viernes, 29 de octubre de 2010

Sobre el insulto de Sofía Vergara a los Peruanos


Sofía Vergara hace un comentario despectivo sobre los peruanos y todos se le echan encima como si ella lo hubiera escrito sabiendo que la actriz no la tiene culpa que le hagan decir eso. Los que la tienen son quienes escribieron el guión, cuántas veces hemos visto películas norteamericanas en que se agrede ferozmente a los colombianos y a los mexicanos y no son sólo expresiones, sino son argumentos enteros. Otro detalle es que también se han burlado de los franceses en incontables ocasiones, de minorías y otras cosas por el estilo (South Park, por poner un ejemplo).

El humor norteamericano es transgresor desde hace muchísimo tiempo, ellos mismos no toman en serio el contenido de estas series, cosa diferente en nuestro caso. Más aún, hagamos un balance de cuántas de las series de este tipo de humor han calado en nuestra televisión. No se transmiten o duran muy poco porque ese tipo de humor no se comprende en nuestra sociedad. Pues nos reímos del otro pero no de nosotros mismos, no nos gusta reirnos de los propios defectos, veamos el porqué tienen tanto éxito aquí los programas donde la chacota, la chapa y las bromas de mal gusto siempre tienen la mayor cantidad de adeptos. Observemos el tamiz de varias de estas series, donde se mofan de la idea que ellos mismos tienen del otro, porque al burlarse de un canadiense no se burlan del canadiense en sí, sino de la idea que tienen ellos mismos por gente de este país, igualmente pasa con los negros o los homosexuales. Pero claro, como aquí nadie ve estas series cómicas, entonces creemos que todo es en serio.

Como peruano no me gusta que tengan una idea como esa de nosotros ni en broma, pero debemos aceptar que hay libertad de opinión, y si ellos piensa así de nosotros, entonces hagamos lo posible porque ese concepto cambie.

Finalmente, por una cuestión de principios exigiría que los medios de comunicación locales no se indignen porque nos vean como salvajes en el exterior, el día de hoy sale en todos los canales y diarios que degollaron a tres vigilantes, niños de 10 años asaltan una bodega con pistola, profesores violadores, que se caen autobuses y una serie de noticias sensacionalistas. Esas noticias rebotan en el exterior porque son las que tienen mayor cobertura y pensemos: Si alguien de afuera desea conocer algo acerca del Perú, ponen el nombre de nuestro país en Google y aparecerán todas estas noticias dramáticas. Entonces, quién tiene la culpa. Pongámonos en sus zapatos, si queremos hablar de Afganistán, qué diríamos, es más la mayoría de norteamericanos ni siquiera saben dónde queda el Perú, el nivel de educación es muy bajo, muchos ciudadanos no saben ni siquiera con cuáles estados limitan (no creamos que les importamos demasiado al mundo) así como muchos de nosotros no sabemos en qué continente queda Sri Lanka y no tenemos la idea más remota sobre ellos, sólo nos enteramos de su existencia cuando aparece algún escándalo mediático o un desastre natural, al igual de lo que sucede con nosotros. De ahí nace la idea que tienen estos guionistas sobre nuestro país, porque tampoco creamos que por ser guionistas son gente muy cultivada.

A pasar la página porque si bien quedamos dignos con un reclamo del gobierno, en el exterior sólo lo verán como una falta de sentido del humor.



Consideraciones en favor de la piratería

"... La piratería en un país como el Perú no debe tratarse únicamente como un delito, sino es un problema de índole social, ya que esta es a consecuencia de la búsqueda del bienestar personal que el Estado no le garantiza, pues a veces queda decir que tener productos originales en un país subdesarrollado con altos índices de pobreza, es una mera extravagancia."

La vulneración de los derechos de propiedad intelectual ha traído un debate serio en el que lógicamente amparados en el orden actual podemos argumentar que la práctica de la piratería es ilegal e inmoral dependiendo de dónde es que sacamos la idea que nos ampare, sea de alguna ley o de lo que consideremos qué es la justicia. Defender su legalidad no es complicado, se cita una norma y ya podemos concluir que dicho acto es ilegal y esto basta y sobra para sostener cualquier otro argumento a su favor. Sin embargo, cuando se intenta lo contrario, la cuestión se complica debido a que tal vez se crea que se está buscando la razón a la sin razón.

Un detalle que sería bueno tomar en cuenta antes de explicar mi posición con respecto a la piratería, es que no debería verse como un argumento absoluto, que intenta convertir lo incorrecto en correcto, sino exponer puntos de vista que me motivan a tener una postura diferente al discurso oficial.

El derecho a disfrutar de un estipendio por un trabajo es un derecho fundamental que toda persona tiene y que debe respetarse, más aún si el trabajo que se realiza es por una única vez, producto de esfuerzo, dinero, muchas horas de dedicación y sobre todo ingenio. Para especificar más aún el asunto de esta reflexión, me estoy refiriendo a las obras artísticas, mediáticas o literarias. Como sabemos, en los países del primer mundo los derechos que poseen los creadores (y en algunos casos las empresas que tienen derechos sobre las obras) son defendidos radicalmente por sus legislaciones, imponiendo penas muy severas a quienes los violen. Más no es así en los países en vías de desarrollo, donde la mala copia y las versiones digitales piratas de todos estos trabajos es moneda corriente.

Esta situación ha generado que los gobiernos extranjeros nos exijan mayor control para erradicar esta mala praxis que atenta contra el mercado editorial, discográfico y del software (como resalto líneas arriba, no incluyo aquellos productos que adoptando el nombre de una marca venden la suya exponiendo en muchos casos la vida de quienes llevados por la confusión y los barato de los precios, los adquieren). Y que si bien estas exigencias son aceptadas por nuestros países, no se reflejan en su cumplimiento y aquí podemos observar un hecho que debemos considerar. La norma tal como es recomendada, proviene de países que tienen un sistema económico distinto (incluyendo las normas que aseguran el funcionamiento del mercado) por ejemplo, al peruano, que es el tema que tratamos ahora. No deseo hacer un análisis técnico sobre los términos usados en cada legislación, sino que hago hincapié en el hecho de que la normatividad está relacionada intrínsecamente con la sociedad.

Para conocer nuestra idiosincrasia, la Sociología estudia los contenidos de nuestras preferencias y valores, así como lo que se encuentra muy arraigado en nuestra manera de ponderas ciertas afirmaciones o negaciones. Y el Derecho nos permite descubrir la estructura en que se sostiene el orden de la sociedad, resaltando aquello que no se ve con claridad, así podremos encontrar los valores y principios que la Sociología también estudia.

Pues bien, las exigencias normativas deben verse como una consolidación de la cultura que representa, de no ser así la misma sociedad entenderá que aquello que se presenta como principios jurídicos aceptados por consenso, no es más que un intento de hegemonizar unos intereses sobre los de otros. La rebeldía por cumplir lo que el Estado dictamina, es por aquello que no lo siente propio y conveniente.

Pare ser más gráfico se pueden usar los ejemplos de la piratería fonográfica, editorial, vídeos o del software. ¿Por qué es que tiene tanta acogida en una sociedad que aparentemente desea insertarse en el mundo económico del primer mundo? Si tomamos en cuenta el concepto que tenemos del poder coercitivo injusto del Estado, deduciremos que no es simplemente el hecho de adquirir algo a un precio inferior del que pide el mercado formal porque hay algo más que aprovechar la oportunidad como si estuviéramos en un remate ilegal, razón que los opositores de la piratería utilizan para tildar a este acto como “viveza” o simple robo. Podemos aclarar que si vemos el problema desde este simple punto, le daremos la razón porque estaremos adquiriendo algo sin pagar por el derecho a usarlo y eso es un delito.

