de aquellos que dirigen el poder económico en la sociedad”. Así se logra que sea una clase dominante la que instaura el orden social. Por otro lado, otras teorías citadas por Stromquist, afirman que el Estado es autónomo y que en él se produce una contradicción entre las relaciones desiguales como consecuencia “...de la producción capitalista y las bases democráticas del estado democrático liberal”, la autora explica que desde esta perspectiva el porqué los Estados similares en esencia, producen políticas de estado diferentes. Stromquist afirma que debido a esta autonomía estatal las clases menos poderosas se coalicionan y pueden ofrecer diferentes propuestas teóricas que nos indicaría cómo se llevan a cabo las políticas estatales sobre la educación.

Aún en sociedades democráticas persiste las diferencia de género y las políticas de Estado aún no tienen en claro lo que finalmente se debe de hacer por la educación de las mujeres, y al no existir un consenso, la autora Alisson Jaggar, citada por Nelly Stromquist, identifica algunas teorías alternativas sobre la subordinación y la opresión que las mujeres encuentran en la mayoría de sociedades. Primero tenemos al“feminismo liberal”; esta nos dice que “...el Estado responderá a las necesidades de las mujeres en la medida que ellas se identifiquen y se articulen más... y que cuando sea informado [ por los movimientos femeninos] de las desigualdades sociales y sea consciente [el Estado] de los modos de cambiar la experiencia escolar para beneficiar a las mujeres, el Estado tomará medidas significativas para poner las cosas en su lugar.” En segundo lugar, se encuentra la "teoría marxista feminista", exponiendo que el problema de la mujer en la sociedad es producto del capitalismo y la desigualdad de clases, ambos hechos ocasionan la opresión de la mujer, pero siempre y cuando “... el sistema social permanezca ligado a una forma capitalista de producción, [es así] que el Estado se conducirá con una “indiferencia benigna” respecto a las mujeres y por más que el Estado ejecute ciertas políticas contra las desigualdades sexuales, siempre lo hará dentro del modelo capitalista y cualquier medida que trastoque la estructura familiar (que es una fuerza laboral estable) no la llevará a cabo. Esta teoría propone que con un Estado que incorpore a la clase trabajadora a la sociedad, no explotarán a las mujeres así, estas podrán acceder a una mejor educación. Finalmente, "el feminismo socialista" nos plantea que existe una correspondencia entre el Estado y el poder masculino, siendo subordinada la mujer por el sistema capitalista y la ideología patriarcal, definiendo a aquellos que no son hombres como inferiores. De tal manera, el funcionamiento del Estado refleja las relaciones de poder en la sociedad. La autora, antes citada, asemeja esta teoría al marxismo feminista en donde la familia al ser la base fundamental de la opresión femenina, al Estado no le interesa alterarla ya que el acutal sistema refleja obediencia y disciplina para las futuras clases trabajadoras, pero se diferencia en que, si aún si estuviera bajo un modo socialista de producción y mantiene un estado patriarcal, el orden social de género no se logrará.

Por lo tanto, se presenta un panorama teórico en donde la mujer ocupa un lugar oprimido que limita su acceso a la educación y a la libertad de llevarlo como lo desee más conveniente paraa la búsqueda de la igualdad de género. Y esto es porque el Estado, bajo sus preceptos educativos, mantiene cierto orden jerárquico para obtener un control sobre los individuos, en que cada uno cumple su correspondiente función. El Estado legitima y vigila que este orden se cumpla con el control sobre los maestros y el tipo de conocimiento que se imparte.

Hans Weiller propone que el Estado controla los conocimientos que se dan dándole mayor status a algunos más que a otros, así el Estado otorga a las mujeres responsabilidades de menor jerarquía como las domésticas (el cuidado del hogar y los hijos) mediante la representación de mensajes (en libros de texto) que sitúan a la mujer cumpliendo labores de segundo orden.

Por otro, lado también en las escuelas no se discuten problemas controvertidos como la equidad de género, sucediendo lo que Nelly Stromquist llama “el apartamiento de la realidad” por lo que en el currículo escolar no es visto.Es por ese motivo que el examen crítico de los contenidos del currículum escolar, los textos básicos de educación y las prácticas del profesorado en la enseñanza es de mucha utilidad para detectar las formas en que la educación repercute en la subordinación y opresión hacia la mujer.

Si bien esta realidad en muchos aspectos ha sido superada en el Perú, aún encontramos una falta de conciencia al momento de aplicar reformas que le den a la mujer una real oportunidad de desarrollar sus capacidades. Para que el país asuma cierta conciencia de equidad en la educación sea en las clases sociales como en el caso del género, ha tenido que pasar diversas reformas educativas desde la primera Ley general de Educación en el año de 1850. En el siglo pasado se optó por considerar a la educación como un factor importante de desarrollo para los indígenas y la igualdad de ciudadanos, considerado como una forma capaz de integrar al país. En los años 50s y 60s la educación estaba centrada en las ciudades lo que hizo que existiera un gran problema de analfabetismo en las zonas rurales. Pero el gobierno de Fernando Belaúnde incentivó la carrera docente y dio la gratuidad de la enseñanza estatal, existiendo mucha oferta de profesores que hizo que se redujeran las horas de estudio y se crearan los turnos de mañana, tarde y noche, disminuyendo la calidad de la educación.