Pero no debemos olvidar de que se dice robo porque hay una normatividad que lo nomina así. Ahora, evaluemos el origen de esta ley. ¿Quién la ordena? ¿Por qué no se cumple en este país?, ¿Por qué el Estado Peruano no es tan tajante con su cumplimiento? Porque el origen de esta no nace de su estructura social. El cumplir con el pago de todos los requisitos considerados en la retribución de los derechos de autor implica un costo excesivo para la economía del ciudadano peruano.

Nuestra sociedad funciona informalmente, grandes empresas nacieron usando software comprado en el mercado negro porque no tenían para pagar las costosas licencias cuando estas recién comenzaban , muchos eventos barriales usados para recaudar fondos no pagan ni un centavo a la APDAYC por usar composiciones musicales que gozan de derechos de autor porque de hacerlo, no obtendrían la ganancia que necesitan, miles de personas adquieren un libro pirata porque su presupuesto mensual no le alcanza para comprar una versión original (no hay políticas públicas para instalar o mejorar bibliotecas en los distritos y regiones de todo el país, un detalle a considerar es que en las recientes elecciones municipales ningún candidato ha considerado el tema de las bibliotecas en sus propuestas) Las leyes peruanas, las que son generadas usando cuestionados criterios económico-sociales locales, han determinado que el sueldo mínimo es de 570 soles, unos 200 dólares aprox. (y que se resisten a aumentarlo), con esa cantidad es casi imposible destinar parte del presupuesto en estos artículos que por ser la mayoría importados sus costos son muy elevados, sin olvidar que tampoco el Estado hace nada porque esta obligación laboral del sueldo mínimo se cumpla, la explotación laboral es común, por ejemplo, llegando a trabajar muchas personas en industrias fabriles, 12 horas, 6 días a la semana por 300 soles mensuales.

Y si bien el crecimiento en el consumo ha ido aumentando en los últimos años*, esto se ha debido a las facilidades crediticias imprudentes que las entidades financieras les han otorgado a las personas, siendo de tal magnitud que a comienzos de este año -el 2010- se han debido regular para evitar el sobreendeudamiento. Ergo, podemos considerar seriamente que la piratería es por la pobreza, no por un ánimo de querer robar a las personas su trabajo.

La idea equivocada de pretender cambiar la conciencia de la sociedad peruana con la amenaza de convertir esta práctica en delito es de por sí ingenuo. Se respeta dichos derechos en países desarrollados como la estadounidense (de donde provienen las mayores presiones por el respeto de los derechos de autor) porque estos son el reflejo, como Mario Vargas Llosa mencionaba en un artículo, “… de una sociedad donde… no es el Estado sino el ciudadano el responsable primero de su fracaso o de su éxito. Aquel no debe interferir en la vida de este sino garantizar igualdad de oportunidades, que se cumplan las leyes equitativas y justas que dan los representantes elegidos en comicios libérrimos”, es así que el concepto del pago por un trabajo realizado sobrepasa no solo los criterios legales sino que llega a los morales, el individuo puede realizarse plenamente sin necesidad directa del Estado que regula las normas adecuadas a las necesidades del ciudadano (ya que son conscientes de su función primordial en la economía de mercado) pues esta es una sociedad en la cual si uno desea algún conocimiento de su cultura, no tiene que recurrir al Estado ya que en gran medida, por ejemplo, “los magníficos museos, las óperas y conciertos, la danza, las grandes exposiciones y las bibliotecas públicas son financiados principalmente por la sociedad civil”, así nos lo dice Vargas Llosa.

Por eso debemos considerar que tales exigencias normativas y el discurso moral que nos exigen tales países desarrollados, no pueden sostenerse en una legislación e ideas preconcebidas sobre lo que es la piratería porque aquí la sociedad civil también lucha por que sus derechos a la educación, al acceso a la información y la tecnología; y al bienestar -derechos que todo ciudadano de una sociedad posmoderna necesita- sean cumplidos. De aplicarse radicalmente esas normas antipiratería, muchos no tendrían acceso a la información tan necesaria para insertarnos en el primer mundo, excluyéndolos de la oportunidad de desarrollarse como individuos plenos.

Y para finalizar, recuerdo el agradecimiento de un reconocido crítico de cine peruano, en el que mencionaba que le debía mucho de su conocimiento del cine a un pequeño local (ya desaparecido), que era el único lugar en todo Lima donde se podía encontrar cine clásico, independiente y europeo, haciendo la aclaración que todas aquellas cintas eran copias que el dueño grababa en diversos países a donde viajaba para abastecer su video tienda, llenando un vacío que en ese entonces era muy grande porque ese tipo de películas no llegaban al Perú por carecer de distribuidoras que no existen hasta la fecha. Así, encontramos locales que en su informalidad contribuyeron a difundir la música que los medios locales no emitían motivando a jóvenes a seguir la carrera musical o simplemente aumentando su conocimiento de nuevas tendencias musicales, copias de libros que llegaban a manos de personas que por sus escasos recursos nunca hubieran podido leerlas, software pirateado que llevó de la mano hacia la profesionalidad a muchos técnicos, ingenieros, médicos, etc (que en su época de estudiantes sus padres jamás hubieran podido financiarles software original) y que ahora pueden valerse por sí mismos y cuidar de sus familias, así podemos encontrar muchos ejemplos.

La piratería en un país como el Perú no debe tratarse únicamente como un delito, sino es un problema de índole social, ya que esta es a consecuencia de la búsqueda del bienestar personal que el Estado no le garantiza, pues a veces queda decir que tener productos originales en un país subdesarrollado con altos índices de pobreza, es una mera extravagancia.





*El PBI per cápita de Perú en los últimos 10 años ha crecido de US$2.000 a US$5000 lo que ha generado un aumento en la capacidad de consumo, pero como mencionamos este se ha ido en afrontar gastos que cubran necesidades por mucho tiempo descuidadas como la salud y la educación de calidad (colegios privados y universidades)

sábado, 23 de octubre de 2010

Entrevista a Osmar Gonzáles*


Por Gisela Luján / Carlos Luján


“EL INTELECTUAL DISIDENTE HA DESAPARECIDO EN EL PERÚ”


El sociólogo Osmar Gonzáles** se ha dedicado a analizar de manera sostenida el tema de los intelectuales en el Perú. Empezó a estudiar este tema hace 20 años, cuando en un curso con Gonzalo Portocarrero hizo un pequeño trabajo sobre Víctor Andrés Belaunde; la experiencia fue buena y le sirvió de invitación para analizar el trabajo de otros intelectuales del 900. “Los arielistas y el pensamiento político peruano” es el libro más importante de su obra. Gonzáles tiene una maestría en Ciencias Sociales en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) y un doctorado en Ciencia Social en El Colegio de México.


INTELECTUALES Y POLÍTICA EN EL PERÚ


Lanceros: ¿Qué diferencia al intelectual del académico y el político?


Osmar Gonzáles:

El intelectual puede ser académico y también político. En países donde su lugar de desarrollo está institucionalizado puede participar en la política pues, luego de cumplir dicha función, regresa a su mundo académico y sigue siendo reconocido como intelectual, Samuel Huntington es un ejemplo de ello. Él es un intelectual estadounidense de prestigio, que entra a la política, asesora al gobierno, termina y regresa (a su labor como intelectual); en nuestro país, sin embargo, esto no es tan fácil, el que se mete a la política y luego regresa a lo académico corre el riesgo de perder legitimidad social como intelectual, porque se sospecha que tiene intereses políticos.. Ahora bien, cuando hablo del intelectual, me refiero al que participa en el debate público, quien trata de formular visiones globales, tales como lo hicieron Mariátegui, Belaunde, Riva Agüero, García Calderón o Basadre. En cambio, el académico es quien está más abocado al mundo institucionalizado de las universidades. Gramsci decía que todos podemos ser intelectuales porque pensamos, sin embargo, no todos cumplimos la función social del intelectual, que es salir al debate y dirigirse al público.


L: ¿Por qué se produce esta dificultad de tránsito entre lo intelectual y lo político?

O.G.: Existe una doble valoración sobre el intelectual, una positiva y otra negativa. Cuando un intelectual entra a la política se cree que es una persona que sabe hacer bien las cosas, sin embargo, si al final los resultados siguen siendo magros entonces la gente dice que él o ella no sabían tanto. Otro aspecto es que al intelectual generalmente se le ve como una persona que no claudica a sus valores ni a sus principios, entonces se le ve como un guía moral, concepción que entra en conflicto cuando entra a la política, debido a que se le identificará con determinadas facciones y dejará de ser visto como un referente para todos. Pocos fueron los que se salvaron: Basadre, que fue Ministro de Educación dos veces, sigue siendo un intelectual reconocido. En cambio, Mariátegui es un gran pensador pero no para todos los peruanos, sólo para la izquierda; Haya de la Torre tampoco es un referente para todos los peruanos sino sólo para los apristas; Belaunde lo es para los socialcristianos o la derecha, Riva Agüero para los conservadores. Entonces, hay muy pocos intelectuales que podamos considerar universales o clásicos. Según mi opinión son sólo dos en el Perú, Ricardo Palma y Jorge Basadre, a ellos sí los leen todos. Estos son dos casos diferentes: Palma escribe como habla el pueblo, y sus tradiciones se han masificado de tal manera que muchos han escuchado sus historias sin saber que se trataba de Palma; en el caso de Basadre, muy pocas veces se le escuchó decir que era de una corriente política o ideológica determinada, por más que fuera ministro de educación dos veces y fuera cercano a Mariategui. A él se le ve como el historiador de la República, lo que le da un prestigio y una universalidad que no tienen otros.


L: Para tratar de comprender el porqué de la lejanía de los intelectuales con respecto a la sociedad, usted ha señalado en un artículo que esto se debería a la fragmentación cultural que data desde los años de la Conquista. Esta fragmentación hizo que los intelectuales no llegaran a ser vistos como referentes generales como sí sucedía en Europa. ¿Puede explicarnos brevemente cómo se produjo este distanciamiento?


O.G.: El Perú es un país que entra a la cultura escrita por medio de la Conquista. Antes lo que primaba era la palabra hablada, y eso marcó diferencias entre una minoría que podía acceder a los bienes culturales de la lectura y la escritura y una mayoría que ni siquiera hablaba castellano. Eso ya planteaba una división. Este distanciamiento significó que las instituciones no fueran universales sino que se adecuaran al sector letrado de la sociedad. En otros países, si bien también se presentaron estas diferencias, hubo políticas que buscaron democratizar y homogenizar, promoviendo el uso de un lenguaje común, lo que permitió que el intelectual tenga más posibilidades de dirigirse a un público nacional. En el Perú, sin embargo, el intelectual no pudo hacerlo porque la mayoría no formaba parte del mundo escrito. La misma exclusión la observamos en la asimilación del sistema democrático. ¿Quiénes acceden al bien político de la democracia? No sólo se trata de votar sino de ser ciudadanos. En el Perú vemos ciudadanos de primera, segunda o tercera clase, y donde el campo ciudadano se muestra tan fragmentado es iluso pensar que los bienes culturales puedan ser para todos. Entonces, esto tiene repercusiones en las instituciones, en el pensamiento, en la formación del público, y también en la propia función del intelectual, pues surge la pregunta ¿a quién se dirige este? A los que lo puedan leer o entender, los que sólo son unos cuantos. De los 23 millones que somos habrá que preguntarse quiénes realmente pueden leer de igual a igual a estos autores.


L: El sociólogo Sinesio López ha señalado que desde los años sesenta no hay intelectuales con visiones globales que piensen al Perú como totalidad. ¿Que no haya habido posibilidades para que los intelectuales se conviertan en referentes generales de la sociedad contribuyó a que estos fragmentaran su visión de nuestra realidad?


O.G. La gran parte de los referentes intelectuales y culturales del Perú aparecen desde fines del siglo XIX hasta 1930. Están Abraham Valdelomar, Víctor Andrés Belaunde, José Carlos Mariátegui, Francisco y Ventura García Calderón, José de la Riva Agüero, Raúl Porras Barrenechea, Jorge Basadre, Víctor Raúl Haya de la Torre, César Vallejo, en fin, la lista sigue… En ese entonces existieron muchos intelectuales con visiones globales. El problema era que no todos accedían a la escritura de tales formas de pensar. Por ejemplo, García Calderón escribió en 1907 El Perú Contemporáneo, pero en París y ¡en francés! ¿Y quién conocía aquí esa obra? Sólo unos cuantos. Pero la visión era integral, donde se habla de historia, de geografía, de política, de ideas, de todo para promocionar el Perú en Europa. Entonces, cuando analizamos la “globalidad” de los intelectuales debemos tomar en cuenta tres niveles: el carácter de la obra, a quién se dirige y quién está en capacidad de “recepcionarlo”. El problema es que desde los años 60, si bien el público se ha ido ampliando —por las migraciones, el mestizaje y la integración cultural—, al mismo tiempo se han ido debilitando sus referencias intelectuales. Hoy, los intelectuales estamos un poco atrás de la dinámica social, no hemos sabido interpretar ese “Perú bullente” del que hablaba Arguedas, quedando su descripción en manos de literatos como Bryce Echenique o Vargas Llosa.


L: ¿Podemos afirmar que la producción intelectual de aquella época (primeras tres décadas del siglo XX) contribuyó a fomentar el debate público?, tomando en cuenta que nuestra democracia estaba aún en formación.


O.G.: Si bien el sistema político era cerrado y había una ciudadanía todavía en ciernes, el debate político era mucho mayor que hoy. Los periódicos, por ejemplo, eran portadores de ideas. Uno revisa, por ejemplo, El Comercio o La Prensa de esos años, y puede ver notas firmadas por periodistas que tenían una formación cultural envidiable, cosa que no existe hoy, por lo menos no de manera mayoritaria. También había revistas formadoras de opinión como Variedades o Mundial. En fin, aun cuando era restringida nuestra sociedad, el debate y el público eran de una calidad y una amplitud mayor de lo que es ahora, a pesar que hoy hay más instituciones educativas y también más gente alfabetizada. Existe extensión pero no calidad.


L: En el Perú no existe una tradición intelectual pues no ha habido una continuación de lo que se comenzó a decir en los años 30. ¿A qué se debió esto? ¿Tal vez a los continuos golpes de Estado y la consecuente instalación de regímenes militares?


O.G.: Estoy de acuerdo con esa apreciación. Hasta los años 30, aún con Leguía, estábamos frente al Perú de Haya de la Torre y Mariátegui, el mundo del debate público era muy intenso en esos años, pero cuando llega Benavides, cierra la universidad (San Marcos), eso se repetiría luego durante el gobierno de Odría y, más adelante, en los años de Fujimori. Entonces, es cierto que la política obstruyó esta acumulación del saber y del debate, y también la formación de intelectuales.