Durante el gobierno de General Velasco Alvarado, en los años 70s, se cambio el enfoque tradicional de ver a la educación como transmisora de conocimientos a otro que inculcaba valores sociales ya que se percataron de que estos cambian de acuerdo el tiempo. Así, la re-evaluación de las políticas educativas permitió que en el año de 1972 se realizara la reforma educativa que proponía dar una formación integral humanista, descentralizándola, sacando a la educación de las aulas para darle una importancia política y económica - social, y así lograr un cambio en la estructura económica social y cultural. Lamentablemente la falta de recursos hizo que estas innovaciones no se llevarán a cabo o se cumplieran en su totalidad. En los 80s se reestructuró el sistema educativo con la Ley general de Educación Nº 23384 de 1982, en la que se desactivo las innovaciones del setenta y se volvió al sistema antiguo de primaria, secundaria y superior no universitaria y universitaria, lo importante de esta reforma fue que permitió el ingreso de organizaciones no gubernamentales en la educación de valores, medio ambiente y revalorización de la mujer, haciendo caso a demandas de sectores menos favorecidos, en esta época fue que se planteó la educación como un proyecto global de desarrollo que se realizara a corto, mediano y largo plazo.

Por los años 90s se consideró a la educación como un factor fundamental para desarrollar las capacidades de creatividad, innovación, integración y solidaridad, todo esto para alcanzar altos grados de ciudadanía y competitividad. Desafortunadamente, debido al centralismo y la burocracia, se alentó a la expansión de la educación privada, convirtiéndose la educación en un negocio lucrativo.

La equidad de género, pese a estas reformas poco afortunadas, avanzó, lográndose que la brecha que existía entre el acceso de hombres y mujeres casi se haya cerrado en el caso de la primaria y con respecto a la educación secundaria ha disminuido notablemente. Con lo que respecta al interior del aula se ha visto reducida las ventajas tradicionales que existían entre estudiantes hombres y mujeres (como en lenguaje y matemáticas). Además se da importancia en la currícula, a que dentro de el salón de clases exista una igualdad de oportunidades enseñando en la primaria el tema de género como contenido transversal y que en la secundaria se trate los temas de género, estereotipos, discriminación y otros temas referentes como el papel de la mujer en la historia del Perú.

Estos temas a pesar que se han estado abordando en la curricula actual, se han quedado en deseos e intenciones. El diagnóstico de la Secretaría de Planificación Estratégica del Programa “Educación Para Todos”, nos precisa que el problema de la equidad de género persiste y que, por ejemplo; si bien casi no hay la brecha que existía en el acceso a la educación de las niñas de 3 a 6 años, aún hay una preferencia por darle educación a los varones entre 6 a 11 años. Además, que la equidad de género no sólo se circunscribe a lo que es el acceso, sino al trato que reciben las niñas cuando se incorporan a las aulas, ya que según este informe, a pesar de los cambios en los planes de educación, existe una mayor preferencia y liderazgo por los hombres en las escuelas públicas, la falta de educación sexual lleva a que sucedan embarazos precoces, y se les expongan a daños físicos y morales a las niñas en las escuelas de zonas marginales y rurales.

La falta de eficacia de los programas educativos que son conscientes de la necesidad de alentar la equidad de género, se produce por una falta de articulación de las políticas educativas afirma Stromquist, ya que no se han tomado en consideración las creencias, valores y la moral de los docentes respecto a los roles de género, ya que muchas veces su discurso es opuesto a la práctica, generando confusión y reforzando los estereotipos que desean ser eliminados.

Por tal motivo, una de las prioridades de los llamados Objetivos del Milenio para el 2015, en su punto tres nos dice que se promoverá la igualdad de género y la autonomía de la mujer. En la que se dará importancia la transversalización de la perspectiva de género ya que esta no está considerada dentro de las políticas públicas, para así como nos dice el informe de los Objetivos del milenio“...generar un proceso de aprendizaje social como una dimensión de la equidad social en el marco de los derechos fundamentales, con el objetivo de crear una conciencia social de la transversalización en principios y políticas públicas para lograr una sociedad más justa”.

Pero no debemos dejar que la educación sobre los temas de género sea sólo responsabilidad plena del Estado, debemos, en nuestros propios hogares, evaluar los estereotipos que aún se mantienen sobre la idea de la subordinación de la mujer y la idea de ser ciudadanas de segundo nivel y combatirlos. El objetivo familiar debe ser erradicar estos prejuicios sobre el sexo femenino que perjudican al desarrollo personal y profesional de las mujeres.






* Nelly Stromquist (Ph.D. Stanford University, USA) se desempeña desde hace varios años
como profesora titular en el programa de educación comparada en la Escuela de Educación
de la University of Southern California. Se especializa en asuntos que ligan el desarrollo
educativo y el género, los cuales ella examina desde la perspectiva de la sociología crítica

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