L: Si, pero esta falta de continuidad de lo hecho por otros intelectuales pareciera ser reflejo de lo que ocurre en una sociedad que no evoluciona y no construye sobre lo avanzado, que parece estar en un eterno comenzar.


OG: En el caso de los intelectuales, si bien ellos son los que han formado las imágenes del país, estos se han mantenido sectarios en sus aseveraciones, como si fueran dogmas de fe, no permitiendo que se les cuestione ni promoviendo el intercambio de ideas o la construcción del consenso.


L: ¿La ausencia de discusión de ideas es la que produce tal egocentrismo?


OG: Los intelectuales en el Perú creen que su opinión no puede ser modificada por otros, creen que ésta es como una escultura terminada, sobre la que ya no se puede dar un golpe más sin antes dañarla. Por ejemplo, es difícil encontrar el comentario de un intelectual sobre el libro de otro intelectual, asimismo, si la crítica existe, deriva en el plano personal, no hay un debate de ideas.


INTELECTUALES Y VIDA DEMOCRÁTICA


L: De forma general, ¿cómo puede definir el papel de los intelectuales en la defensa y construcción de la democracia?


O.G.: El trabajo de los intelectuales es crear conciencia crítica y reflexiva. Entonces, la primera función del intelectual será crear la crítica en los ciudadanos. De otro lado, está el tema de la identidad; hoy está en boga el asunto del nacionalismo, yo no creo que los intelectuales deban estar al margen de estos sentimientos de identidad, es importante que ellos participen en la formación de estos sentimientos de identidad nacional.


L: En un contexto de incertidumbre política, ¿la decisión del intelectual suele ser el silencio?


O.G.: Sí. Los intelectuales que deberían orientar a la ciudadanía se callan, incluso porque tienen alguna filiación política. Como hipótesis considero que el intelectual sólo puede acercarse a la ciudadanía desde la política y no desde el campo intelectual. Creo que hay un cálculo que trasciende el entorno académico e intelectual, porque las palabras tienen consecuencias y más adelante te las pueden sacar en cara. Es un cálculo de no arriesgar, de no ser intelectuales en el sentido de Tocqueville, como críticos,.Ellos prefieren mantenerse en los parámetros del statu quo. El disidente, el intelectual por excelencia, ya no tiene lugar. Esta característica del intelectual ha desaparecido en el Perú por temor a que lo califiquen de no democrático o de no estar globalizado.


L: Tomando en cuenta que el espacio principal de los intelectuales es la política, ¿cómo los intelectuales pueden desempeñar un papel activo en el fortalecimiento de la democracia?


O.G.: En primer lugar, siendo conciente y convencidamente democráticos. El hecho de no propiciar el debate está hablando de un autoritarismo o un sectarismo que no contribuye a una cultura democrática. En segundo lugar, propiciando intercambio de conocimiento entre las universidades públicas y privadas; por ejemplo, ¿saben si alguna universidad privada como la de Lima o la Católica tiene alguna relación con alguna universidad pública como San Marcos? No la hay, porque, en el Perú lo que tenemos es un campo universitario fragmentado.


L: En efecto, es un problema de voluntades y de falta de cultura democrática pero también de ausencia de espacios que incentiven el desarrollo de este tipo de intelectuales.


OG: En el Perú no hay un campo intelectual constituido. No hay un campo social compartido de reconocimiento mutuo, donde hayan instituciones que formen y promuevan a los intelectuales, que los legitimen socialmente y que establezcan los lineamientos de la carrera del intelectual. En Francia, por ejemplo, el que ocupa el cargo de la Academia Francesa es el más grande exponente de los intelectuales y para llegar a eso tienes que pasar muchas etapas. Acá basta con ser amigo del que tiene el poder y te ponen arriba por más que estés muy abajo en la escala del conocimiento.


L: ¿Quién tiene la principal responsabilidad para constituir este campo intelectual?


OG: El Estado debería fomentar la constitución de un sistema nacional de investigadores pero, no creo que con un Estado pobre como el nuestro esto sea posible, sin embargo, podría elaborarse las bases de la carrera del intelectual y profesionalizarla. Otro elemento de apoyo serían las corporaciones, para financiar investigaciones de ciencia y tecnología, como en Estados Unidos. En México, el sistema nacional de investigadores es fundamental porque sólo ingresan a él los que tienen cierta base, asimismo, porque para ascender existen ciertos requisitos (publicar en el extranjero, sacar una cantidad determinada de libros, publicar en revistas internacionales de reconocida calidad, etc.); entonces, se va creando una carrera donde se reciben estipendios.


L: Pero los intelectuales no se crean sólo con la publicación de libros.


O.G.: No, más importante es el mensaje. Pero ¿quiénes crean el prestigio intelectual?, son los círculos, hay “tribus intelectuales” que no aceptan “tótems” de otras tribus, entonces solamente comentan a los que son de “su” tribu. Ése es otro asunto para reflexionar, ¿quién da prestigio al intelectual?, ¿quién lo legitima socialmente? Generalmente son los cercanos, o los reseñistas de los diarios. No lo son las universidades ni los propios intelectuales, ellos están en permanente competencia y sólo legitiman lo que está en su comunidad. Las universidades son fundamentales para formar intelectuales pero esta responsabilidad no la están cumpliendo. Las universidades deberían formar investigadores y, si no, por lo menos que formen profesionales reflexivos y críticos.


L: Y en lo que respecta a la relación de los intelectuales con la sociedad civil ¿qué dificultades enfrentan?


OG: En primer lugar, no existen medios difusores del debate de ideas. Los periódicos por ejemplo deberían ser el elemento difusor del intelectual más allá de lo académico. Pero, La mayoría de los periódicos no tienen suplementos culturales, y en los que lo tienen, por ejemplo El Dominical de El Comercio, escriben sólo unos pocos, los que los dueños quieren que escriban. En segundo lugar, está la falta de un público lector. Los peruanos si bien leen, no comprenden lo que leen. Entonces, ahí hay un problema, pues por más voluntad que tengan los intelectuales, no hay un público mayoritario que sea receptor de sus ideas..Los intelectuales podrán reconvertir el proceso democrático, agitar el debate de ideas, cuestionar las cosas, desligarse de los compromisos económicos o políticos para decir lo que sienten o piensan de verdad, pero si no hay un público dispuesto a leer lo que publican, es poco lo que pueden hacer. Debe haber un trabajo simultáneo, estimular a la ciudadanía a convertirse en lectores. Esa es la base para que los intelectuales tengan un pacto con la sociedad.

(

Libros de Osmar Gonzáles:

- Sanchos fracasados. Los arielistas y el pensamiento político peruano (1996)

- Señales sin respuesta. Los zorros y el pensamiento socialista en el Perú (1999)

- Pensar América Latina. Hacia una sociología de los intelectuales latinoamericanos, siglo XX (2002)

-Frágiles Suturas. Individuo y comunidad en la globalización, 2004 (con Sara Makowski y Mario Constantino Toto).

-Cartas de Guillermo E. Billinghurst a Ricardo Palma, 2005 (con Delfina González del Riego)

-El gobierno de Guillermo E. Billinghurst. Los orígenes del populismo en el Perú, 1912 - 1914 (2005)

- Antología sobre el pensamiento de Víctor Andrés Belaunde (Fondo Editorial del Congreso),

- Federico More, un maestro del periodismo peruano (Universidad Alas Peruanas)

-Itinerario Sentimental de José de la Riva Agüero (2006)

- La Academia y el ágora. En torno a intelectuales y política en el Perú, UNMSM y IPEDEHP (2010)


Para saber más:

- Arroyo, Carlos. Nuestros años diez, Libros en Red, Buenos Aires, 2005

- Velásquez Castro, Marcel. Las máscaras de la representación. El sujeto esclavista y las rutas del racismo en el Perú (1775-1895), Fondo Editorial del la UNMSM-BCR, Lima, 2005

- Hirschhorn, Gérald; Salazar Bondy, Sebastián. Pasión por la cultura, Fondo Editorial del la UNMSM-IFEA, Lima, 2005

- Sánchez, Juan Martín. La revolución peruana: teoría y práctica de un gobierno militar, 1969-1975, CSIC-Universidad de Sevilla y la Diputación de Sevilla, Sevilla, 2002

- Gootenberg, Paul. Imaginar el desarrollo: las ideas económicas en el Perú postcolonial, IEP, Lima, 1998

- Biografías elaboradas por Luis Alberto Sánchez, Carmen María Pinilla, Max Hernández, entre otros. También los trabajos de Jorge Cornejo Polar (Intelectuales, artistas y Estado en el Perú del siglo XX), Víctor Andrés Belaunde (Memorias), Luis Alberto Sánchez, Mario Vargas Llosa, Alfredo Bryce Echenique y Julio Ramón Ribeyro. Algunos capítulos de La vida y la historia, de Jorge Basadre y Hacia la tercera mitad de Hugo Neira.


*Entrevista publicada en la edición impresa de la revista Lanceros nro. 1 en el 2008

** Sociólogo de la Universidad Inca Garcilaso de la Vega, es maestro en Ciencia Sociales por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso) y doctor en Ciencia Social por El Colegio de México. Actualmente es director de la Casa Museo José Carlos Mariátegui, del Instituto Nacional de Cultura.

sábado, 9 de octubre de 2010

Lima, Post Nobel

Mario Vargas Llosa, cuando fue candidato presidencial en 1990 por el Frente Democrático (FREDEMO)

Luego de mi recorrido obligatorio por el centro de la ciudad de Lima, no dejo de pensar en que un escritor peruano haya recibido el Premio Nobel de Literatura tan solo hace unos días, un novelista criado en un país casi estancado en el medio del mapa de evolución que toda sociedad desarrollada se esmera en trazar –y si es que el nuestro lo decide continuar siempre lo hace a trancas y barrancas-. Porque es sintomático que este autor comience una de sus más representativas novelas justamente haciendo que su personaje principal critique a su país que lo ve degenerado reflexionando sobre cuándo todo se fue al traste.

Reflexionando en base a esa idea me pregunto ¿Qué puede representar el Premio Nobel de Literatura para un individuo como uno, que pasea por las viejas calles limeñas en la búsqueda del cumplimiento de las obligaciones diarias?, pues como una camioneta llena de víveres que llega a un pueblo hambriento, así ha sido recibido este reconocimiento internacional, puesto que de alguna manera la mayoría de personas se sienten parte de este inmenso laurel ante la falta de una corroboración latente de que sí vale la pena ser peruano después de todo. Nos hemos sentido incluidos recordando nuestras primeras lecturas en el colegio donde nos aprendíamos de memoria los títulos de sus obras o siendo los espectadores en la mejor fila, de las adaptaciones cinematográficas de ellas, porque nos es gratificante sentir la cercanía y la familiaridad de aquel que ha triunfado por nosotros.

Y ese es el aire enrarecido que deja este Premio Nobel, sobre todo para aquellos que amamos las letras, los libros, la lectura y el poder de las ideas. El reconocimiento hecho a un autor que escribió sus mejores obras sobre este país, nos involucra directamente con tamaña gloria (así nos haya criticado ferozmente en cada uno de sus relatos), revaloriza una sociedad y una cultura que por centurias ha sido relegada, donde potencias culturales nos ningunearon por tener una cosmogonía distinta a la de ellos.

Esta premiación no es un evento más así algunos deseen rebajarlo a un simple evento individual y antojadizo que ha estado lleno de vicios y conveniencias en el pasado; y puesto que sería sensato respetar dicha opinión porque el Nobel lo obtuvo Mario Vargas Llosa a título personal con puro trabajo e inspiración; sin embargo, para aquellos que sienten que este es un galardón que se comparte, tienen derecho a percibir la estela intensa que dejará en la psiquis del país.

El que los reflectores mundiales se concentren en iluminar la existencia de nuestra sociedad y de las que derivamos, al ser incluido uno de sus ciudadanos dentro de los máximos representantes del primer y más evolucionado mundo, hace que esta sea reivindicada. De tal manera que en este hecho reside un acto de justicia, no sólo para el escritor que desde hace 30 años debió de haber recibido este reconocimiento, sino para toda la mixtura de culturas que abarcó y abarca esta región, para los distintos tipos de pensamientos y formas de concebir la creación.

Nuestra región tuvo una variedad importante de culturas que representaban lo mejor de su civilización, a la vez engendró un imperio majestuoso que fue arrasado por la barbarie y la codicia del ser humano. Y a pesar de eso, la no existencia como país representativo a nivel intelectual y mundial era una afrenta que todos los habitantes de este país lo sentían como un atropello, haciéndonos sentir culpables de tan devastadora degradación cultural.

Luego de este laurel no será lo mismo andar por las calles y pisar un suelo que engendró un Premio Nobel Literatura, al menos así yo lo siento, creyendo también que para los dichosos esta será una gran oportunidad de comprender que después de tanta ofensa, la justicia llega de manos inesperadas. Bienaventurados quienes reciban esta certificación de existencia intelectual de su país como una tarima, como un impulso innato que nos permita olvidarnos de un Perú mal hecho y nos posibilite desterrar de nuestra idiosincrasia las ganas de volver a escribir otra novela en la que nos preguntemos cuando se echó a perder el Perú.


Anuncio de Mario Vargas Llosa como Premio Nobel de Literatura de 2010

martes, 21 de septiembre de 2010

El Ocaso de la Lectura *

Para leer sentimientos humanos en lenguaje humano hay que ser capaz de leer humanamente, con toda el alma”
Harold Blomm


“Debemos comprender y sentir lo bello en todas las cosas y cultivarlo como ideal en la vida”
Cicerón (106 A.C. al 43 A. C.)



Por Carlos Luján Andrade


Uno de los elementos más importantes de la comunicación, utilizado como medio para obtener los conocimientos generados por siglos, y que nos da la oportunidad de llegar a ser más que simples espectadores de la evolución del hombre, está siendo derivado al olvido, al desconocerse la verdadera naturaleza de su uso, corriendo el riesgo de ser llevado a la más ilustre ruindad.


Desde la educación elemental nos enseñan a valorar la lectura como el principal medio de aprehender nuestro entorno cultural, y, al mismo tiempo, a ver en ella el proceso por el que podemos alcanzar el conocimiento de nuestra civilización, y, en todo caso, como un camino que, con su práctica, nos llevará a la reflexión y nos permitiría desarrollar nuestras capacidades tanto individuales como sociales. De este modo, el ejercicio de la lectura (al menos en concepto) ha sido internalizado como la fórmula que nos liberará de la ignorancia con que venimos al mundo. La importancia que la humanidad ha dado a esta idea, nos ha llevado a creer que su práctica es algo implícito a nuestra condición de seres humanos, haciéndonos llevar la vida en función a esta aparente certeza. Al punto que en todo intento de culturizar a una sociedad se recurre al ejercicio de la lectura como la herramienta indispensable para lograrlo. Sin embargo, la responsabilidad de que una sociedad tome la senda de la verdadera civilización depende de la voluntad de cada individuo, sin olvidar que, en general, todos desean llegar a un nivel de raciocinio que pueda socorrerlos ante cualquier problema – material o filosófico – que se les presente en su vida diaria.

Pero al observar una sociedad en la que el ideal de la lectura es lo último que se persigue, se pone de manifiesto la contrariedad existente entre la imagen casi divina que durante centurias han forjado los hombres de esta herramienta –utilizada para indagar en sus almas sobre sus verdaderas posibilidades – y la pavorosa indiferencia que se tiene frente a ella. A pesar de ello, no podemos estar de acuerdo con quienes señalan el fracaso de la lectura como herramienta culturizadora. Porque esta actividad constituye un fenómeno que va más allá de la mera función social, pues implica, antes que nada, la necesidad de conocer su motivación personal. Explicarnos la naturaleza del acto de leer se nos presenta desde el momento en que se abre un libro y en el cual, letras agrupadas en diverso orden, nos permiten explorar acerca de nuestra propia condición.


La lectura como aparente herramienta culturizadora

La intención de toda sociedad moderna es forjar en cada uno de sus miembros una conciencia cultural que refleje sus elementos materiales y espirituales, logrando que se identifiquen con el lugar en que se desenvuelven. Ésta es la principal tarea culturizadora de una sociedad. Sin embargo, sólo mediante un desarrollo sostenido y sistemático que permita conocer sus diferentes manifestaciones –tales como la lengua, la ética, el arte, las ciencias – se podrá alcanzar el auge cultural. Si bien esta idea aparece como la más deseable, sólo se cumple a cabalidad en la educación elemental, pues sólo en la primera formación se parte del supuesto de la total ignorancia del individuo acerca de todo conocimiento elevado. La enseñanza está destinada a llenar dicha brecha, pero la responsabilidad de seguir el camino educativo (culturizador) se encuentra en nuestras manos. Consideramos que el primer y fundamental error sobre la labor de la lectura, radica en creer que ésta, por sí misma y en toda circunstancia puede culturizar a un hombre en el que no exista la necesidad de continuar su propio desarrollo, en otras palabras, que si una persona no tiene la intención de proseguir su formación, no puede ser obligada a buscar la condición de quien persigue la cultura, a ser un individuo culto.

Lo que puede ser explicado más claramente de la siguiente manera: las manifestaciones culturales del hombre –entre las que se encuentran las artes: la pintura, la música, la escultura y la escritura – aunque son generadas por sus propias manos, siempre son precedidas de un impulso primario sin el cual no sería posible realizarlas. A nadie se le ocurriría exigir a un ser humano sin dotes artísticas que, por ejemplo, elabore una escultura, ya que, de realizarla, la haría mal o simplemente nunca la terminaría, con la lectura sucede lo mismo. No se puede pretender que por el simple hecho de conocer las conjugaciones de los verbos o el uso de adverbios y sustantivos, cualquier individuo se encuentra en condiciones de leer correctamente, ya que al mero hecho mecánico le hace falta la parte más importante para su verdadera práctica, vale decir, la propia disposición individual. Por lo que, si la lectura ha fallado como herramienta culturizadora, no es por falencias propias, sino por las de aquellos que la practican.


El carácter esencial de la Lectura:

Para evitar que ello suceda, la realización de esta actividad requiere que una constante preparación continúe lo que un primer impulso llevó a iniciar individualmente. Ahora bien, en cuanto a la pregunta de ¿para qué se lee?, me cuidaré mucho de caer en el común error que pretende encontrar la finalidad de la lectura en su capacidad para estimular la imaginación o distraer la mente con un momento de fantasía; argumento con el que insistentemente creen dar respuesta a la mencionada interrogante cuantos han tratado este tema. Por mi parte, sostengo que es necesario replantear la pregunta y ampliar su contenido con la siguiente fórmula: ¿por qué y para qué se debe leer?

En primer lugar, no debemos dar a la lectura el carácter de entretenimiento, pues, de lo contrario, el primer texto dificultoso o ajeno a nuestros intereses que se nos presente lo rechazaremos, creyendo que esta práctica sólo debemos ejercerla cuando nos otorgue placer o, en el peor de los casos, cuando nos brinde una utilidad práctica con lo cual se desvaloriza su ejercicio y se pierde la razón de ser de esta actividad. El conocimiento debe ser nuestra única motivación para leer, cualquier otra invalidaría su ejercicio. Con esta afirmación no se pretende negar la libertad de las personas a elegir la forma en que realizan sus actividades. Sólo se quiere señalar que quienes realizan esta práctica tienen la responsabilidad de impedir que se haga un uso equivocado de una herramienta que fue diseñada para comunicar lo más excelso que se ha dado en la evolución humana. Por ello hacíamos hincapié en que sólo su constante práctica puede desarrollar en nosotros la suficiente capacidad de abstracción que nos permita acceder a los pensamientos más elevados de nuestra civilización. El que se haya hecho de ella una tarea complicada se debe a que la lectura, así como la escritura, es un artificio creado por nuestra necesidad de comunicarnos, que, al no formar parte de nuestros instintos, origina el natural rechazo de algo que no es visto como una extensión de nuestro ser, sino más bien como un obstáculo que podemos evitar. De ahí que sociedades en las que lectura y escritura son prácticamente nulas, pueden sobrevivir perfectamente, pues no forman parte de sus necesidades fisiológicas, lo que nos demuestra que, a través del tiempo, el hombre en general ha podido prescindir de ambas.

Se entiende de estas afirmaciones que la lectura, si bien en un primer momento se práctico por el carácter comunicativo e indagador del hombre, conforme el pensamiento fue evolucionando a través de las épocas, sus exigencias para ejercerla fueron cada vez mayores. Sobre todo a partir del Renacimiento y de la Ilustración, el conocimiento transmitido es esa época, mediante la escritura, ocupa la posición más importante en la historia de Occidente. De esta manera, las reflexiones teológicas, filosóficas, políticas, y artísticas de los grandes pensadores de la época, debido a la gran proliferación de textos escritos, se encontraron por primera vez al acceso de las masas, con lo que el conocimiento de tales pensamientos se halló sometido a la libre interpretación de cada lector. A esto se debe que los ideales y los mundos utópicos concebidos por pensadores de todas las épocas, jamás fueron concretados en la realidad. Se cree explicar este fracaso en el hecho de que la realidad es incompatible con semejantes pensamientos, sin tomar en cuenta la posibilidad de que tales propuestas reflexivas, al ser generadas por hombres de elevada intelectualidad, entrañen una visión de la realidad mucho más profunda que la de la mayoría de hombres, quienes difícilmente podrían comprenderlas a cabalidad. Tal confusión tiene su origen en que, siendo para pensadores y para quienes no lo son y se usa el sistema único para expresarse (el lenguaje) –ya sea al escribir o al hablar– todo hombre se cree en la posibilidad de manifestar su opinión con respecto a cualquier idea.

No se pretende en este texto excluir a quienes tienen el deseo de leer y que lo hacen con la mejor voluntad. Sólo se quiere dejar en claro que la lectura no es una práctica mecánica; antes bien, su aprendizaje debe seguir el siguiente orden: primero, aprender a pensar y hablar, luego, a leer y escribir. Importante principio que debe tenerse en cuenta antes iniciar una tarea que, si es ejercida con respeto, nos permitirá conocer lo más excelso del conocimiento humano, excluyendo, por supuesto, la literatura perjudicial e improductiva.


El devenir de la lectura:

Aunque pueda parecer algo absurdo es posible preguntarse si, de hecho, la actividad de la lectura tiene futuro. Considerando las actuales condiciones sociales puede asegurarse que esta práctica se realizará aún por mucho tiempo bajo las mismas características; por ejemplo, se preferirá la inmediatez a la profundidad en la comprensión de los textos, así como la brevedad y la banalización de los contenidos. Insistir en la idea de que la lectura tiene el futuro asegurado puede hacer que su práctica sea cada vez menos visible en las actividades del hombre. El caso extremo se presenta en el llamado hombre des-culturizado –condición ya socialmente reconocida – que, sin entender la real dimensión de esta actividad, se conforma con repetir que la lectura es imprescindible para el desarrollo individual y social del ser humano, transformando un real y válido mensaje en pura retórica con la única intención de ocultar su pobreza intelectual y una realidad que se muestra involutiva.

No puede esperarse que con sólo difundir y luego abandonar esta práctica en manos de la mayoría de seres humanos se ha asegurado su permanencia dentro de las necesidades humanas, porque, como anteriormente anotábamos, lo único que con ello puede asegurarse es que esta actividad se repliegue a los estratos culturales en los que se realiza. Así como se maneja un discurso sobre recursos naturales, medio ambiente o especies en extinción, si no es debidamente cuidada la práctica de la lectura podría extinguirse y desaparecer irremediablemente de las actividades del hombre, para, finalmente, perderse como un episodio más en la larga e infame historia de la civilización humana.

¿Qué nos lleva a dar crédito a tan rufianesca predicción? Solamente el observar que de la etapa de la letra impresa, iniciada en el siglo XV, pasamos a otra que se basa en medios visuales y orales, que exalta lo tecnológico en desmedro de lo tradicional. Nos referimos a que si aún estamos muy lejos de dominar la práctica de la lectura y de la escritura, ¿por qué intentamos sustituirlas con elementos que no contribuyen a alcanzar dicho dominio? Los seres humanos ya no se conmueven al leer un poema o una novela, ninguna idea les evoca la lectura de un buen ensayo, ya que prefieren las imágenes de los documentales cinematográficos o bien saciar su vana curiosidad con la realidad virtual, pues se dicen: “¿para qué abstraerme si puedo materializar lo que quiero?”, con lo cual la expresión de sus emociones queda limitada a lo existente. Asentando su conocimiento sólo en lo percibido por los sentidos, el hombre regresa a la primaria necesidad de sentir estímulos para poder vivir.

Con espeluznante indiferencia, el hombre está dejando a la lectura en un estado calamitoso, en ruinas una práctica destinada a imponerse como el bastión más fuerte de la cultura humana. Cuando se comprendió la real intensidad de su poder persuasivo se abusó despiadadamente de ella. La historia nos muestra etapas en las que se prohibió la lectura de libros considerados peligrosos o tendenciosos; y otras etapas, como la nuestra, en las que la abundancia de libros ociosos lleva al hombre a su inevitable perdición intelectual. En efecto, el hombre se ha dado a sí mismo tan bajo golpe, que será muy difícil su recuperación.

Lo complicado del asunto nos ha llevado a resaltar un punto de vista que generalmente omiten los escritos que tratan sobre el fenómeno de la lectura, que es el referido a la dimensión estrictamente personal de su ejercicio, importante consideración que es soslayada siempre que se parte de la premisa de que estamos entrando a una fase posterior a la del ejercicio de la lectura.


Consideraciones Finales:

Estando al lado de tantos libros nos preguntamos si la vida nos alcanzará para leerlos. La verdad es que no lo creemos. Pero el saber que existieron y existen hombres que expresaron y expresan sus ideas con mucha pasión, tristeza, indignación, alegría y fe, nos lleva a la conclusión de que debemos dar lo mismo al leerlas; este es nuestro deber como hombres civilizados.

No perdamos el tiempo leyendo cosas que no motiven nuestros corazones y que no nos impulsen a alcanzar nuestra verdad. No permitamos que nos engañen y nos hagan creer que el tiempo en que vivimos es producto de un elevado desarrollo espiritual del hombre. Antes bien, las presentes son páginas que debemos pasar de largo para poder llenar las siguientes con algo que sea verdaderamente digno de posteridad.



Cita complementaria:

“Si leemos, piensa otro por nosotros; sólo repetimos su proceso mental. Es como si el discípulo trazara con la pluma los rasgos escritos con lápiz por el maestro. La lectura nos quita en gran parte el trabajo de pensar. Así nos sentimos aligerados al pasar de nuestros propios pensamientos a la lectura. Pero durante la lectura es nuestra naturaleza realmente el campo de batalla de pensamientos extraños. Así sucede que pierde poco a poco la capacidad de pensar por sí mismo, aquél que lee mucho y casi todo el día, distrayéndose con pensamientos irreflexivos en los intervalos, igual que pierde la manera de andar quién siempre está montado a caballo. Es el caso de muchos sabios: se han leído antes. Porque la lectura continua reanudada en todo momento libre, atrofia intelectualmente, más aún que el continuo trabajo manual, porque éste permite al menos algunos pensamientos propios. Como un resorte pierde elasticidad por la presión de un cuerpo extraño, así el espíritu pierde la suya por constante presión de ideas extrañas, y como el exceso de alimentación corrompe el estómago, perjudicando al cuerpo, también llena y ahoga el espíritu el exceso de alimento intelectual. Cuanto más lee, menos huellas de lo leído quedan en el espíritu; es como una pizarra sobre la cual están escritas muchas cosas, las unas sobre las otras. Así no se llega a similar, y no se consigue el propio de lo leído. Si se lee siempre sin reflexionar sobre ello, no arraiga y se pierde. En general sucede con el alimento espiritual como con el corporal: apenas se asimila la cincuentava parte de lo que se come.

El resto desaparece por evaporación, respiración, etc. Los pensamientos puestos en el papel no son, en general, más que las huellas de un paseante de arena; se ve el camino que ha tomado; pero para ver lo que ha visto hay que emplear sus propios ojos”

Arthur Shopenhauer



*Texto originalmente publicado en la revista "El Círculo de Tiza" n° 2, 2003, Lima - Perú; también aparece en la sección La Columna de Loscuentos.net

Reflexiones en torno a la Cédula Viva de las FFAA y Policía Nacional del Perú

Por Carlos Luján Andrade

El debate generado por la propuesta del Ministerio de Economía y Finanzas, de aumentar el sueldo al personal de las FFAA y la Policía Nacional si es que se elimina la Cédula Viva -tal como se hizo hace algunos años cerrando el Decreto Ley 20530- ha puesto en cuestión la naturaleza del origen de la elaboración de leyes. Es por ese motivo que es preciso considerar que su redacción trae consigo una gran responsabilidad por los efectos que genera a la sociedad. Cuando se propone la aprobación de una ley en el Perú se tiene la equívoca costumbre de que la prensa sea quién lime las asperezas que vienen de origen, de tal forma que las críticas generadas por diversos sectores afectados y lo que no, sean quienes cuestionen los vacíos que debieron ser cubierto por los redactores de esta y es en ese proceso en que recién se consideran los factores sociales que toda norma conlleva.

Leo con preocupación que tanto la Ex Ministra de Economía Mercedes Aráoz, Cecilia Blume (C&B Consult) o el renombrado especialista en Derecho Laboral, Jorge Luis Toyama, utilizan criterios económicos para defender tal propuesta. Si bien su pragmatismo les hace analizar con claridad esta distorsión salarial en el que el personal en retiro gana igual que el que se encuentra en actividad, no deja de causar cierta comprensión de que dicha manera de apreciar un problema cause tanto rechazo en las personas afectadas. Por un lado está la naturaleza de los derechos adquiridos (un derecho adquirido no puede ser quitado bajo ninguna circunstancia), y por el otro, el de los hechos cumplidos (la ley puede modificar la situación existente de manera inmediata) y bajo esa premisa están uno y otro bando cuando se intenta debatir sobre el tema porque la condición el Gobierno la plantea de esta manera: “Yo no subo los sueldos si es que no elimino la cédula viva, ya que si mantenemos lo segundo, no se puede hacer lo primero y de hacerlo podemos quebrar”. Colocando al sector activo (que no puede manifestarse pero dejan en claro su sentir a los que están ad portas del retiro y más aun, los retirados que curiosamente no son los afectados, pero que la defienden porque se les deslegitima un derecho) en contra del la opinión pública, intentando el Gobierno dejar en manos de los mismos afectados, la decisión final (al menos su aprobación). Es una estrategia poco seria de un poder del Estado que debería de considerar todas las consecuencias de una normatividad de estas características y sobre todo de los factores involucrados.

Sería importante precisar que no podemos equipar la situación de un funcionario público civil con un miembro de las Fuerzas Armadas o Policía, por lo tanto la solución del cierre del Decreto Ley 20530 no puede emularse considerando estos antecedentes.

La diferencia no la hallamos en que sean individuos con privilegios por vestir un uniforme sino por la característica de su función. Un miembro de estas instituciones tiene un compromiso con ellas muy cerrado, sus actividades están limitadas a los requerimientos de estas: órdenes de inamovilidad, guardias, operaciones especiales, confidencialidad e incompatibilidad de trabajos con otras actividades (difícil encontrar un empleo que permita a un empleador que no puede disponer de su tiempo). Si mencionamos un ejemplo, se puede graficar la situación especial que ellos tienen: un policía está encargado de resguardar a un grupo determinado de civiles, al ser atacados por unos delincuentes, la única barrera que tienen los maleantes es este policía (debido a su entrenamiento, uso de un arma y profesión), es decir que si lo inhabilitan (asesinan o hieren) no habría ningún obstáculo para agredir a los civiles. Es decir que la vida de un efectivo policial es más importante para un malhechor que un grupo de civiles porque este representa la autoridad del Estado.

Este pequeño ejemplo muestra que un policía o miembro de la fuerza armada representa algo más que una persona civil, su profesión implica arriesgar la vida por otros, eso tiene repercusiones físicas y psicológicas. Ellos poseen una familia que también es directamente afectada por su labor (porque no saben si regresarán sanos o vivos o si son destacados a diferentes localidades).

Sus vidas son entregadas a la institución, no tienen otra opción que acogerse a ella, son preparados para cumplir una labor y no tienen la facultad de abandonar un trabajo si es que no les agrada como muchas otras profesiones. Su especialización está destinada a cumplir lo que le ordenan, no hay libertad laboral y hasta en muchos casos tampoco personal. Al retirarse de su servicio no le queda más que la experiencia de haber servido a su país, habiendo ocupado sus horas de descanso a su familia debido a la exigente labor que con el Estado se habían comprometido.

El personal encargado de resguardar y conservar la seguridad de nuestro país no son cifras con las que puedan jugar alucinados economistas, son vidas de personas que pueden verse afectadas si es que no se toma el tema con seriedad y respeto. Este asunto es un problema social del cual todavía no se manifiestan las consecuencias. Aumentar los sueldos al personal activo tampoco solucionará la carencia en la seguridad. La crisis de las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional se encuentra en la estructura misma de ellas, de las personas que las administran y rigen sus directivas. Un albañil no podrá construir un edificio en una semana así le den 10 mil soles por cada día de trabajo, las condiciones de los soldados que van a defender la fronteras y los policías que se enfrentan a los narcoterroristas padecen carencias graves que se manifiestan en los actos tan inconsecuentes que uno no comprende si es que por el Estado manifiesta en discursos altisonantes que se quieren hacer las cosas bien, vemos directivas tan absurdas como enviar al personal recién egresado de las escuelas a las zonas de alto riesgo, no teniendo municiones ni rancho adecuado, funcionando sus hospitales con equipos viejos y faltos de medicinas, adquiriendo vehículos de seguridad con extrañas licitaciones que burlan la legalidad, nombrando a personal inexperto para hacerse cargo de puestos claves en estas instituciones, etc.

Si no hay otra opción que eliminar la Cédula Viva para darles una mejor calidad de vida a los miembros activos, se tendrá que hacer pero a la par se debe de conocer con máximo detalle el tipo de vida que lleva un retirado de esta institución, no hay que descalificar y menospreciar su vida como lo hizo la Ex Ministra Aráoz afirmando que un jubilado no tiene obligaciones familiares y personales como uno de servicio.

La jubilación es la proyección de un miembro activo, nadie brinda lealtad a una institución que te tratará con desprecio cuando ya no le seas útil. Se debe estudiar con detenimiento la situación de un jubilado de las Fuerzas Armadas o la Policía para así enfrentar dicha situación de una manera más precisa. ¿Qué sucederá con un jubilado de estas instituciones si se enferma y los hospitales dedicados a brindarles cuidado a su salud se encuentran en paupérrimo estado? y si a esto lo aunamos a que no tiene dinero para atenderse en un clínica privada (debido a que ya no tienen el mismo sueldo de antes) ¿Estará condenado a morir o padecer de la enfermedad de la manera más terrible? El estrés que conlleva exponer su vida hasta los 65 años y el desgaste físico, los ha llevado a un deterioro de su calidad de vida sólo para servir al estado. ¿Qué ganaron ellos en todo ese tiempo? ¿Pudieron iniciar una empresa personal? ¿Con qué tiempo lo harían si la institución te pide exclusividad? ¿Cómo garantizar una mejor calidad de vida a su familia si está condenado a un sueldo fijo (cambiante con cada grado y mínimo cada cuatro años) en tiempos de libre mercado? ¿Cuál es la recompensa por exponer su vida? ¿Les han preguntado qué piensan ellos sobre la eliminación de la Cédula Viva? ¿Acaso el Estado aprovecha la desesperación de los miembros activos por tener más dinero para vender su vejez por unos pocos soles?

Si desean mejorar la situación de estas instituciones que se opte por cambiar las estructuras mismas de ellas, investigar si se maneja adecuadamente el presupuesto que ya poseen, retirar de los procedimientos internos habituales la mala praxis y los vicios que ya se han institucionalizado como las coimas en las licitaciones y la malversación de fondos que el Estado les asigna.

El Estado debe de tratar al Militar y al Policía con respeto porque de sus efectivos depende la seguridad del Estado y gracias a ellos nadie puede venir a nuestros hogares y quitarnos todo lo que tenemos pues son la garantía que las leyes se cumplirán. No podemos maltratar a quienes tienen como su máximo fin proteger nuestras vidas, ninguna otra profesión tiene esa noble labor.

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La idea de la muerte no está en ella misma. Luego de fallecer, en nosotros no queda más que la nada. Así, todo aquello que reflexionamos o i...